“Under the Skin”, de Jonathan Glazer

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Título original: Under the Skin (2013).

Director: Jonathan Glazer.

Intérpretes: Scarlett Johansson, Jeremy McWilliams, Lynsey Taylor Mackay, Paul Brannigan, Robert J. Goodwin.

Duración: 108 min.

¿Qué escribir sobre algo cuando no se sabe qué escribir sobre ese algo? Dos opciones: 1) dejarlo pasar y no publicar post alguno que te ponga (aún más) en evidencia y 2) tratar de expresar, más mal que bien, lo que has percibido en estado bruto, sin refinar. Y aunque sea con maneras de andar por casa, he decidido optar por la segunda porque, total, uno en su blog puede hacer o deshacer lo que le salga de los mismísimos y quedarse tan pancho. Ventajas, en fin, de manejar tu propio espacio. De la soltería.

Y bien: comienzo diciendo que escribir sobre esta película es tan difícil como el hecho de plasmar en palabras el goce sensorial, pues una experiencia vivida a flor de piel es personal e intransferible… y es de uno… y de nadie más. Y en casos así, ¿para qué hablar?

Recuerdo haber comprado hace unos 10 años una novela de la que no conocía nada. La vi en las estanterías de un centro comercial (!!!) e inmediatamente me llamó la atención su título (“Bajo la piel”, en Anagrama), su portada y el texto de su contra. También desconocía a su autor, Michel Faber. Me la llevé a casa y me la ventilé en un par de días, del todo hipnotizado por la perversa imaginación de una narración de corte fantástico pero muy enraizada en la realidad, que fundía lo inconcebible con el sexo, la carne, la sangre y el hueso. Una obra, en fin, perturbadora y enclavada en lo que ahora se llama fisicidad.

Y he aquí que la adaptación perpetrada por Jonathan Glazer es, permitidme el entusiasmo, sencillamente alucinante: cómo descarta paja narrativa (por así decir), elimina impurezas y alcanza la esencia de Faber, haciendo corpóreo el horror sin necesidad de recurrir a viejas artimañas efectistas ni a discursos comunes. Y con qué convicción toma ciertas decisiones estéticas (desde la sofisticación formal de encuadre matemático a la cámara a pie de calle), sonoras (desde el sonido impuro del detalle mundano al score ambient de Mica Levi) y de estructura narrativa y de ritmo: acelera y frena, se activa y languidece, recurre a la elipsis y a la evocación, respondiendo a una extraña cadencia que parece ir por libre, sin sujeción, para desarrollar, con una tensión interna medio oculta pero implacable, un encuentro entre especies que está condenado a la destrucción mutua. Para ello, envuelve su historia de una atmósfera opresiva, incómoda y despiadada a la que contribuyen los paisajes de la Escocia urbana y, también, la natural: es justo en este último ámbito donde acontecen dos de las escenas más brutales del cine reciente, y en concreto me refiero a la tragedia y al desamparo humano que tienen lugar en una playa (no digamos más) y, en el caso de la otra, a un desenlace en bosque siniestro que recuerda al efecto devastador del final de “Twentynine Palms”, de Bruno Dumont. En definitiva, un pesimismo existencial verdaderamente hiriente.

Por lo tanto, estamos ante un fantástico insertado con precisión en una realidad sucia, o en una naturaleza hostil, o en unas relaciones humanas (y no humanas) crudísimas. Lección maestra de cómo conseguir que el género se filtre por los poros de la existencia rutinaria hasta el punto de meterse bajo la piel del propio espectador para hacer creíble lo increíble e involucrarnos en una mirada a un abismo monstruoso que espera tras una puerta.

Añadamos, en lo destacado, su eficaz e inteligente imaginería: la carcasa de piel flotante, la suspensión en esa sustancia oscura que atrapa tras la seducción, la propia deformidad física como puente de unión con lo diferente, el final arrasador e inevitable, bajo capas de identidad, que volatiliza cualquier esperanza… Elementos, algunos pertenecientes a otro nivel de consciencia, que se presentan ensamblados con lo cotidiano formando un todo y que redondean un producto sublime.

Sugiere TANTO…

Y ahora, para saber más y mejor, leed la Esbilla Cinematográfica Popular: UNDER THE SKIN: ALIENÍGENAS DEL ESPACIO INTERIOR O LA TERNURA DE LOS LOBOS

PD: Para el tema Scarlett (per-fec-ta en su rol) y la mierda sensacionalista de su desnudo, ya hay otros sitios seguramente más provechosos.

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5 pensamientos en ““Under the Skin”, de Jonathan Glazer

  1. No recuerdo dónde leí, algún crítico británico, que tener a una star de Hollywood en mita de Glasgow ya era de por sí alienígena. Y es cierto, por ahí anda, con esa cámara oculta, Scarlett Johanson interpretando a una alien que interpreta a una humana con suave acento inglés… y eso, por sí mismo, es raro de cojones. Y luego todo lo demás.
    Hay dos momentos que me parecen superlativos en la peli. El primero lo de la playa y el niño, casi no lo soporto. El segundo es una imagen fugaz de ella superpuesta sobre el bosque, con los árboles que parecen mecerla; es una imagen de cuento. Ambos son extremadamente perturbadores.
    Esta peli no te la acabas… Jonathan Glazer, un señor director que los tiene bien puestos.

    PS: Mil gracias por la mención, oiga.

    • Es que es sorprendente ese contraste entre el cuidado formal, por un lado, y el desaliño de la cámara oculta, por otro. La película tiene varias caras: desde la “exactitud” kubrickiana al “verité” de la cámara a ras de calle, desde la estilización extrema a la suciedad cotidiana. Glazer desconcierta no sólo por lo que narra, sino también por la manera de narrarlo. Y sí, Scarlett, por todo lo que representa, es un elemento extraño tanto en la ficción de la película como fuera de ella: una actriz de su perfil metida en un proyecto kamikaze es de lo más llamativo. Ese concepto alienígena opera en varias capas.

      Lo de la playa es salvaje por su extrema crudeza y por la frialdad con la que está concebida. Y luego el final a mí me parece bestial, de una tristeza tremenda. Te deja tocadísimo.

      Ojalá más películas de esta grandeza. Pero qué difícil es…

  2. Enorme crítica Max! De a poco, la película irá alcanzando el reconocimiento que merece.

    Prácticamente no recuerdo la novela de Faber, pero tengo la impresión de que Glazer ha hecho lo que ya hizo Kubrick con 2001 o El Resplandor: una adaptación encriptada de la fuente literaria. Una película con entidad propia que puede ser complementaria y hermana espiritual, pero nunca comparable. Fascinante cada una en su respectivo lenguaje, claro.

    Acabo de ver que has vuelto con el blog. Estupendo.

    – Jabamiah

    • ¡Hombre, Jabamiah!

      Creo que lo primero que deberíamos hacer es linkar tu pedazo de crítica de nosolohd: http://www.nosolohd.com/xf/threads/scarlett-johansson-es-un-alien-sexy-en-under-the-skin.13819/page-12#post-1358255

      No soy muy optimista respecto a que en el futuro se revalorice la película. Me parece que es una propuesta demasiado extrema y que continuará siendo acusada de lo mismo: repetitiva, mortecina, abstracta, pedante, pretenciosa, etc…

      Y sí, es bastante kubrickiana incluso en lo medida que resulta a nivel formal y cómo se decanta por la elipsis y los huecos narrativos. Es una adaptación muy buena porque capta ideas de Faber y se las lleva a su propio terreno para construir algo distinto. Si no tuviera tanto pendiente en la pila, me releería la novela.

      Apúntate “The Babadook”. Creo que te gustará. 😉

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