“La carretera”, de Cormac McCarthy

 

La carretera (The Road) – Cormac McCarthy 

“Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior.”  

Un mundo postapocalíptico que se pudre y se cae a pedazos, víctima de algún desastre indeterminado. Frío, gris, demacrado, destruido, tenebroso, vacío… Poco queda de lo que antes se conocía, y los supervivientes, parece que muy escasos, siguen existiendo a duras penas, teniendo que afrontar una lucha sin cuartel para seguir adelante día tras día. Los recursos naturales ya son historia, y lo único que existe para subsistir son los víveres y los alimentos que, con cuentagotas, perduran.

Un padre y su chico caminan por una carretera arrastrando un carrito de la compra que contiene todas sus pertenencias. Sin tener certeza de casi nada y casi con la soga de la muerte inminente al cuello, avanzan sin descanso.

La humanidad, atenazada por la extrema situación, ha descendido a sus instintos más bajos. Se comen, literalmente, los unos a los otros. Todo sentido ético y moral ha desaparecido y una nueva especie (es un decir) de monstruos desarrapados y nauseabundos campa a sus anchas como en una versión grotesca, salvando todas las distancias, de los salvajes de la trilogía Mad Max

En estas condiciones, nuestros dos protagonistas absolutos, el padre y el hijo, cuyos nombres no sabemos, tendrán que cruzar un auténtico infierno terrenal preñado de miserias de todo tipo. La tenacidad de ambos es admirable al no desistir de su empeño: tienen que vivir, vivir y vivir. Jamás se ha de perder la esperanza aunque uno se encuentre exhausto y a punto de abandonarse a su desdichada suerte.

El autor refleja, de forma muy ilustrativa a base de precisas descripciones, un escenario aterrador en donde el mal habita cualquier rincón con impunidad. El mundo es un cadáver en estado de putrefacción y el ser humano se transforma en un buitre escuálido a la espera de carroña.

Padre e hijo dialogan. Están en primera línea y en soledad. McCarthy consigue caracterizarlos como personajes creíbles y que nos identifiquemos y suframos por ellos; que los acompañemos en su particular vía crucis; que nos emocionen y conmuevan.

La narración no escatima en crueldad ni en crudeza. No valen los paños calientes. Nos acercamos al ocaso de la vida y todo está prácticamente aniquilado. Lo que queda es un desfile de los horrores presentado sin necesidad de regodearse en él, pues la sugerencia o la insinuación es, en cualquier caso, más perturbador que lo explícito.

El autor de Meridiano de sangre, ese titán, recurre a un estilo menos barroco y se dirige más al grano para dar lugar a una obra maestra que, seguro, perdurará en la memoria del lector. Aparte de su uso del lenguaje y la capacidad para transmitir la horrible imagen de las consecuencias del apocalipsis, consigue crear dos seres de carne y hueso que mantienen una relación paterno-filial de sensibilidad fuera de lo común. Ese padre, cuya misión es proteger y tratar de preservar la inocencia de un hijo que ya ha visto demasiada barbarie, eriza la piel.

Duele y sobrecoge su lectura, pero, creedme, resulta… imprescindible.  

PD: No quiero abandonarlos.

· Para saber más: Reseña en EL CULTURAL.

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3 pensamientos en ““La carretera”, de Cormac McCarthy

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