Últimas películas vistas (noviembre)

Brevemente (más o menos), ahí va una recopilación de algunas de las últimas películas que he visto en el último mes (aproximadamente):

Los límites del control (The Limits of Control, 2009), de Jim Jarmusch.

La película es más rara que un perro verde, y no lo digo en plan negativo… Es significativa la entrevista que Jarmusch concedió a Cahiers du Cinéma España hace unos meses, en la que hablaba de su forma de afrontar el proyecto. En este caso, hizo uso de la improvisación y la intuición, ya que quería dirigir la película con la mayor libertad creativa posible, provocando que ésta casi se hiciera a sí misma. Partiendo de un guión corto, éste se desarrollaba y crecía conforme avanzaba el rodaje. Escribía los diálogos de algunas escenas el día antes de rodar. Y luego, si no le convencían los reescribía y volvía a rodar. Es decir, un cine muy arriesgado y atrevido hecho desde la desnudez; a pecho descubierto. Como un lienzo en blanco que se va pintando a sí mismo. Y dice el director que recomienda al espectador que se deje llevar cuando vea la película, como en una experiencia hipnótica, y que cuando termine reflexione sobre ella y piense, al menos durante un momento, en imágenes, detalles y temas.

Vista la película, todo ello queda clarísimamemte reflejado. Desde, casi, la abstracción y echando mano de lo surrealista, lo absurdo y la esencia pura, somos testigos del itinerario seguido por un misterioso protagonista con puntos en común con Ghost Dog por cuanto se asemeja en relación al silencio, el metodismo y la práctica del tai-chi. A lo largo de su camino, se encuentra con curiosos personajes interpretados por Tilda Swinton, Luis Tosar, John Hurt, Gael García Bernal o Bill Murray, con los que mantiene conversaciones (es un decir… porque él casi no habla) que mezclan lo críptico con lo banal, incluso con la reflexión trascendental. El protagonista ha de realizar un “trabajo”, y para ello ha de recorrer diversas ciudades y entornos según las instrucciones que va recibiendo ocultas en cajas de cerillas. El crimen aguarda.

Atención a la música, la magnífica fotografía de Christopher Doyle y el retrato de colores y arquitecturas. Brillante.

Yo creo, en fin, que uno ha de tener en cuenta todas estas cosas a la hora de verla. Comprendo que muchos espectadores se irriten, se queden descolocados o piensen que es una tomadura de pelo. A mí, personalmente, me ha gustado y asumo su consciente vacío al igual que su reflexión sobre la imaginación: la misma que usa el protagonista y la misma que hemos de emplear los espectadores para surcar las imágenes.

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Figures in a Landscape (1970), de Joseph Losey.

Extrañísima película. Robert Shaw (también guionista) y Malcolm McDowell, maniatados de brazos, corren y corren por territorios rurales, huyendo de un helicóptero negro que les persigue. Los personajes parecen inmersos en una pesadilla sin escapatoria en su lucha por la supervivencia. No sabemos quiénes son, ni de dónde vienen, ni quiénes les persiguen, ni dónde están… Más adelante, numerosos soldados de un ejército van en pos de ellos. La situación se va deteriorando y ambos personajes, ya muy cascados, continúan adelante agonizando, a duras penas. Y no hay explicaciones, si bien podemos deducir, más o menos, las claves (aunque quedan difusas).

Grandes planos aéreos, una estupenda interpretación de los dos actores y una sensación de desconcierto y extrañeza permanente.

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Vertige (2009), de Abel Ferry.

Un nuevo survival horror francés de última hornada. La primera parte de la cinta, que incurre en el género aventurero, resulta tensa al sacar un buen partido a los peligros de la escalada vertiginosa y retratar convincentemente la naturaleza. Ya después, cuando gira al survival horror propiamente dicho, se convierte en una cosa más convencional, rutinaria y ya vista. No es un film de género despreciable, es cierto, pero a uno le da la impresión de que podría haber dado más de sí con un poco más de personalidad propia y sin tanto elemento sobadísimo en la coctelera.

Y hay un detalle que también me ha gustado, señores, y son las “putadas” que dos personajes se hacen entre ellos… por una mujer. Así, a veces el matarife de turno no representa, precisamente, el mayor de los peligros. Ese toque perverso, si bien sucinto, no está mal.

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Wrong Turn at Tahoe (2010), de Franck Khalfoun. 

Entretenido thriller criminal dirigido por el realizador de la interesante Parking 2. Una mentira origina un cúmulo de tragedias, como si de un efecto dominó se tratase. Cuba Gooding Jr. interpreta a un matón al servicio de un desatado Miguel Ferrer. Y un traficante despiadado, Harvey Keitel, se enfrentará a ellos, desencadenando una matanza como consecuencia de una venganza.

Thriller violento y negro, de buena factura, con reminiscencias de los diálogos cotidianos del cine de Tarantino (aquí no tan ingeniosos y algo forzados), Wrong Turn at Tahoe no ofrece nada novedoso en su terreno, nada especialmente estimulante, pero se ve sin problemas y presenta una fauna humana mezquina contagiada por la mentira y la traición.

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Sábado trágico (Violent Saturday, 1955), de Richard Fleischer.

Magnífica. Lo grande de la película es cómo Fleischer combina diferentes líneas narrativas que acaban cruzándose en torno a las consecuencias de un atraco al banco de un pueblo minero y el estallido de violencia que genera. Una exquisita definición de personajes y una puesta en escena perfecta. Y el final heroico, además, creo que tiene una mala leche tremenda por lo que se refiere a la relación padre-hijo filtrada por la concepción del heroísmo. En fin, de lo mejorcito del gran Fleischer.

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Thirst (Bakjwi, 2009), de Park Chan-wook.

Thirst se ve aquejada, como su anterior I’m a Cyborg but that’s Ok, de la desmesura, la reiteración y el exceso de metraje. Park Chan-wook es un superdotado visual, un director formal a tener muy en cuenta, pero su tendencia a la desmedida acaba restando enteros a sus interesantes propuestas. El punto de partida es sumamente interesante en cuanto a la dicotomía religión-vampirismo y posteriormente se desarrolla una especie de romance bizarro y fatalista que no está nada mal. El problema, para mí, es que redunda en las mismas ideas una y otra vez, sin síntesis alguna, y añade algunas notas de humor absurdo que uno diría prescindibles. Por ello, la película se hace larga y cansina, aparte de muy subrayada, lo que no deja espacio, prácticamente, para la sugerencia.

Como he leído en algunos sitios, coincido en que es una propuesta interesante pero fallida, aunque, como ya digo, posee ramalazos de cine sensacional, y, si no, véase el trágico y romántico final.

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Adventureland (2009), de Greg Mottola.

Retrato nostálgico de los ochenta a partir del clásico curro de verano. Película encantadora con la que sentirnos identificados al plantear aspectos interesantes acerca del proceso de madurez (amores, amistades, estudios, futuro). Personajes y situaciones muy creíbles, con un toque extravagante, y actores estupendos. Tal vez la parte final es un tanto complaciente, sí, pero en general merece mucho la pena. Recomendabilísima.

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500 días juntos (500 Days of Summer, 2009), de Marc Webb.

Webb desordena, a través de saltos en el tiempo adelante y atrás, la historia de un chico (Joseph Gordon-Levitt) que conoce a una chica (Zooey Deschanel) y los altibajos que acarrea tal situación a lo largo de 500 días. El amor y el desamor, las expectativas y la realidad, se dan la mano. Una película muy fluida, entretenida, que se basa en un romanticismo equilibrado entre la idealización y el desencanto. Y excelentes tanto Gordon-Levitt como Deschanel.

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Infectados (Carriers, 2009), de Alex y David Pastor.

Los referentes del debut en el largometraje de los hermanos Pastor son atractivos, y entre ellos cabría mencionar a todas esas películas (post)apocalípticas que parten de virus e infecciones y en las que el ser humano es puesto a prueba hasta sacar lo peor de sí mismo. La supervivencia y los dilemas éticos y morales que surgen a raíz de una situación límite son aspectos que dan mucho juego a poco que uno sepa aprovecharlos.

Yo creo que los Pastor realizan un trabajo aplicado, correcto, si bien no es brillante ni, claro, original. La factura visual es eficiente y algunas resoluciones, en cuanto a decisiones de los personajes, me gustan por su crueldad. Además, creo que aciertan a la hora de no abarcar demasiado, de centrarse, más bien, en lo minimalista al mostrarnos, principalmente, los avatares de un pequeño grupo de personajes en busca de algo de esperanza.

En su debe, habría que apuntar sus excesivos clichés y la sospecha de que se podría haber ido un poco más lejos con este material. En cualquier caso, es perfectamente visible.

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Crepúsculo: Luna Nueva (2009), de Chris Weitz.

A un servidor le ha parecido peor que la primera, que ya era floja. Dentro de lo que cabe, la película anterior tenía algo de interés por el intimismo y la pausa que se cernían sobre el inicio del romance entre dos adolescentes outsiders. Había ahí cierta angustia existencial adolescente e incluso una ligera sensación de misterio. Posteriormente, cuando el film ya entraba más a fondo en el género fantástico, con la aparición de malotes risibles y enfrentamientos insulsos, resultaba muy fallida por carecer de intensidad. Le venía grande.

Esta segunda parte irrita por su solemnidad, por su trascendencia, a la hora de hablar sobre el amor, la ruptura y los sentimientos verdaderos. Como escribía Sergi Sánchez en su blog, todo está excesivamente verbalizado. Nada es convincente y sí muy impostado y falso. Frases hechas, de un facilón que asusta, y tópicos a mansalva. Y situaciones verdaderamente ridículas, como las apariciones “espectrales” de Edward, la escena en la que ella se va con un motero para entrar en peligro (!!!???), las muy gratuitas exhibiciones de musculados torsos masculinos o lo increíblemente insípido del triángulo amoroso entre chica, vampiro y lobo. En ocasiones, da la impresión de que todo este tinglado es una comedia involuntaria.

Y el final, propio de un culebrón rosa, es un descaradísimo y desvergonzado gancho para que el público espere la tercera parte que, por cierto, al parecer será dirigida por un tipo como David Slade (Hard Candy), cuyo estilo resulta, a priori, muy alejado del tono de esta saga.

Los actores, por si fuera poco, están bastante mal. Robert Pattinson, el furor de las nenas (por motivos incomprensibles), es una presencia fantasmal que ni chicha ni limoná. Sosísimo. Kristen Stewart, por su parte, está horrible con su permanente semblante de chica frustrada y lánguida, lo que contrasta con la convincente interpretación que brinda, por cierto, en la estupenda Adventureland. Y el chico que interpreta al hombre lobo, de expresividad muy limitada, se diría que es un simple cacho de carne de gimnasio cuya mayor aportación es mostrar abdominales en primeros planos de gratuidad un tanto sonrojante. Es decir, tanto los personajes como las interpretaciones son muy fácilmente parodiables y conducen a una mezcla de hartazgo y risa.

Tan sólo un momento me ha parecido salvable: la secuencia en la que los lobos persiguen a la vampira pelirroja (infrautilizada) por el bosque. A nivel estético y musical me ha gustado ese fragmento puntual.

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Hachiko (2009), de Lasse Hallström.

Desde luego, hay que reconocer que, si la película busca conmover al espectador, consigue con creces su objetivo. Otra cosa es si, para ello, hace uso de unas malas artes de sensiblería efectista. Y en este caso, algún exceso cabe señalar, sí. Los personajes son buenos, sin mácula, en especial el protagonista, encarnado por Richard Gere, que se encuentra con un perrito perdido y lo acoge en su seno. El perfil de los caracteres, entonces, es blanco, amable. A ello se añade el perro, absolutamente adorable, enternecedor, de modo que es imposible no encariñarse con tamaña maravilla de la naturaleza. Y todo está convenientemente acompañado por una música idónea para potenciar una emoción que deviene, como era de esperar, en lacrimógena.

La película, que no ofende a nadie, es una loa a la LEALTAD con mayúsculas, al vínculo irrompible entre un perro y un ser humano.

Remake de una película de Kaneto Shindo, está basada en hechos reales.

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