Cielo amarillo

Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), de William Wellman.

Fundamentalmente escribo este post porque se trata de uno de los westerns más atmosféricos, si no el que más, que conozco.

Una banda, liderada por el personaje de Gregory Peck, atraca un banco y en su huida al galope, habida cuenta de la persecución de la que es objeto por parte del ejército de la Unión, no tiene otra opción que cruzar a caballo un territorio inmenso cuyo horizonte se pierde a la vista. Recorrer estas salinas, que se asemejan a una especie de superficie lunar, casi se convierte en un suicidio, y es en esta tesitura cuando se comienza a definir los rasgos principales de estos bandidos. Agotados, sedientos y a un paso del desmayo, los seis componentes por fin llegan a Yellow Sky, un pueblo desolado y abandonado de carácter fantasmagórico. No obstante, el lugar no está del todo deshabitado… y más adelante surgirán codicias, traiciones y tensiones sexuales.

Cielo amarillo es una película profundamente atmosférica, como decía, que extrae gran parte de su fuerza precisamente de los entornos en los que se desarrolla y de su habilidad para transmitirnos la fisicidad de los mismos. El angustioso paso por unas salinas que parecen infinitas se erige, así, en un elemento cercano al género de terror por cuanto somete a los personajes a un suplicio considerable. De la misma forma, el estado de un pueblo muerto, Yellow Sky, desvencijado e inhóspito, contribuye a reforzar el ligero toque de fantástico que sobrevuela la cinta. Y todo ello, originado por la magnífica fotografía en blanco y negro, el guión que se detiene en aprovechar los ambientes que afectan a los personajes y la dirección firme de William Wellman.

Este western, en consecuencia, se desmarca de muchos otros y propone un papel preponderante del entorno y de la acción que tiene lugar en él. La llanura de sal, el pueblo en ruinas y las grandes rocas en las que se desarrolla un tiroteo en la parte final son espacios que toman un protagonismo trascendental y asumen, prácticamente, la condición de ser un personaje más de la película. No en vano, los escenarios, tan palpables, nos envuelven por completo.

Wellman, por lo tanto, ejerce como un excelente narrador visual y otorga un poder sugerente a unas imágenes repletas de fuerza, significado y expresividad. Véase, además, la forma en que resuelve el momento culminante del desenlace, del todo inesperado y muy cercano al anticlímax. La solución, a la hora de la verdad, es sugerir antes que resultar explícito. Sea esta decisión como consecuencia de un interés por crear tensión e incertidumbre o sea como mera opción estética, lo cierto es que ejemplifica por qué Cielo amarillo es una valiosa, magistral, rara avis.

Peliculón con todas las de la ley.

Y de postre, enlazo este buena reseña del blog “Cinema de perra gorda”: CLICK.

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2 pensamientos en “Cielo amarillo

  1. Peliculón. Richard Widmark está genial como malo malísimo, la verdad es que fue uno de los grandes y es una lástima que no tenga el merecido reconocimiento. Poco a poco no vamos olvidando de toda esta gente y menos mal que tenemos estas grandes películas para recordarlos…
    Por cierto, hay otro western renombrable de Wellman: “Incidente en Ox-Bow”, la mar de oscuro y sombrío…

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