“Protegidos por su enemigo” [Colaboración en Pasadizo]

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Protegidos por su enemigo (Lakeview Terrace)

Chris y Lisa, entusiasmados, se instalan en su nueva y flamante casa de California, pero pronto surgirá un gran inconveniente que romperá el bienestar: su vecino, Abel Turner, que abusa de su autoridad como oficial de policía, se revela como un racista indoblegable que perturba la paz de la joven pareja interracial, a la que intimida de continuo. La situación de conflicto, claro está, irá a peor hasta desencadenar en un enfrentamiento incendiario.

Ficha Técnica

Dirección: Neil LaBute / Productores: James Lassiter, Will Smith / Productores ejecutivos: John Cameron, Jeffrey Gaup, David Loughery, Joe Pichirallo / Guión: David Loughery, Howard Korder / Fotografía: Rogier Stoffers / Música: Jeff Danna y Mychael Danna / Montaje: Joel Plotch / Efectos especiales: John C. Hartigan / Intérpretes: Samuel L. Jackson (Abel Turner), Patrick Wilson (Chris Mattson), Ferry Washington (Lisa Mattson), Ron Glass (Harold Perreau), Justin Chambers (Donnie Eaton), Jay Hernández (Javier Villareal), Keith Loneker (Clarence Darlington)… / Nacionalidad y año: Estados Unidos 2008 / Duración y datos técnicos: 110 min. color 2.35:1.

Comentario

Por fortuna, Protegidos por su enemigo representa, al menos para el que esto escribe, la relativa recuperación de Neil LaBute tras The Wicker Man (The Wicker Man, 2006), el pésimo remake que perpetró del clásico setentero de Robin Hardy. Remonta el vuelo, por lo tanto, después de la negativa acogida generalizada de su película anterior, que ya se veía lastrada de raíz por el mero hecho de ser comparada con el inimitable original, y ahora regresa, mediante el thriller, al crudo e incisivo retrato de la masculinidad pasado por el tamiz del conflicto racial y su repercusión social.

Una pareja interracial, formada por Chris (Patrick Wilson), un blanco, y Lisa (Kerry Washington), una negra, se instala en su nueva vivienda de Los Ángeles. El problema surgirá cuando su vecino, Abel Turner (Samuel L. Jackson), un policía racista y radical que somete a sus hijos a una férrea disciplina y se emplea con brutalidad en su trabajo, se dedica, en virtud de sus despuntes de psicopatía, a hacerles la vida imposible poco a poco. Esta base argumental de la que parte permite establecer las líneas para constituir un interesante retrato social que, desde las coordenadas del thriller, va desarrollando una situación inquietante que estalla en una lucha entre dos machos: uno, en cuya actitud odiosa tiene mucho que ver una tragedia de su pasado que le otorga una amargura personal que proyecta en sus víctimas vecinales; y otro, que trata de encajar con su mujer guardando pequeños secretos y siendo reacio al compromiso de la paternidad.

La primera mitad de la película resulta modélica por su mirada íntima hacia los personajes y su pausado avance, haciendo evolucionar y crecer el relato con buen pulso y generando una atmósfera tensa a partir de los constantes roces entre estos vecinos. La excelente fotografía del holandés Rogier Stoffers (Quills, 2002) crea un microcosmos palpable, elegante, y LaBute se toma su debido tiempo para poner en liza las bases, de modo que, con contenida sutileza, va dispersando detalles que nos hacen sospechar que todo se pondrá peor a la mínima ocasión. Ya en su segunda mitad, la película transcurre por derroteros más convencionales, predecibles, desmelenados y menos sugerentes, pero, en cualquier caso, no desentona en exceso en el conjunto y funciona como una inevitable catarsis que, en una hábil maniobra de guión, se ve potenciada por el alegórico incendio que se va aproximando a la comunidad angelina.

Sin mácula, además, se puede considerar el apartado de los intérpretes. Por un lado, Samuel L. Jackson se antoja convincente y eficaz adoptando el rol de un personaje que se revela ambiguo y matizado hasta cierto punto. Aun estando lejos de ser el súmmum de la complejidad, su papel escapa de la villanía unidimensional y presenta algún bagaje dramático, lo que se enriquece por medio de la interpretación del actor, enérgico y carismático. Enfrente, por otro lado, encontramos a Patrick Wilson, también notable, que ha de lidiar con la dificultad que supone formar una pareja interracial no sólo ante la figura del insufrible Abel Turner, sino también ante su distante suegro.

En Protegidos por su enemigo, el director de Amigos y vecinos ( Your Friends & Neighbours, 1998 ) equilibra de forma acertada dos vertientes: las constantes del thriller propiamente dicho y la plasmación de la lacra del racismo, la intolerancia, el abuso de la autoridad y la invasión de la intimidad en la sociedad del bienestar. Y todo ello, servido como un producto que no se avergüenza de su condición de entretenimiento comercial no demasiado profundo ni punzante… pero sí jugoso y digno.

Por Manel Lledó Bertomeu (Altea, Alicante. España)

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