El cine de Simon Rumley

“The Living and the Dead” (2006), de Simon Rumley.

Ojo a la situación: Tu hijo es esquizofrénico y tu mujer está enferma, postrada en la cama, sin poder valerse por sí misma. Vivís en una enorme mansión en plena decadencia y aislada: un lugar en soledad que ya vivió sus mejores años. Tienes que marcharte de casa durante unos días, así que llamas a una enfermera para que se ocupe de tu mujer y de tu hijo. Punto de ruptura: tu hijo esquizofrénico quiere ser útil y convertirse en “el hombre” de la casa durante tu ausencia, así que impide la entrada a la enfermera. Deja de tomar su medicación, trata de cuidar de su madre enferma, descuelga el teléfono, cierra las puertas… Y a partir de ahí, todo se convierte en un infierno a raíz de un efecto dominó que encadena tragedias.

Es una película MUY inquietante. Rumley ambienta la historia en un escenario ya de por sí tortuoso: tanto por su ubicación aislada como por el estado deficiente de las instalaciones de una mansión deprimente, cuyas grandes dimensiones contribuyen a la gelidez, tal lugar de espacios vacíos parece estar agonizando al igual que la vida de los personajes. Desamparo total. Y en esta localización sitúa a una familia sobre la que se ha cernido el fatalismo. El hijo esquizofrénico nos conduce (y digo “nos” porque las imágenes nos arrastran, nos involucran) a la locura máxima, a la percepción distorsionada de la realidad: cuando se le deja “suelto”, se desata introduciendo a los que le rodean y a sí mismo en una pesadilla sin fondo. Resulta muy incómodo ver el sufrimiento, el tormento, de la madre enferma en manos de su (inocente) hijo.

Simon Rumley me parece un director con buen pulso para transmitir sensaciones malsanas. Aquí combina una puesta en escena “calmada”, de planos largos, con secuencias de montaje acelerado, desquiciante, que plasma la explosión interna del esquizofrénico.

Hay que verla; y sufrirla.

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“Red, White and Blue” (2010), de Simon Rumley.

Revenge movie realmente… jodida (para bien). Quizá es excesiva en su cadena de sucesos trágicos para detonar la violencia y la venganza. Quizá es un poco bruta y tremendista. Pero es visceral, salvaje, tortuosa. Conecta con lo más bajo y golpea fuerte. Me ha recordado directamente al cine de Rob Zombie tanto por el elemento white trash como por lo turbio de una atmósfera desapacible y el montaje entrecortado, fragmentado, de las escenas de violencia. En este sentido, la violencia de la película es muy turbadora porque, aunque no llega a ser del todo explícita (salvo la última), transmite lo terrible desde la sugerencia, desde el off. La última escena violenta sí supone una catarsis gorda, siendo la víctima objeto de un sufrimiento indescriptible, cacho de carne que paga por las miserias de la naturaleza humana, de una sociedad despiadada que pisotea al outsider. La cuestión es que Simon Rumley posee una especial sensibilidad para retratar lo sórdido y hacerte partícipe de ello. Y un aviso: aconsejo verla con la mínima información posible sobre su argumento, cuyos retorcidos vericuetos hielan la sangre.

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