“South Park”: El cartoon destroyer

Trey Parker y Matt Stone son dos tipos necesarios y peligrosos: o sea, dos francotiradores sin escrúpulos que dominan a la perfección su terreno y no dejan títere con cabeza. Las cabezas pensantes de South Park son los dueños y señores de un fascinante universo de dibujitos animados que exprimen, retuercen, pervierten y corrompen a su entero antojo. Así, la ficción animada en formato televisivo les permite realizar una agudísima radiografía de Norteamérica que poco tiene de gratuita, pues bajo su apariencia de producto grueso y zafio tenemos una inteligente, ingeniosa y corrosiva mirada que aúna la crítica con la diversión pura y dura. 

¿Es South Park una serie provocadora, políticamente incorrecta, que busca constantemente las cosquillas de unos y otros a cañonazo limpio? Sí, sin duda. Y lo bueno del caso es que no se limita a provocar por el simple hecho de hacerlo, sino que, de algún modo, “justifica” sus furibundos ataques (sangrantes, escatológicos, etc…) al encontrarse insertados con mucha habilidad en unos guiones audaces y siempre sorprendentes. Por lo tanto, las muchas barbaridades y su negrísimo humor, tan cercano al mal gusto, fluyen con naturalidad dentro de la construcción de un gran guiñol del ser humano.  

Además, Parker y Stone se nutren de muchos referentes de la cultura pop y de la actualidad sociopolítica para parodiar el objetivo con saña y, por supuesto, toneladas de mala leche.

Aparte de torpedos tan descacharrantes como Britney’s New Look (devorand ídolos caídos) o Canada on Strike (¿Huelga de guionistas?), una de sus últimas joyas, incluida en la excelente 12ª temporada (ahora en emisión), es el capítulo Over Logging, donde la ausencia de internet, ya convertido en una droga de primera necesidad, hace cundir el pánico entre la población. Se puede ver on line en: http://www.southparkstudios.com/guide/index.php?season=12

¿Más? Ojo a los capítulos Fantastic Easter Special, Night of the Living Homeless (¡¡¡I don’t have any change!!!) o la trilogía Imaginationland de la 11ª temporada, que también puede verse en: http://www.southparkstudios.com/guide/index.php?season=11

¿Más? Todas las temporadas, gratis y on line: http://www.southparkstudios.com/

Experiencias subjetivas: “Cloverfield” y “[REC]“

La cámara en mano que manejan los personajes se convierte en el ojo del espectador. La ficción se filtra a través de un elemento que pertenece a la propia ficción, causando la sensación de cercanía, de proximidad, de subjetividad. En Cloverfield, un tipo algo patoso documenta el caos con la cámara de un amigo; en [REC], un operador de cámara de un programa de telerrealidad graba lo que ocurre en un desvencijado inmueble de la ciudad condal.  

Vista como atracción de feria totalmente autoconsciente, Cloverfield (200 8) entretiene y funciona por su intensidad, por su concisión, por su honestidad como monster-movie. No en vano, ni siquiera esconde su condición de artificio, de divertimento enloquecido que inteligentemente no se toma en serio a sí mismo (véase el improvisado cameraman, que parece haber sido extraído de una comedia adolescente, o las penurias, cuasicómicas, de los personajes). Esta experiencia subjetiva, que nos sitúa en el objetivo de una cámara que registra el suceso desde el mismo lugar de los hechos, proviene de un estimulante ejercicio de estilo que simula el realismo sin pretender ser realista. Sabemos que hemos subido a una montaña rusa, a una noria, a un tiovivo, a lo que sea… y la película no lo esconde.

Y tampoco oculta, bajo mi punto de vista, el carácter de macguffin de la historia de amor apocalíptica, que se revela como un simple desencadenante argumental para forzar la aventura a través de las calles de un Nueva York cada vez más destruido. Lo que importa, por lo tanto, no son las relaciones personales ni el (macabro) destino de los personajes, sino el espectáculo del correcalles, del caos, de esa(s) criatura(s) vista(s) y no vista(s) durante un metraje ajustado y casi siempre vibrante.

También están esparcidos, incluso, ciertos elementos críticos y reflexivos que subyacen: el paralelismo con el 11-S y la obsesión/tendencia actual de la generación youtube por grabar y no dejar de grabar aunque se esté en el centro del desastre. La imagen impactante manda y los ciudadanos actúan de manera temeraria, arriesgando su propia vida a cambio de guardar el momento exclusivo (por medio de móviles, principalmente), y, en el caso de sobrevivir, después difundirlo por la red de redes.

Corta, directa y efectiva.

Valoración (0 a 5): 4

Por otro lado, [REC] (2007) propone, también, la experiencia subjetiva desde el ejercicio de estilo, siendo una reportera y su cámara quienes, como componentes en primera línea de un programa de telerrealidad, siguen las evoluciones de un equipo de bomberos barcelonés cuando desde un edificio reciben un aviso de alarma. Lo que los personajes se encontrarán en el inmueble es, claro, otra excusa para provocar el horror: una infección, al parecer, se ha propagado y los inquilinos están siendo víctimas de algo que les convierte en terribles amenazas a los pocos segundos. Declarada la cuarentena, la reportera dicharachera, el operador de cámara, los bomberos y unos polis se ven obligados a permanecer atrapados en la casa del terror. 

No dejemos de filmar… hasta la muerte. La tele sale de las trincheras. Todo por la audiencia.

Es de justicia reconocer la buena labor de Jaume Balagueró y Paco Plaza a la hora de diseñar y ejecutar este juguete visual, pues será todo lo hábil que se quiera, pero, en mi opinión, resbalan con mayor o menor gravedad en varios aspectos: los actores, cuyas intervenciones a menudo parecen de pura impostura, los sobresaltos demasiado predecibles para el espectador algo curtido y las innecesarias y topiquísimas explicaciones finales, del todo prescindibles en un producto de estas características.

Quedémonos con el comienzo en la guarida de los bomberos, ciertamente logrado, y ese inquietante desenlace (interesante por visceral y por, ejem, dar su merecido a los reporteros de guerrilla) que culmina una pesadilla a la que se podría haber sacado más jugo.

Valoración (0 a 5): 3

Escabechinas recientes: “Borderland” y “Frontière(s)”

En el género de terror, adentrarse en territorios desconocidos y alejados de lo civilizado tiene sus graves consecuencias. Y lo que sucede es que las víctimas lo desconocen… para fortuna de unos verdugos que, contando a su favor con su hábitat natural, la demencia y el factor sorpresa, cazan a las presas con relativa facilidad y métodos expeditivos. Suerte que siempre queda alguien que, a pesar de los pesares, se repone ante la adversidad y resurge para, de esta manera, incordiar (y de qué manera) a los malos-malosos de la función.

Hay límites, fronteras, que es mejor no cruzar.

A esta introducción responden dos películas recientes a las que vale la pena echar un buen ojo y que paso a comentar a continuación.  

Borderland (2007) / Director: Zev Berman / Guión: Eric Poppen y Zev Berman / Intérpretes: Brian Presley, Martha Higareda, Jake Muxworthy, Rider Strong, Damián Alcázar, Sean Astin.

El ritual del sacrificio humano como objeto de culto para una jauría enferma es, en este caso, la amenaza de turno para nuestros inadvertidos personajes. Ambientada en territorio fronterizo con acierto, pues hace sentir el sofoco de la atmósfera y la indefensión ante la jungla humana, recuerda a lo que ya propuso Hostel en tanto que unos jóvenes americanos con ganas de pasarlo bien viajan hacia un lugar hostil (el México impune de la frontera), encontrándose, de bruces, con el horror local. A diferencia, eso sí, de la nadería pueril pergeñada por Eli Roth, en Borderland no hay sentido del humor grueso ni una caricaturización vulgar, sino un devenir más cruel de lo esperado hacia el infierno. Cruda, áspera y violenta, la película incomoda y ofrece buenas dosis de acción y sangre.

A pesar de algunos clichés que evidencian lo nada original del asunto, lo poco que transmite el pétreo protagonista y que resulta un tanto previsible en su desarrollo, Borderland es sórdida, avanza con brío y cumple su cometido como producto que enerva eficazmente al espectador. Por todo ello, el aficionado al género debería, al menos, tenerla en cuenta aunque no sea, ni mucho menos, una cita imprescindible.

Y el final, tan seco y primario (la pura rabia del superviviente), es estimable.

Valoración (0 a 5): 3

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Frontière(s) (2007) / Director: Xavier Gens / Guión: Xavier Gens / Intérpretes: Karina Testa, Aurélien Wiik, Patrick Ligardes, David Saracino, Maud Forget, Samuel Le Bihan, Chems Dahmani, Amélie Daure.

Aunque suponga la enésima revisitación del repetidísimo concepto de La matanza de Texas y beba de los referentes esquemáticos del survival horror sin ofrecer mayor novedad a la causa, es necesario apuntar que la película de Xavier Gens es suficientemente enérgica como para atenazarte y no soltarte durante este descenso al sufrimiento humano donde se mezcla, con explosividad, lo grotesco con lo atroz.

La cinta sigue una evolución, tocando varios palos: crítica sociopolítica (las violentísimas revueltas en los suburbios parisinos, la incertidumbre de las elecciones democráticas), desarrollo de una situación desesperante en algún lugar perdido de la Francia profunda que se ve venir, sadismo retorcido para dar y tomar y, por último, acción gore según la fórmula ya conocida de… víctima(no-tan-desvalida)-contra-villanos(pasados-de-vuelta).

La última parte de la película (la que destaca con mayor fuerza, sin duda) incluso me ha sabido a western inconfeso, en concreto por su uno contra todos a modo de duelo. De hecho, me ha recordado a lo que hizo Alexandre Aja en la espectacular recta final de Las colinas tienen ojos, armas de fuego incluidas. Acción pura y dura en un enfrentamiento a muerte como representación de la catarsis violenta del superviviente que, asediado por sus enemigos, se defiende como nunca haciendo aflorar el instinto primario. Y esto es así hasta el punto de que cierta escena del final, rebosante de balas y destrozos, remite a la lírica del acoso y derribo que sufre el antihéroe del western crepuscular (salvando todas las distancias).

Gens, por lo tanto, demuestra un buen pulso para rodar cuando decide implicar a los personajes en un brutal mano a mano físico (y muy sangriento, claro) que se ve beneficiado por la sucia atmósfera y su falta de escrúpulos a la hora de condenar a unos y a otros en una espiral de muertes estéticas y enfermizas.

Es verdad que la parábola sociopolítica (el peligro de los partidos de extrema derecha simbolizado en los neonazis) es tan forzada y obvia que sobra por completo. Pero, en todo caso, lo que a mí más me interesa es la potencia de una propuesta que, aunque acumula muchas referencias batidas en la coctelera, sabe encontrar su sitio como entretenidísimo y feroz ejercicio visual de choque y no exento de ironía.

¡Están locos estos galos!

Valoración (0 a 5): 3,5

“First Snow”

 

First Snow (2006) / Director: Mark Fergus / Guión: Mark Fergus y Hawk Ostby / Intérpretes: Guy Pearce, Piper Perabo, Rick González, William Fichtner, J.K. Simmons.

Sucede que algunos (pocos) actores ostentan la capacidad de, prácticamente, justificar el visionado de una película por su mera presencia. Uno de estos privilegiados es, desde mi punto de vista, Guy Pearce, sobre cuyas espaldas recae el peso del protagonismo absoluto mediante el papel de un personaje torturado y a la vez frágil que, cómo no, le viene como anillo al dedo. Y First Snow, sí, es otra película interesante que cabe añadir a la muy cuidada filmografía (L.A. Confidential, MementoRevenant, The Proposition) del intérprete australiano.

La película dirigida por el debutante Mark Fergus, uno de los guionistas de la excelente Hijos de los hombres, trata sobre el destino… y lo interesante del asunto es que lo hace desde una postura ambigua y permitiendo la interpretación de cada uno. ¿Está el destino ya marcado sin que podamos hacer nada por cambiarlo o cada uno de nosotros lo fabrica según la naturaleza de sus actos (u omisiones)? ¿La predicción de la que es objeto el personaje de Pearce provoca una autosugestión y una obsesión en él que precipita los acontecimientos o tal cosa ya estaba escrita en su destino como desencadenante? Ahí está la cuestión, y la cinta es suficientemente hábil como para no responder a la pregunta en su seguimiento a ese vendedor que, en el fondo angustiado por la culpa, trata de escapar de un supuesto final fatal con tintes de justicia divina.

Habida cuenta de su fría recepción crítica, hay que advertir que tal vez las excesivas (o equivocadas) expectativas hayan sido perjudiciales para este, por otro lado, dignísimo film de carácter minimalista, de pequeños detalles, de atmósfera sugerente, y ajeno a fuegos de artificio o grandes vuelcos narrativos.

Recomendable.

Valoración (0 a 5): 3

Funny Games: Remake-copia

 

Entrevista a Michael Haneke en EL PAÍS:

Pregunta. ¿Cómo definiría la experiencia de filmar su propia película por segunda vez?

Respuesta. La decisión tiene algo de masoquismo porque es mucho más difícil. Si la filmas por primera vez, siempre puedes decidir montar o cortar planos, pero si la estás repitiendo plano a plano no tienes esa opción. Si tomas una decisión tienes que ser fiel a ella.

P. Pero usted podría haberse alejado de la original. ¿Por qué no lo ha hecho?

R. No tenía nada más que añadir y sentía que si cambiaba algo iba a ser impropio. De alguna manera se convirtió en un juego contra mí mismo, descubrir si era capaz de hacer exactamente la misma película pero bajo circunstancias muy diferentes. Está dirigida a quienes no vieron la primera versión. Quería llegar a más público.

(…)

Funny Games, ya estrenada en USA, es el remake de la cinta de título homónimo dirigida por su mismo director, Michael Haneke. A la manera de Gus Van Sant en el correspondiente remake de Psicosis, el realizador austríaco, al parecer, ha rehecho la película plano a plano, como si de un calco se tratase.

Preguntado acerca del motivo por el que ha repetido la película que ya dirigió en 1997, Haneke dice que ha hecho lo mismo porque no tiene nada más que añadir y, además, pretende acercar al público la película. O sea, que usa la maquinaria americana (en términos de promoción, distribución y gancho comercial) para llegar a un mayor número de espectadores.

Y se queda tan ancho.

Y, es más, se le pretende justificar desde algunos ámbitos apelando al concepto de las inquietudes propias del auteur. Si Van Sant, otro de los venerados por cierta crítica, llevó a cabo, bajo una muy discutible coartada experimental, el remake-copia (ofrecer al público de ahora un clásico imperecedero vuelto a rodar), también Haneke sigue el camino de la repetición (si bien, al menos, lo hace respecto a su propia obra).

En todo caso, el calco tampoco es tal estrictamente hablando. En el apartado de los intérpretes, el cambio es total, y, por lo tanto, los personajes, aunque tratados de la misma forma en el guión, no son iguales, pues cada actor dotará a su papel de los matices propios. Y no me refiero únicamente a detalles como la modulación de la voz o algún gesto o mueca, sino a la mera presencia física. Es decir: Funny Games (1997) y Funny Games (200 8) no son (no pueden ser) exactamente la misma cosa.

Por otro lado, también es cierto que resultará interesante comprobar si el remake-copia consigue crear el profundo desasosiego de la original. La de 1997 es, sin duda, una película brillantísima, de las más incómodas y despiadadas que he visto jamás, y me produce cierta curiosidad saber si tales sensaciones aflorarán, otra vez, viendo la nueva (y con qué intensidad).

Ese par de colegas sin escrúpulos irrumpen en una familia para destruirla. Para ellos, todo es un sádico juego. La diversión es la única razón. Y tal argumento es, se mire por donde se mire, espeluznante. Entonces… hagámonos las siguientes preguntas: ¿Haneke está lanzando un misil al gran público, provocando que vea una película que, en realidad, opera como reflexión acerca de las consecuencias de una violencia cada vez más banalizada? ¿El espectador ha sido puesto, cara a cara, con la barbarie que él mismo consume a diario pero, en este caso, de forma cruda y sin filtros?

“La promesa”

 

La promesse (1996) / Dirección: Luc y Jean-Pierre Dardenne / Guión: Luc y Jean-Pierre Dardenne / Intérpretes: Jérémie Renier, Olivier Gurmet, Assita Ouedraogo.

Cámara en mano como reflejo valiente de la realidad más cruda, los hermanos Dardenne ofrecen un documento brutal de las condiciones de vida de los inmigrantes, abocados a una existencia marginal y a una subsistencia repleta de enormes dificultades en los suburbios.

Filmando con las tripas, mediante una puesta en escena visceral que nos acerca lo máximo posible al realismo y una cámara inquieta que registra lo que sucede con inmediatez, los autores logran algo tan meritorio como involucrarnos de lleno en esta crónica social y, por lo tanto, hacernos partícipes del drama para que vivamos en carne viva lo terrible de la situación de estos ilegales permanentemente explotados. Puñetazo directo al mentón.

También, La promesa es una historia acerca de la evolución de Igor (Jérémie Renier), ese chico de infancia perdida que, a raíz del trágico accidente de un inmigrante, se desmarca del sistema en el que él es otro engranaje, se rebela ante la autoridad paterna y se convierte en una especie de ángel de la guarda, de protector que ha tomado conciencia.

A pesar de la manera desalentadora y cruel en que se retrata este microcosmos miserable y que, en ocasiones, se antoja incluso próximo al género de terror (y me refiero fundamentalmente a cierta secuencia, absolutamente estremecedora, con muerte de por medio), hay aquí un rayo de esperanza, un pequeño voto de confianza por un ser humano que, con luces y sombras, no deja de ser la víctima de sí mismo, es decir, de la sociedad corrupta y desigual que ha creado.

Somos ángeles, somos diablos.  

Valoración (0 a 5): 4

· Para saber más: Mabuse.

“The Mist”

 

The Mist (2007) / Director: Frank Darabont / Guión: Frank Darabont, sobre la novela de Stephen King / Intérpretes: Thomas Jane, Marcia Gay Harden, Laurie Holden, Andre Braugher, Toby Jones, William Sadler, Frances Sternhagen. 

Frank Darabont, hagamos memoria, es un tipo que ejerció de guionista en Pesadilla en Elm Street 3, The Blob, La mosca 2, el Frankenstein de Kenneth Branagh y en series como Historias de la Cripta y Las aventuras del joven Indiana Jones. Y también, en efecto, es el director de dos notables adaptaciones de Stephen King, Cadena perpetua y La milla verde, producciones de peso a las que debe su prestigio y por las que es más conocido entre el gran público.

Por lo tanto, Darabont, cuyo brevísimo cameo en Vampiros de John Carpenter tampoco hay que olvidar como señal para que sepamos por dónde van los tiros, es un amante del género fantástico y, qué duda cabe, conoce bien el terreno que pisa. Y ahora, con la esperada The Mist, prosigue por el camino de las traslaciones de las obras de King a la gran pantalla desde la posición de director y guionista, obteniendo un resultado que, de nuevo, yo calificaría de destacado… y aplicado.

Tras sendos guiños muy claros al escritor de Maine (el pistolero y La Torre Oscura) y a su colega Carpenter (La Cosa) en su comienzo, The Mist nos dirige al grano planteando una situación de cierta inquietud: una tormenta que causa algún estrago y un gran banco de niebla que se acerca. Elementos que adelantan algo que está por venir.

A continuación y sin rodeos que valgan, nos encontramos encerrados en un supermercado. El realizador mueve la cámara con un estilo cercano a los personajes, que buscan provisiones, y nos deja atrapados con ellos en el interior del recinto. Fuera, la niebla, ya muy espesa, se ha propagado y enseguida sabremos que alguna amenaza contiene. Dentro, el nerviosismo, el desconcierto y el terror se multiplican lentamente.

Como ya vimos en Señales o La guerra de los mundos, supone un punto a favor la apuesta claustrofóbica que consiste en hacernos saber única y exclusivamente lo mismo que los personajes. Sin más. La angustia es mayor cuando uno no conoce, sino que se imagina, el estado de las cosas. La incertidumbre nos corroe. ¿Qué habrá ocurrido? ¿Cómo estará el mundo? ¿Habrá llegado, por fin, el Apocalipsis?  

Durante largo y tendido (tal vez de modo un tanto reiterativo) nos convertimos en testigos de excepción del proceso de desmoronamiento de ese grupo de ciudadanos que permanece en el supermercado. Aunque se incurre en algún que otro tópico en la definición y desarrollo de caracteres, existe un interés en dotar de relevancia a las relaciones humanas. La oveja negra del rebaño, la señora Carmody (Marcia Gay Harden), que se diría demasiado cargante en ocasiones, ejerce como profeta-agorera-fatalista-religiosa y su influencia es letal alentando y contagiando el virus del miedo desde la concepción de que el horror que ha sobrevenido no es sino el castigo divino por los pecados que ha cometido la humanidad. No se regatean minutos en prestar debida atención a esos seres que parecen estar condenados, aunque es posible que la intensidad aún fuese mayor en caso de haber recortado un tanto el metraje. 

La tensión crece, el clima se enrarece e incluso la violencia surge. El escenario es consumista y también hay presencia militar entre los encerrados. Ecos de George A. Romero y sus muertos vivientes. Y ataques de cosas que aparecen y desaparecen sin temor a lo explícito, al puntual ramalazo gore, ni a que los efectos resten credibilidad. Ecos de Temblores y del descaro propio de la serie B desacomplejada.

La crítica, claro, de tintes religiosos, gubernamentales, militares y sociales tampoco se escatima. Aunque tal lectura ya haya sido explotada tantas veces, The Mist no se libra de analizarnos a nosotros mismos y establecer una nueva prueba de que nos devoramos unos a otros, de que el auténtico enemigo está en nuestro interior, en la misma naturaleza de nuestra especie.

La estupenda recta final penetra en otra dimensión: la de la huida hacia ninguna parte y atravesando la nada. De un lirismo trágico, en verdad amargo y descorazonador, los últimos 15 minutos son casi fantasmales, de monstruosidad lovecraftiana, y simbolizan la peor de las pesadillas del supuesto héroe. Darabont arriesga en el envite y sale vivo. ¿Podría haber sido más sutil, más sugerente, más abstracto? Ya lo creo; pero el desenlace, de una ironía sangrante, funciona como amplificador impactante de la desgracia. 

Valoración (0 a 5): 3,5  

Se agradece, pero… NO soy David Cronenberg!

 

Gracias al aviso del colega Rob Gordon, me entero de que este humilde blog que estáis ahora leyendo, Videodrome, ha sido incluido entre los blogs de cine que figuran en el libro “La Gran Guía de los Blogs” (desde aquí se puede descargar en pdf), concretamente en la página 442 y compartiendo espacio con El Séptimo Cielo. Buena iniciativa la de recopilar lo más destacado de la blogosfera, sí señor.

Como es natural, esta inesperada noticia supone un orgullo para un servidor y, desde luego, agradezco mucho la mención que los autores han realizado de esta bitácora, pero… siento decirles que, por desgracia, el autor de este blog NO es el mismísimo David Cronenberg, tal y como se afirma erróneamente en la descripción (!!!). Y es que… ojalá fuese así, oigan. :D

Esto es lo que dicen en el libro:

DESCRIPCIÓN

En este blog, el autor y director David Cronenberg desarrolla un profundo análisis de la actualidad cinematográfica y televisiva. De una forma personal y directa aborda cada película y cada serie, sobre la que hace una crítica profunda y subjetiva.

LO MEJOR DEL BLOG

La amplitud de criterios con que opina el autor.   

RECOMENDACIÓN

Un blog muy recomendable si te interesa el cine y la televisión.

Dejando de lado tan curiosísima y desconcertante errata, siempre es bienvenido que se acuerden de uno. Y enhorabuena, claro, a los compañeros blogueros que también aparecen citados en el libro de marras.

¡Gracias y a seguir en la brecha! 

“Pozos de ambición”

 

There Will Be Blood (2007) 

La nueva película de Paul Thomas Anderson se centra en su personaje protagonista de manera total, siendo el hilo conductor para contar una historia de ambición sin límites. Daniel Plainview es un obseso, un sociópata, un tipo en desequilibrio cuyo objetivo es acumular más y más en su desalmada escalada de poder. Un personaje, en definitiva, bigger than life sobre el que pivota una película que aporta una mirada oscura hacia el elemento petrolífero y la influencia religiosa, lo que ejerce, a su vez, como vehículo para vertebrar una reflexión acerca del género humano y su papel en la construcción de la civilización.

El director, del que ya conocíamos su arrojo y virtuosismo formal por sus anteriores trabajos, brinda una nueva exhibición de sus cualidades como elegante creador de imágenes poderosas. Desde el interesantísimo arranque de la película, casi silente y decididamente siniestro, Anderson construye un esqueleto formal del todo atractivo que convence como soporte de esta historia épica y un tanto grandilocuente: sirva como ejemplo la magistral secuencia del estallido del oro negro.

No obstante, en mi opinión cabe apreciar un par de serios problemas:

- El protagonismo absoluto de Plainview genera que el personaje acapare mucha atención, tal vez demasiada, y por ello la película depende en gran medida de él. El repertorio gestual de su intérprete, Daniel Day-Lewis, se me antoja desmesurado a todas luces (hasta llegar a saturar) a pesar de que su papel requiera de ciertos excesos (que debieran haber sido más medidos).

- El final propio de un gran guiñol. Es desconcertante el esperpento que llevan a cabo los dos antagonistas. Si bien es cierto que Plainview se nos ha presentado como alguien fuera de lo común, su decadencia final me resulta de un histrionismo totalmente pasado de rosca, rayando peligrosamente el absurdo y que no concuerda con el tono relativamente sobrio de la película.

Advierto un distanciamiento, una frialdad buscada, entre los personajes y el espectador. Como si el director hubiese deseado seguir los pasos de Kubrick, existe aquí un tratamiento desolador de las relaciones entre el nada escrupuloso Plainview y los tres con los que más interacciona: su hijo, su hermano aparecido y ese predicador tan cargante como nocivo. Y no sólo ahí se observan referencias kubrickianas: el comienzo (por la composición del plano, por la música, por el origen) remite a 2001… y la parte final recuerda de algún modo al declive desmelenado del Frank Langella de Lolita (1997, Adrian Lyne), remake del film que dirigió el maestro con Peter Sellers en el papel del millonario excéntrico.      

Valoración (0 a 5): 3,5

“John Rambo”

 

Rambo (200 8) / Director: Sylvester Stallone / Guión: Art Monterastolli y Sylvester Stallone / Intérpretes: Sylvester Stallone, Julie Benz, Matthew Marsden, Graham McTavish. 

La idea de presentar a un Rambo agrio, envejecido, de vuelta de todo e hiperviolento en esta cuarta parte de la saga no era ni mucho menos desdeñable. Stallone rescatando un icono popular para forjar el ocaso del super-anti-héroe. El enfoque posiblemente desmitificador prometía lo suyo.

La realidad, por desgracia, es bien distinta en cuanto al resultado. Stallone, ya detrás de las cámaras, toma el mando para aportar su propia visión, recuperando, al igual que en el caso de Rocky, una saga y un personaje ya incrustados en la memoria colectiva. Y lo hace dirigiendo una película que prácticamente se podría considerar como una parodia (yo diría que inconsciente) de sí misma, pues desde la planísima historia (que actúa como mera excusa para detonar la acción) hasta la topiquísima definición de unos personajes/monigotes vulgares y de usar y tirar (sin excepción), John Rambo se debate entre coordenadas que, a día de hoy, casi se dirían ridículas. 

Esos villanos birmanos malos-malísimos diseñados a partir del arquetipo más simplón y rancio posible, el carácter totalmente unidimensional del resto de personajes (misioneros, mercenarios, víctimas), la absoluta endeblez de los diálogos o la plasmación gore del aplastamiento brutal que recae sobre todo hijo de vecino remiten a la acción más desvergonzada y moralmente discutible de los 80. De esta manera, la película es de un anacronismo desopilante que, por si fuera poco, incurre en un maniqueísmo al rojo vivo y hasta subrayado (la introducción documental).

John Rambo, es cierto, entretiene durante su ajustado metraje, despunta en su recta final mediante un festín sanguinolento que se recrea en la destrucción masiva y hasta causa cierta simpatía al ver de nuevo en acción a un héroe belicoso ya cansado y metido en el fregado a regañadientes.

No queda una mirada reflexiva que hurgue en el héroe. Tampoco una aventura de pura fisicidad y adrenalina al estilo de un McTiernan o del último Gibson. Lo que ofrece, en fin, es una muesca más en una saga que aún no cuenta con un colofón de verdad que entierre, de una vez por todas, al mito. 

El regusto, tras este sainete de explosiones, no es otro que el de una oportunidad perdida.

Valoración (0 a 5): 1,5 

“No es país para viejos”

 

No Country for Old Men (2007) / Director: Joel Coen / Guión: Ethan Coen y Joel Coen, sobre la novela homónima de Cormac McCarthy / Intérpretes: Josh Brolin, Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Kelly Mcdonald, Woody Harrelson, Garret Dillahunt. 

Según he podido leer, en algo coinciden prácticamente todas las opiniones: No es país para viejos supone la recuperación del mejor cine de los Coen tras las decepcionantes Crueldad intolerable y The Ladykillers, obras menores de su filmografía. Para ello, han recurrido a la contundente novela original de Cormac McCarthy, que han adaptado con una fidelidad asombrosa tanto en la reproducción de la sordidez de la historia y lo cortante de los diálogos como en la caracterización de los personajes y la creación de un clima desértico y, desde luego, áspero.

El mérito no es poco, pues los hermanitos recrean con sumo acierto el tono crepuscular y desencantado de un mundo donde la barbarie (representada en el omnipresente y devastador Chigurh) aguarda a la vuelta de la esquina y los sueños (la huida de Moss con el botín en busca de un futuro mejor) derivan en objetivo irrealizable. Es, entonces, el veterano sheriff Bell quien siempre tiene razón en su papel de voz acreditada: en estos tiempos, el mal campa a sus anchas y los hombres son unos miserables. La reflexión señala a la decadencia.

No es país para viejos es un thriller/western fronterizo atípico que descoloca, que rompe las reglas, dinamitando las expectativas: las historias se cruzan para desencadenar en la elipsis, en el anticlímax. Como si fuese consecuencia directa de los caprichosos designios del azaroso destino (esa moneda vida/muerte del supervillano), no hay motivo para seguir una estructura convencional y que el relato se desarrolle y termine de manera cerrada.

Mucho se ha hablado de la excelente interpretación de Javier Bardem a través de un papel tremendamente agradecido. El letal e imparable Anton Chigurh, esa especie de encarnación del demonio, está llamado a ser un auténtico icono. No obstante, el reparto, sin excepción, se emplea a una gran altura: Josh Brolin, Tommy Lee Jones o Woody Harrelson (en un personaje coeniano de pura cepa), en sus diversos registros, son parte del árido paisaje.

El espíritu que imprimió en sus letras Cormac McCarthy se respeta hasta las últimas consecuencias. Violencia, crueldad, codicia, nostalgia, drama, angustia… Todo se encuentra ahí, y tal aspecto no es sino admirable porque incluso en lo formal la película cumple notablemente con su cometido. Una puesta en escena tan precisa para las necesidades de la historia, el tratamiento tan seco de la escasa acción y la sensación de fatalidad que transmite ese escenario tan bien fotografiado por Roger Deakins (El hombre que nunca estuvo allí) contribuyen al resultado.

Sin embargo, si bien aportan elementos de su propia cosecha (el peinado risible de Chigurh, las poses del personaje de Harrelson, los brotes de humor… ), la labor de traslación de los Coen es tan caligráfica, tan exacta, que el espectador ya curtido en la novela y conocedor del material de base se sentirá sacudido en menor medida que aquel que acuda a verla sin tener presente la referencia.

Valoración (0 a 5): 4

“À l’intérieur”

 

À l’intérieur (2007) / Directores: Alexandre Bustillo y Julien Maury / Guión: Alexandre Bustillo / Intérpretes: Béatrice Dalle, Alysson Paradis, Nathalie Roussel, François-Régis Marchasson, Jean-Baptiste Tabourin. 

Supongo que Alexandre Bustillo y Julien Maury, los directores de esta gran broma hemoglobínica trazada con brocha gorda (¡gordísima!), son dos cachondos mentales de mucho cuidado, es decir, dos desvergonzados amantes del giallo más explícito que se habrán divertido lo indecible con su juguetito.

Sólo así cabe explicar que À l’intérieur, aplaudida en el festival de Sitges, sea un auténtico desbarre ultragore más cómico que terrorífico y tan esperpéntico que la etiqueta de “grand guignol” incluso le queda pequeña. Concebida como un ejercicio de estilo con un sentido autoparódico acusadísimo y del todo consciente, la película se encuentra rebosante de excesos y efectismos descarados que, sin ningún escrúpulo, muestran y explotan un sadismo gratuito que jamás puede ser tomado en serio. Sí, sólo así uno puede entender lo estrambótica que llega a resultar a partir de que el festín sanguinolento se lanza sin freno.

Aunque en el fondo también aluda a una reflexión (descafeinada) referente a los terrores de la maternidad y otra (sin demasiado sentido) acerca de la violencia en los suburbios franceses, lo que manda es un gore puro y duro que alcanza cotas delirantes en el bizarro enfrentamiento entre una mujer embarazada salida de un accidente automovilístico y una temible dama de negro, quien parece pretender arrancarle el bebé de sus entrañas a tijeretazo limpio. 

Más simple que el mecanismo de un botijo y realmente hueca, lo mejor de la película estriba en la siempre inquietante Béatrice Dalle, el clima onírico de pesadilla brumosa que envuelve el recinto cerrado en el que se desarrolla la carnicería y su autoasumida condición de divertimento en plan de grotesca gamberrada. Y el final ya es de traca (valenciana). 

La película, en cualquier caso, no aburre y se puede disfrutar si el espectador se dispone a entrar de lleno en la patochada con espíritu lúdico. Lo que ocurre es que, en mi opinión, la propuesta interesa fundamentalmente como mera curiosidad: por ver hasta dónde son sus responsables capaces de degenerar, por comprobar su grado de histeria. En otras palabras, pretendo decir que la situación de extrañeza, claustrofobia y suspense inicial, que prometía tensión a raudales, queda eclipsada por la saturación que produce la caricatura y la barrabasada en un devenir reducido a los golpes de efectos acumulados y, al fin y al cabo, algo anodinos.

Valoración (0 a 5): 2

“4 meses, 3 semanas y 2 días”

 

4 luni, 3 saptamani si 2 zile (2007) / Director: Cristian Mungiu / Guión: Cristian Mungiu / Intépretes: Anamaria Marinca, Laura Vasiliu, Vlad Ivanov, Alexandru Potocean, Ion Sapdaru. 

4 meses, 3 semanas y 2 días, galardonada con la Palma de oro en Cannes, es una de esas películas de las que no conviene conocer su argumento. Aunque hoy, en esta era de la sobreinformación, parezca casi una quimera mantenerse ajeno, me parece una condición necesaria para disfrutarla en plenitud y sentir en carnes propias la conmoción que aguarda al espectador en el camino. De hecho, nos sumerge poco a poco en el meollo de la cuestión hasta que, ya bastante avanzada, se desvela de qué demonios trata. Y la verdad es que sacude la forma directa, cruda y desgarradora de afrontar una problemática (que no desvelaré) tan peliaguda y de una trascendencia social tal que ha originado tremendos dramas.

Hablemos, por lo tanto, en términos más de forma que de fondo: Cristian Mungiu, el director, nos impulsa hacia un imparable crescendo dramático que potencia al desgranar, en un envidiable ejercicio de suspense, elementos inquietantes con naturalidad y fluidez, sin precipitación alguna, cobrando, así, la película mucha intensidad y un incremento de la angustia que asola la platea. Y todo ello, plasmado desde un tono gélido que estremece hasta el dolor, que recuerda a Michael Haneke y su cine sin concesiones (y el último plano, de clara alusión al propio espectador, como testigo que no ha de quedar exento, recuerda, no en vano, al autor austríaco).

En esta ocasión, menos mal, el recurso, muy presente, de los planos sostenidos no agota, no se antoja nada superfluo, no es un mero capricho “de autor”, sino que está repleto de significado y transmite a la perfección el estado de las cosas. Asimismo, también es especialmente brillante el uso del fuera de campo, aquí aterrador, y los instantes en los que la cámara sigue al personaje para que le acompañemos en su tortuoso devenir. 

También resulta muy sugerente la brillante labor de Mungiu en lo que respecta a la logradísima ambientación. Nos sitúa en un escenario, localizado en Rumanía, profundamente hostil por el lugar y el retrato de los que por allí pululan: la atmósfera es enrarecida en cada rincón, incluso en el desvencijado hotel, y casi todos los personajes secundarios son desagradables, oscuros o indiferentes. Es un mundo incómodo, gris a más no poder, y a uno le asalta el temor de que nada bueno puede suceder en ese caldo de cultivo.

Apuntad un nombre: Anamaria Marinca. Su interpretación es soberbia. Sobre sus hombros recae el papel que actúa como hilo conductor. Desde su prisma.

No es cine de terror (o de suspense) propiamente dicho, pero esta contundente y sensacional propuesta rumana tampoco anda muy lejos del género. Es cine social de muchos quilates que te mira de frente con estilo. Y lo que a un servidor más le ha interesado no ha sido el contenido de crítica y denuncia social y política, sino la puesta en escena, la estructura, el realismo palpable, la sugerencia, el calado turbador de una película que golpea y no se olvida…

Valoración (0 a 5): 4,5

El milagro de Manning

 

1 minuto y 15 segundos para el final de la SuperBowl. El tiempo se agota. Los New York Giants pierden 10 - 14 y atacan, quemando sus últimas naves, buscando una machada in extremis. Entonces, Eli Manning, el quaterback del equipo neoyorquino (y luego declarado como MVP del encuentro), se zafa del derribo milagrosamente y conecta un gran y larguísimo pase a su compañero David Tyree, que, en el aire y cayéndose de espaldas, consigue completar la recepción de una manera casi imposible de creer. Fue la jugada clave del partido (aquí está el vídeo) porque a continuación llegó el touchdown definitivo que permitió a los Giants remontar la final y derrotar a los todopoderosos New England Patriots por 17 - 14.

Contra todo pronóstico, los Giants se impusieron a un rival superior (invicto, de hecho, durante toda la temporada) gracias a su rocosa defensa, que maniató el talento ofensivo de unos Patriots encabezados por el mediático Tom Brady. Fue una SuperBowl marcada por el dominio de la defensa, muy táctica, poco espectacular… pero disputadísima, tremendamente emocionante y con un desenlace de infarto. 

La grandeza, amigos, de un deporte que no es tan coñazo como algunos lo pintan.

Vídeo resumen del partido.

Razones para ver la SuperBowl

 

Esta noche, a partir de las 00:00 horas, Canal + retransmite la gran final de la XLII Edición de la SuperBowl que enfrentará a New England Patriots y New York Giants en el Estadio Universitario de Phoenix (73.400 espectadores).

Razones para trasnochar:

- A partir de las 01:00 horas, Paco González y su equipo (con Ponseti, Xavier Saisó, Castaño y demás) comienzan un Carrusel especial de madrugada (“La noche más golfa”) en la cadena SER que aporta su mirada cachonda y gamberra a la SuperBowl. Ya es un clásico de la radio española. Las risas están aseguradas en la noche más desmelenada.

- Las dimensiones del espectáculo. Dice Santi Segurola en el MARCA: “Cerca de 100 millones de telespectadores verán el partido que define el momento cumbre del deporte norteamericano. Durante las 41 ediciones anteriores, la SuperBowl se ha creado una mística tan particular que nada puede resistirse su tirón deportivo, mediático y comercial. Todo resulta excesivo en la NHL, lo que en buena parte define el espíritu americano”.

- Los New England Patriots aspiran a ser el segundo equipo en la historia que se proclame campeón sin haber perdido ni un partido. El único que lo ha conseguido hasta el momento son los Dolphins de Miami en 1972.

- Los Patriots se caracterizan por su capacidad ofensiva, mientras que los Giants se hacen fuertes en su sólida defensa. Los primeros son los grandes favoritos y, enfrente, los neoyorquinos tratarán de resistir como puedan y hacer saltar la sorpresa.

- La brillantez de los Quaterback. Por un lado, el famoso Tom Brady, de los Patriots, uno de los mejores jugadores en su puesto, codeándose con leyendas como Joe Montana. Por otro, Eli Manning, de los Giants, cuyo hermano, Peyton Manning, curiosamente fue considerado como el MVP de la final de la pasada edición.

- Se estima que puede ser la SuperBowl más vista de la historia.

- Algunos datos: 93 millones de telespectadores en todo el mundo, un incremento del 30% en la venta de pizzas y del 60% en televisores, casi dos millones de euros por cada anuncio de 30 segundos, 14 toneladas de bocadillos consumidos, un incremento del riesgo de infarto del 250% …  

- En MARCA: “Este es un deporte sucio, destructivo, y por eso lo jugamos nosotros, no los que están en el baloncesto”, dice el defensa Strahan.

“Out of the Blue”

 

Out of the Blue (2006) / Director: Robert Sarkies / Guión: Robert Sarkies y Graeme Tetley, sobre el libro de Bill O’Brien / Intérpretes: Karl Urban, Matthew Sunderland, Lois Lawn, Simon Ferry, Tandi Wright, Paul Glover, William Kircher. 

Basada en un terrible suceso real acontecido en 1990, Out of the Blue recrea la masacre protagonizada por Andrew Gray, un fanático de las armas, en el tranquilo pueblo de Aramoana, en Nueva Zelanda.

El primer tercio sirve para introducir a los personajes del lugar por la vía de lo cotidiano y situarnos en el aspecto ambiental: el sosiego es total, y sólo el extraño comportamiento de nuestro verdugo, que produce inquietud desde el principio, altera la estabilidad de las cosas y nos prepara para encarar lo que llegará. Y lo que viene después no es sino la ejecución de la matanza desde una plasmación sobria, es decir, desde el prisma del verismo, sin efectismos que valgan ni tampoco cargando las tintas en pro del espectáculo.

La atmósfera creada en un bello enclave transformado en pesadilla, la sensación de autenticidad de lo expuesto y narrado (también se prescinde de la música y se saca partido del silencio y los sonidos) y la decisión del director de contar la tragedia de un modo austero y con la intención de evitar el innecesario regodeo en la violencia son virtudes que se agradecen, pues se aleja de lo habitual a la hora de abordar este tipo de actos sangrientos.

Tal vez se echa de menos una mayor garra en la realización que acreciente lo perturbador del hecho. Es posible que la sequedad expositiva conlleve demasiada frialdad en su tono y un cierto distanciamiento del espectador en relación a los personajes que se topan de bruces con el peligro. Pero, en cualquier caso, la película cumple con toda dignidad su objetivo e incluso acierta al perfilar al asesino sin profundizar en exceso en su enferma psique, puesto que únicamente se configura como un don nadie gris, difuso, perdido, cuya percepción se emborrona.

Un arrebato… y todo salta por los aires. Vidas aniquiladas, vidas destrozadas. Así de fácil, así de rápido.

Valoración (0 a 5): 3,5

“El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”

 

The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (2007) / Director: Andrew Dominik / Guión: Andrew Dominik / Intérpretes: Brad Pitt, Casey Affleck, Sam Rockwell, Sam Shepard, Mary-Louise Parker, Paul Schneider.

Jesse James: “Do you want to be like me? Or do you want to BE me?”

Una de las mejores bazas de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford se encuentra, precisamente, en los complejos y ambiguos matices del retrato y la relación de los dos personajes que figuran en su título. Jesse James, el famoso pistolero atracador de bancos y trenes, es mostrado como un mito épico ya en decadencia a ojos de su futuro verdugo y rendido admirador, Robert Ford. Observamos la crónica de una muerte anunciada desde la perspectiva de una mirada fúnebre, cruda y respetuosa hacia un protagonista que trasciende la historia a golpe de machadas y a pesar de sus pérdidas de cordura; que sobrevive en la memoria colectiva más allá de su vida con un aura que rebasa el bien y el mal.

Resulta interesante la evolución de un Robert Ford ninguneado, acomplejado, frágil, devoto de un ídolo que (se le) va cayendo y que toma la decisión de matar a ese alguien en quien, al parecer, quería convertirse o imitar. Eliminar a su gurú, al personaje de carne y hueso transformado en Leyenda a base de ficciones. Y el papel le viene como anillo al dedo a Casey Affleck, en cuyo interior es capaz de mezclar sentimientos y emociones difíciles de catalogar y, en cierto modo, desasosegantes.

Probablemente el tramo final de la cinta, que abarca las consecuencias una vez consumado el acto (consentido, ojo, por la víctima en una escena estremecedora), contenga los aspectos más memorables y turbadores. Tras el asesinato proclamado a los cuatro vientos, Jesse James, conservado como cadáver-trofeo de culto, asciende a la categoría de una celebridad aún mayor y Robert Ford es tachado como un cobarde digno del desprecio general: como un… villano miserable. La representación teatral, protagonizada por el propio Ford, que emula el fin de James, es una obra grotesca y puesta al nivel de un patético gran guiñol.

Las muchas excelencias del esteticista apartado visual, donde la fotografía de Roger Deakins es un primor, y el efecto hipnótico de las notas de Nick Cave y Warren Ellis sumergen la película en un tono lírico y fascinante, a lo que hay que sumar una cadencia pausada y contemplativa en su desarrollo, alejado de la acción y las prisas, para lograr un western atípico, diferente, que se detiene más de lo habitual en la atmósfera y en las miradas bajo el riesgo, claro, de impacientar. Es por ello que las maneras e inquietudes de su director, Andrew Dominik, hayan sido emparentadas, no sin razón, con el personal estilo de Terrence Malick.

Muy interesante. 

Valoración (0 a 5): 4  

Fallece Heath Ledger

Como a todos, la noticia me ha sacudido a lo bestia. Por inesperada, por triste, por comprobar de nuevo lo frágil que puede llegar a ser la vida… 

En la web de EL PAÍS:

Hallado muerto en su apartamento de Manhattan el actor australiano Heath Ledger

La policía de Manhattan investiga si Ledger, conocido por su papel en ‘Brokeback Mountain’, murió a causa de una sobredosis

El actor australiano Heath Ledger, de 28 años, ha sido hallado muerto en su apartamento de Manhattan, según ha informado esta noche (hora española) el departamento de policía de New York. “Fue encontrado inconsciente en su apartamento”, ha dicho un portavoz policial.

El cadáver fue descubierto por el portero de la finca donde tenía el actor su apartamento en el barrio de Soho, ha explicado el portavoz policial Paul Browne.

Sobredosis

“Estamos investigando la posibilidad de que haya sido una sobredosis”, ha dicho este agente al ser preguntado por las causas exactas de la muerte de Ledger. “Hemos encontrado pastillas junto a su cama”, ha explicado.

El guarda de la finca encontró inconsciente al intérprete australiano e intentó reanimarlo sin éxito, según la versión policial.

Ledger inició su carrera cinematográfica en 1999, pero no fue hasta el año 2005 cuando le llegó el reconocimiento internacional con su papel en Brokeback Mountain (En terreno vedado), de Ang Lee, donde interpreta a un vaquero de un rancho en Wyoming que mantiene una relación sentimental a lo largo de veinte años con otro a vaquero de rodeo, interpretado por Jake Gyllenhaal. Su interpretación en ese tórrido drama le valió la nominación a mejor actor en los Oscar de 2006, aunque la estatuilla finalmente reconoció el trabajo de Philip Seymour Hoffman por Truman Capote.

Así las cosas, será el papel del temible Joker en The Dark Knight, que tantísimas expectativas ha generado (y que a buen seguro se multiplicarán), su trabajo póstumo y, supongo, más célebre.

A sus 28 años (¡28!) y con una prometedora carrera por delante y algunas buenas interpretaciones a considerar a sus espaldas, Ledger nos ha abandonado. Se nos fue.

Allá donde esté, descanse en paz.

“Before the Devil Knows You’re Dead”

 

Before the Devil Knows You’re Dead (2007) / Director: Sidney Lumet / Guión: Kelly Masterson / Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Michael Shannon. 

A sus 83 años, ese viejo zorro llamado Sidney Lumet está hecho un chaval bien bragado. Sin ir más lejos, tras la interesante Declaradme culpable, donde urgaba en la faceta más desconocida del mismísimo Vin Diesel, así lo confirma con su última película, Before the Devil Knows You’re Dead, que atestigua, sobre un sensacional guión de Kelly Masterson, el tremendo vigor y la mala leche de un director que sigue al pie del cañón… y de qué manera. Su cine, creedme, es más joven, dinámico y atrevido que el de muchos otros a los que, al menos, dobla en edad.

Hablando claro y sin rodeos, cabe decir que esta tragicomedia criminal protagonizada por personajes miserables y perdedores supone una de las películas más rabiosamente entretenidas, enérgicas y perversas que el que esto escribe haya visto en mucho, mucho tiempo.

Como tantas otras veces, el maldito dinero desencadena un maremágnum de sucesos fatales que, como no podía ser de otra manera, condena a aquellos que lo persiguen, pero, en este caso, la situación es más macabra si cabe al incrementar la espiral de tragedias hasta límites insospechados, incluso familiares, por un cúmulo de accidentes y casualidades. Un efecto dominó arrollador originado a base de putadas, ya sabéis.

Con ecos del mejor cine de los hermanos Coen, desde su mismo comienzo (absurdo, terrible) este negrísimo film avanza a todo ritmo y presenta una estructura narrativa caracterizada por los saltos en el tiempo adelante y atrás que se revela apasionante en la ruptura (literalmente) de lo lineal.

Y, así, desarrolla la historia (con giros impredecibles) y a los personajes (a cargo de un soberbio reparto) alrededor de un frustrado atraco a una joyería que representa el punto de inflexión en sus vidas y la caída a los abismos; todo bien condimentado con puñados de patetismo, traición, crueldad y violencia en un conjunto provisto de una buena capa de humor ácido que convive con el drama en un equilibrio que jamás chirría.

Una maravillosa sorpresa y, para mí, una auténtica joya (es más: una obra maestra sin mácula, qué narices) que viene a engrosar la dilatada filmografía de un tipo que los tiene bien puestos: Sidney Lumet. Y que siga, que siga el abuelete.

Valoración (0 a 5): 5 

PD: Philip Seymour Hoffman y Albert Finney, gi-gan-tes-cos.

PD2: Ya la tenéis en vuestras mulas más cercanas.

El diabólico Frank

 

Frank: Morton once told me I could never be like him. Now I understand why. Wouldn’t have bothered him, knowing you were around somewhere alive.
Harmonica: So, you found out you’re not a businessman after all.
Frank: Just a man.
Harmonica: An ancient race. Other Mortons will be along, and they’ll kill it off.
Frank: The future don’t matter to us. Nothing matters now - not the land, not the money, not the woman. I came here to see you. ‘Cause I know that now, you’ll tell me what you’re after.
Harmonica: … Only at the point of dyin’.

El diálogo citado pertenece a la antesala del duelo a muerte entre Frank (Henry Fonda) y Harmonica (Charles Bronson) que tiene lugar en la portentosa Hasta que llegó su hora (1968), de Sergio Leone.

Ahí, se vuelve a dejar constancia de la entidad de uno de los más fascinantes y épicos villanos del western y, en realidad, de cualquier género: Frank es la encarnación del malvado que se merece el respeto del mito; de esa raza de pistoleros en el crepúsculo que ya no entienden de tiempos modernos, que pertenecen a otra era, que se extinguen ante la llegada del progreso (la metáfora del ferrocarril), que encaran su final enfrentándose a su oponente en un cara a cara obligatorio tal y como reza el código de los de su especie.

El personaje interpretado (en un perversa elección de casting) por Henry Fonda resulta formidable desde su primera y bárbara aparición, cometiendo, sin inmutarse, un pecado mortal. Música, maestro. La cámara enfoca el rostro de un tipo que fue héroe con Ford pero muta en el mal absoluto cuando Leone lo mancilla, lo ensucia. Y un niño cae.

Hay algo en él que seduce. Es despiadado, sí, pero pulcro, elegante, infalible. Domina la situación hasta la aparición de ese fantasma espectral decidido a cobrarse venganza en nombre de las víctimas. Como en un macabro cuento de ultratumba, el verdugo (terrenal) es perseguido por la víctima (sobrenatural) más allá de lo posible.

El recurso del flashback también sirve para dotar de mayor halo a los antagonistas. No por casualidad, Frank, en un flashback magistral rodado como una angustiosa pesadilla, es retratado como una figura oscura, borrosa y alargada, como si fuese una abstracción abominable.

Y es que uno de los muchos aciertos de este western en la cumbre es el tratamiento de los personajes tanto en sus memorables líneas de diálogo como en su caracterización y, por encima de todo, en su filmación. Leone, sembrado en lo visual, acercó la cámara a sus rostros, los acarició y los sublimó (con la imagen detenida, con el tiempo dilatado, con la música poderosa de Morricone) para convertirlos en mitos del pasado cuya existencia se agota.

En el guión, Bernardo Bertolucci, Dario Argento y Sergio Leone. ¿Resultado? Una combinación atípica y, claro, explosiva.  

Minutos de humor

El entrañable Carlos Pumares, en su blog de hoycinema.com, habla durante un ratito corto del DVD y su colocación a la venta en las grandes superficies. Tiene gracia y buena parte de razón el hombre.

Pero lo más divertido (y con lo que uno se puede sentir perfectamente identificado) ha sido el siguiente comentario de un tal Pedro Antonio:

Todo lo que dice Carlos Pumares es cierto, y doy fe de ello a continuación:

En el patético Carrefour, intenté buscar la Banda Sonora Original en CD de la película “La máscara del zorro”, original de James Horner.

Al no encontrarla, y tras una acalorada discusión con uno de los muchos dependientes memos y bobos que tienen, que me replicaba una y otra vez que esa banda sonora no era de Horner sino de JAMES WILLIAMS, (encima se equivocaba otra vez, ya que no es JAMES, sino JOHN), decidí buscarla por mí mismo y la encontré revuelta entre un cesto de esos de lavar ropa que suelen utilizar para poner los fondos de catálogo a precio de 3 Euros. ¡TOMA YA INFORMACIÓN COCHAMBROSA E INÚTIL!.

:)

Me introduzco en la 4ª y bajo escucha

Poco a poco, sí, pero estamos en ello. Degustando, degustando y degustando.

Vistos los primeros cinco capítulos de la cuarta temporada de The Wire y… el nivel, naturalmente, sigue siendo soberbio. Ya lo hemos dicho antes por aquí: es admirable la solidez del conjunto y que en ningún momento traicione su personalidad, su estilo, su tono. Todos los capítulos forman parte de un todo increíblemente homogéneo y fiel a una concepción que ya se percibía en la primera escena del primer capítulo de la serie.

Lo cierto es que no me canso de recalcar el realismo, la inteligencia y la madurez con que están (re)tratados los complejos mecanismos de la política, de las fuerzas policiales y del tráfico de drogas a pie de calle. La ficción parece tan veraz, tan auténtica, tan cruda…

Y la labor de casting se antoja en verdad prodigiosa. Los actores, del primero al último y sin excepción aparente, consiguen que los personajes (muchos y cambiantes) tengan vida propia, que casi se salgan de la pantalla, que nos los creamos de principio a fin.

Yo no sé de cuántas series (o películas, ya que estamos) se podría decir lo mismo, la verdad. The Wire es un prodigio de nuestra época audiovisual, así de claro, y nosotros, los seguidores de tamaña obra maestra de la HBO, tenemos la suerte de coincidir en el tiempo con ella para disfrutarla.

La carrera política del candidato Carcetti, la delicada situación de nuestro querido equipo especial de escuchas, la evolución de los personajes, las andanzas del escurridizo Omar, lo temible del emergente Marlo…

PD: Atención a la presencia del escritor Dennis Lehane (Mystic River) como guionista del cuarto capítulo de esta temporada.