Artículo: John Carpenter: Maestro del Horror… catódico [Colaboración en Pasadizo]

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John Carpenter: Maestro del Horror… catódico

Por Manel Lledó Bertomeu (Altea, Alicante. España)

La, en principio, ambiciosa serie televisiva Masters of Horror reunió a varios autores que habían de aportar su personal toque genérico mediante capítulos de casi una hora de duración. John Carpenter fue uno de los directores elegidos más prestigiosos, de manera que se hizo cargo de dos episodios: “Cigarette Burns”, un magistral descenso metalingüístico a los infiernos que desmenuzaremos en el presente artículo, y “Pro-Life”, un refrito simpático pero de resultados decepcionantes.

> Primera temporada, capítulo 8: “Cigarette Burns”

“Una película es magia. Y en ciertas manos, un arma.”

La fin absolue du monde, el filme maldito

El protagonista, Kirby Sweetman (Norman Reedus), que regenta un cine y se dedica a buscar películas raras, es llamado por el señor Bellinger (Udo Kier), un millonario coleccionista de cintas oscuras y extremas que se muestra obsesionado por poseer la única y original copia de un film maldito y de paradero desconocido, La fin absolue du monde. La película fue proyectada por primera vez en la noche de apertura del Festival de Cine Fantástico de Sitges y causó una tragedia inexplicable al morir cuatro personas a raíz de su visionado. Según la leyenda, el público que asistió a la proyección enloqueció y se generó el caos y la violencia en una sala que se tiñó de sangre. En consecuencia, su director, un tal Hans Backovic, la robó con el fin de sacarla del país, pero el gobierno se apoderó de ella y trató de destruirla… sin conseguirlo.

La búsqueda

Bellinger ofrece a Sweetman una enorme suma de dinero a cambio de que encuentre tan ansiada película. El coleccionista, que tiene en su poder ciertos elementos del rodaje como fetiches de su malsana fascinación, desea verla bajo cualquier circunstancia con el fin de averiguar por sí mismo el verdadero alcance de sus perturbadoras y poderosas imágenes, mientras que el rastreador de films necesita imperiosamente el dinero para saldar una vieja deuda. La búsqueda, así, da comienzo…

El ángel profanado

Bellinger no sólo colecciona obras cinematográficas siniestras. También tiene cautiva en su mansión a una extraña criatura, símbolo de los malvados límites del proceso artístico, que aparenta ser una especie de ángel caído con las alas arrancadas, encadenado como un grotesco souvenir y que participó en el largometraje maldito. “Nosotros éramos parte de la película, agarrados al negativo como el alma a la carne”, confiesa este ser de divinidad profanada. Un ángel violado y corrompido como metáfora de la maldad invertida en la creación, en este caso cinematográfica.

Las quemaduras de cigarrillo

Timpson, el proyeccionista del cine de Sweetman, es un aficionado a coleccionar aquellos fotogramas donde aparecen las llamadas “quemaduras de cigarrillo” (cigarette burns) en una esquina y que indican el cambio de rollo en la proyección. Timpson da una de las claves del capítulo cuando afirma que las quemaduras anticipan que “algo va a suceder”. A continuación, apostilla (en relación al fotograma de marras): “Sácalo de donde esté y de repente es anarquía”.

El pasado oscuro

Kirby Sweetman es un hombre atormentado por cierto suceso de su pasado sentimental del que trata de escapar sin conseguirlo. La tragedia le persigue como un insoportable cargo de conciencia imposible de olvidar y capaz de conducirle a la autodestrucción.

La palabra de la crítica

A. K. Myers es un crítico arruinado, posiblemente ido, que jamás logra terminar su análisis crítico de La fin absolue du monde y que se siente irremediablemente atraído por verla de nuevo. Dice: “El film de Backovic en ciertas manos es un arma”. Y alude al poder de los cineastas como máximos responsables de la obra: “Nosotros confiábamos en los directores. Nos sentamos en la oscuridad desafiándoles a que nos afecten, seguros de que ellos saben que no pueden ir muy lejos”. Pero Backovic era “un terrorista. Abusó de esa confianza que depositamos en los cineastas. Él no quería herir a las audiencias; quería destruirlas por completo”.

De tal palo, tal astilla

La música es obra de Cody Carpenter, quien sigue la línea de los temas compuestos por su padre como leit motiv de sus películas. Ya contribuyó en la banda sonora de Vampiros de John Carpenter (John Carpenter’s Vampires, 1998) y Fantasmas de Marte de John Carpenter (John Carpenter’s Ghosts of Mars, 2001) y lo volvería a hacer, a continuación, en “Pro-Life”, un capítulo correspondiente a la segunda temporada de Masters of Horror.

El cine

En “Cigarette Burns”, Carpenter habla, de una u otra manera, de las películas (La fin absolute du monde), de los cines (el modesto cine de Kirby), del público (los espectadores que vieron la película maldita y los personajes que van en su búsqueda para visionarla), de los directores (Backovic), de los actores (el ángel), de los críticos (A.K. Myers), de los programadores (Kirby), de los proyeccionistas (Timpson), de los directores de fotografía (el del film buscado perdió… la vista), de los montadores (cuya labor es aludida por un personaje de piel tatuada con celuloide: el brutal y sanguinario Dalibor), de los productores (la esposa de Backovic se refiere al Mal), de los festivales (Sitges y Rotterdam), de los archivos de películas (el que está ubicado en París), de los coleccionistas (Bellinger), etc… Es posible encontrar, por lo tanto, alusiones al universo del cine en sus diversos aspectos. En una pirueta interesantísima, es cine sobre cine sobre cine. Por ello, estamos ante un ejercicio metalingüístico apasionante y apasionado; un sórdido canto de amor a la cinematografía especialmente dirigido al cinéfilo y al conocedor del fantástico en general y de las constantes de Carpenter en particular. Es la prueba, en definitiva, de que el director neoyorquino aún está en forma y tiene mucho que decir.

El outsider

Backovic es la transgresión en el cine, el distanciamiento de los cánones, la experimentación suicida, la negación a la falsedad y complacencia de Hollywood (un par de referencias punzantes se diseminan en el metraje). Y Carpenter, precisamente, defiende un cine muy alejado de las modas comerciales representadas por la gran maquinaria y es fiel a su personal estilo aunque le reporte dificultades a la hora de iniciar nuevos proyectos.

Los homenajes y los puntos comunes

Cabe localizar a lo largo de su metraje referencias cinéfilas a Nosferatu, el vampiro (Nosferatu: eine Symphonie des Grauens, 1922) -en un cuadro que decora la mansión del millonario-, El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971) -mencionada por Bellinger cuando dice que prefirió ver esta película en Sitges antes que el film de Backovic-, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975) -que se proyecta en el cine de Sweetman- y Dario Argento. Y, además, los puntos en común con la carpenteriana En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1995) no son precisamente escasos: el director (Hans Backovic) y el escritor (Sutter Cane) como desaparecidos autores de una obra maldita que causa un efecto enloquecedor, mortal, a quienes se acercan a ella; los personajes de Norman Reedus y Sam Neill como encargados de esclarecer el misterio y cumplir una misión suicida a lo largo de tortuosos senderos dirigidos a la fatalidad; la presencia de fuerzas diabólicas y sobrenaturales alrededor de la creación artística (o quizás inherentes a ella); la imposibilidad de obtener una salida, una esperanza, para unos protagonistas cuyo fin ya escrito se encuentra ante una pantalla de cine…

La Nueva Carne y la percepción de la realidad

Algo de la “Nueva Carne” de David Cronenberg y de su visionaria película, Videodrome (Videodrome, 1983), cabe percibir aquí. Por un lado, Kirby Sweetman es, a la manera de Max Renn en Videodrome, un personaje que se somete a la influencia peligrosa de la obra audiovisual que busca, provocando en él un proceso de transformación que le lleva a sufrir una percepción distorsionada de la realidad y marcada por los círculos que se asemejan a las propias “quemaduras de cigarrillo”, señales que indican el comienzo de sus pequeñas pesadillas en las que cualquier atrocidad puede ocurrir. Si Max Renn perdía la razón y sufría alucinaciones a partir de ver la señal de un misterioso canal de televisión, nuestro protagonista sufre alteraciones conforme se acerca al objeto de su búsqueda. Por otro lado, también tenemos esa fusión entre celuloide y carne, como demostrará gráficamente Bellinger al querer ser parte, literalmente, del cinematógrafo con sus propias entrañas, o las lesiones que se autoinfligen para destruir sus cuerpos quienes se someten a ella. Y no olvidemos la presencia, en ambas, de las snuff movies como foco de la depravación humana.

El formato televisivo

“Cigarette Burns” es el magistral capítulo 8 de la primera temporada de la serie Masters of Horror, creada por Mick Garris para la cadena Showtime, pero es más que televisión. No sería descabellado, en realidad, afirmar que se trata de cine de muchos quilates aunque se nos presente en estado comprimido en función de los medios y la duración que caracterizan al formato doméstico. Y lo cierto es que es una lástima que el capítulo, de ingenioso guión y de ajustada y enérgica puesta en escena, no se convirtiese en un largometraje y, así, se estrenase en cines para el disfrute de todos.

Las limitaciones televisivas provocarán, quizás, que su calidad no sea debidamente apreciada y que al público se le escape.

Una compleja oda, en fin, de amor y homenaje al cine de género desde el metalenguaje más apasionado, perverso… y visceral.

> Segunda temporada, capítulo 5: “Pro-Life”

Por desgracia, la alarmante mediocridad de la segunda temporada de Masters of Horror pareció contagiar al mismísimo John Carpenter, que con “Pro-Life”, su segundo capítulo para la serie, realizó el que es, posiblemente, uno de sus trabajos más prescindibles y desangelados. Si en el extraordinario “Cigarette Burns” el director californiano había trascendido, con maestría, las limitaciones del formato televisivo para ofrecernos un discurso metalingüístico de fascinantes implicaciones y modélicos resultados en narrativa y puesta en escena, ahora confiere la sensación de haber sido absorbido y anulado por la estética televisiva más plana. Y tampoco ayuda, precisamente, el vulgar guión de Drew McWeeny y Scott Swann (los mismos responsables, aunque no lo parezca, del brillante libreto de “Cigarette Burns”), dado que tratan de revisitar, por enésima vez y con poca fortuna, las marcas de estilo carpenterianas, dando como resultado un refrito un tanto cansino de referencias que van desde la situación de encierro y asedio en un escenario reducido, tan habitual en el realizador desde Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, 1976), hasta la monstruosidad que remite, de algún modo, a La cosa (The Thing, 1982).

La historia, que como se ha dicho sirve para mostrarnos varias alusiones más o menos evidentes a la filmografía del director, es de gran simplicidad: una joven embarazada huye desesperadamente de su radical padre, Dwayne (interpretado por el siempre eficaz Ron Perlman), y acaba ingresando en una clínica, donde suplicará que le sea practicado un aborto de inmediato. Asegura que dentro de ella reside una semilla del Mal que debe ser extirpada de su interior. Por su parte, Dwayne, al que le han prohibido el paso y cree oír voces del más allá, se convierte en un fiero guardián de la vida y decide asaltar por todos los medios la clínica con el fin de evitar que su hija aborte…

Lo cierto es que lo anterior funciona como una excusa argumental, no más, para provocar el guiño cómplice a ese espectador que conoce la trayectoria artística del autor. Sin embargo, las intenciones se quedan cortas ya que para rellenar con enjundia casi una hora de metraje se necesita algo más: al fin y al cabo, “Pro-Life” es una gamberrada entretenida y graciosa, sí, pero demasiado ligera, escasa de contenido y floja de continente, que parece haber sido acometida por un imitador aplicado que, en cualquier caso, ni siquiera compensa el desequilibrio con un ejercicio de estilo atractivo. Así, tanto la forma como el fondo no logran convencer en demasía y hasta se aprecia una apatía general.

Asimismo, su parábola acerca del derecho a la vida se antoja pueril y gruesa, quedando enterrada por unos excesos que se acercan a la autoparodia. El efecto exagerado de la violencia a través de un gore desatado, lo explícito de unas criaturas de diseño grotesco (y divertido) y el casting de actores de saldo (salvo el ya citado Ron Perlman) contribuyen a que el cachondeo zetoso sea generalizado y tengamos la certeza de que no estamos viendo más que un pasatiempo de elevado nivel bizarro que, a estas alturas, tal vez ya sabe a poco. Y es una pena, porque el estrambótico final, que provoca un perverso giro en nuestras simpatías, sugiere una lectura de interesante ambigüedad acerca de su mensaje: ¿Pro-vida o pro-aborto? ¿De qué parte estás?

Masters of Horror: “Cigarette Burns” (2005)

Emisión: 16 de diciembre de 2005 en la cadena Showtime. Capítulo 8 de la primera temporada.

Director: John Carpenter / Guión: Drew McWeeny, Scott Swann / Fotografía: Attila Szalay / Música: Cody Carpenter / Montaje: Patrick McMahon / Intérpretes: Norman Reedus, Udo Kier, Gary Hetherington, Christopher Britton, Zara Taylor, Chris Gauthier, Douglas Arthurs… / Nacionalidad y año: Estados Unidos, Canadá 2005 / Duración y datos técnicos: 59 min. color 1.78:1.

Masters of Horror: “Pro-Life” (2006)

Emisión: 24 de noviembre de 2006 en la cadena Showtime. Capítulo 5 de la segunda temporada.

Director: John Carpenter / Guión: Drew McWeeny, Scott Swann / Fotografía: Attila Szalay / Música: Cody Carpenter / Montaje: Patrick McMahon / Intérpretes: Ron Perlman, Caitlin Wachs, Emmanuelle Vaugier, Mark Feuerstein, Biski Gugushe, Jeremy Jones…Nacionalidad y año: Estados Unidos, Canadá 2006 / Duración y datos técnicos: 57 min. color 1.78:1

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4 pensamientos en “Artículo: John Carpenter: Maestro del Horror… catódico [Colaboración en Pasadizo]

  1. “Cigarette Burns” me fascina. Todo el rollo de que quien ve la película se vuelve loco, junto a lo que muestra la película maldita en sí, me parece muy inquietante.

    “Pro-Life” ni me acordaba que existía.
    Por curiosidad la he puesto a bajar. Ya comentaré algo.

  2. Visto el episodio “Pro-Life”.
    Tiene su gracia, pero sabe muy a poco después de que Carpenter nos regalara “Cigarette burns”.
    Ron Perlman es un tío que siempre acojona, aunque hiciera de monja (lo cual sería bastante inquietante), y aquí cumple con su papel de padre con muy malas pulgas que no duda en emplear la fuerza para cumplir su misión.

    Lo que pasa es que, aunque hay momentos logrados, la historia se ve desaprovechada, como si le faltara algo, y que no tiene fuerza, culpa en parte del exceso de situaciones caricaturescas de, lo cual no se si es porque los guionistas pretendían que quedara así, o si es que los actores son malos sin más (salvo Perlman).

    Y lo de la lavativa es… O_O para flipar.

    A ver si con la próxima película con Nicolas Cage, Carpenter nos brinda otra de sus obras maestras.

  3. Este episodio es magnífico y estupendo artículo. A ver qué trae Carpenter en su regreso al cine junto a Nicholas Cage. Ansias de verlo.

    Aprovecho para felicitarle el año 2009 y desearle todo lo mejor para estos próximos meses.

    un abrazo.

  4. T-800, coincido contigo totalmente respecto a “Pro-Life”. Para mí es poca cosa aunque se entienda como un divertimento bizarro. Y, encima, palidece si lo comparamos con la maestría de “Cigarette Burns” (que curiosamente cuenta con los mismos guionistas…).

    Ya estamos esperando el próximo proyecto de Carpenter como agua de mayo, claro que sí. Qué ganas de verle de nuevo tras las cámaras y en CINE.

    Muchas gracias, REFO.

    Y aprovecho yo también para felicitaros, T-800, REFO y compañía, el nuevo año. Y si es con buen cine, mejor. Gracias por pasaros por aquí y dejar vuestros comentarios.

    PD: A ver si actualizo algo más el blog, leñe.

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