25 años… de “Blade Runner”

 

Encuentro un hueco y dejo de lado mi retiro (las obligaciones laborales mandan) para retomar (¡por un momento!) el blog. ¿El motivo? Aprovechar la lectura de un interesante artículo, publicado en El País, que conmemora los 25 años de la majestuosa Blade Runner (1982), una de mis películas de cabecera, es decir, una de las causantes de mis aficiones cinéfilas. 

Aquí lo tenéis:

Humanidad en ruinas

‘Blade Runner’, ese universo mojado y nocturno poblado de replicantes y policías, cumple 25 años

JUSTO NAVARRO

Había un amigo de mi padre que, cuando yo era niño, cada vez que aparecía por mi casa me decía: “Mírame a los ojos, que vea qué has hecho, quién eres”. Me lo recuerda Blade Runner y su máquina para observar las reacciones oculares de los individuos sometidos al test de identificación de androides, la prueba Voight-Kampff. Estamos en la Tierra, después de la guerra atómica, extinguidos los animales y sustituidos por copias. La ingeniería genética permite la construcción de robots o réplicas de seres humanos para el trabajo en las minas de las colonias planetarias. Hay replicantes que se rebelan, huyen del espacio exterior, buscan a sus creadores en la Tierra para pedirles que alarguen su programa de vida, como quien reza por su salud. Un cuerpo especializado de policía los persigue, localiza y liquida en el acto. A esto no se le llama ejecución, sino jubilación o retiro.

La base era una novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de 1968, caricatura de la época, capaz de hacer humor con horror. Mientras el marido, policía, se va a su trabajo de matón honrado, la esposa, en casa, se programa una depresión de seis horas en el órgano Penfield de estados de ánimo. Dick imaginaba Los Ángeles en 1992: monstruosos edificios de apartamentos roídos por el polvo atómico. Blade Runner, la película de Ridley Scott, de 1982, de la que ahora se cumplen 25 años, nos lleva a Los Ángeles del año 2019, universo mojado y nocturno, asiatizado, de chinos y egipcios fabricantes de ojos y serpientes y tallarines, entre llamaradas y humaredas, oscuridad, lluvia infinita y anuncios luminosos de refrescos y aparatos electrónicos de 1982. Esta negrura incandescente es el bosque para la cacería de robots. La tecnología es otra máscara de la barbarie.

Ridley Scott, autor de Alien (1979), se especializaba en plagas e infecciones en espacios claustrofóbicos: la astronave de mercancías Nostromo, con sus fluidos que penetran en el organismo e inoculan un alien, o Los Ángeles de Blade Runner, obra maestra, inaugural, que, en sí misma, parece impura, contaminada de géneros diversos, fusión infecciosa de novela negra, ciencia-ficción, terror, tebeos, imaginería de la industria religiosa y de la industria musical pop. El vestuario y los personajes salieron del dibujante Moebius, que ya había colaborado en Alien, antes de diseñar un parque de atracciones en San Francisco. El cine, que se había alimentado de la novela, se alimentaba de tebeos y cine, más que de la fábula de Philip K. Dick. La industria de la imagen podía vivir de sí misma, según demostraba Blade Runner, con su combinación nunca vista de clichés vistos muchas veces.

El futuro de Blade Runner es anacrónico: ventiladores de aspas y ordenadores gobernados por la voz humana, detectives fumadores y bebedores, policías sudorosos bajo la misma gorra de hace 50 años y en coches patrulla voladores. El carácter del cazador de robots, verdugo soltero en la película, está en su gabardina, la cara cortada, los dedos rotos en la pelea, en los labios que dejan sangre en la copa de aguardiente. Es un hombre de silencio violento y palabra cáustica de cine negro de los años cuarenta; 2019, año posatómico, es vigilado por reflectores y haces de luz de la Segunda Guerra Mundial. Todo se amalgama y se enturbia de todo, como lo humano y lo artificial, lo orgánico y lo inorgánico. En 1982, cuando se estrenó Blade Runner, la realidad se parecía a nuestra realidad: Israel invadía Líbano por el sur a principios de junio en la operación Paz para Galilea, con 40.000 soldados.

La realidad de 2007 quizá imite la irrealidad de 2019 filmada por Ridley Scott, los bloques de viviendas en el extrarradio, sacralizados en Blade Runner como templos orientales, o sólo convertidos en ruina, futuro en ruinas, es decir, artístico. Altavoces volantes llaman a emigrar al mundo exterior. Existen individuos que se amotinan en el trabajo, se dan a la fuga, secuestran una astronave. Sienten un ansia irrefrenable de libertad. Tienen sentimientos humanos. Como cualquier humano, ni siquiera aceptarían que son máquinas. Tienen un implante de memoria: recuerdan unos padres, amigos de la infancia, un perro. Y, aunque no se acuerden de nada, la vida les parece una cosa agradable. Conocen el dolor de tener miedo, sangran, quieren vivir, lloran porque se mueren. Son replicantes perfectos, si es que todos los humanos de Blade Runner no son humanoides que todavía no han pasado la prueba Voight-Kampff. Conocen, incluso, la crueldad humana, el instinto de venganza y de supervivencia.

El cazador los mira a los ojos. ¿Se sonrojan? ¿Fluctúa la pupila? ¿Se dilata el iris? Les dice quiénes son. Los aterra. Los mata mientras la ciudad se deshace bajo la lluvia, como el último replicante, que salvará la vida de su asesino antes de dejarse morir como Cristo, asistido en su agonía por la paloma o el Espíritu Santo en vuelo, un gran fogonazo de mal gusto épico-místico final.

Los únicos que lloran en Blade Runner son los replicantes. Tener sentimientos ha resultado un crimen. Es punible reaccionar humanamente, resistirse a la opresión, rebelarse contra las circunstancias, sufrir, querer vivir en paz, amar a los semejantes, sentir rencor, pero también piedad por el enemigo.

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8 pensamientos en “25 años… de “Blade Runner”

  1. NO SE SI ES QUE NO HE VISTO LA MISMA PELICULA QUE MUCHA GENTE, PERO, LA IDEA QUE YO SAQUÉ DE LA PELICULA PARA NADA TENÍA QUE VER CON ROBOTS O ANDROIDES. MAS BIEN SE DEDUCE QUE SE TRATABA DE CLONES BIOLÓGICAMENTE HUMANOS, INCUBADOS Y “DADOS A LUZ” YA ADULTOS, CARECIENDO ESTOS POR LO TANTO DE PASADO, TEMA IMPORTÁTISIMO EN LA TRAMA REFLEXIVA DE LA PELICULA, DADO QUE ESTA FALTA DE UNA MATRIZ AFECTIVA SOBRE LA QUE DESARROLLAR LA PERSONALIDAD, DESENBOCABA EN CRISIS CATASTRÓFICAS PARA LOS REPLICANTES.
    EN FIN , NO ME QUIERO ALARGAR MÁS, SIMPLEMENTE CORREGIR LO QUE EN MI OPINIÓN ES UN ERROR MUY EXTENDIDO, Y QUE DISTORSIONA GRAVEMENTE LA FILOSOFÍA DE LA PELICULA, QUE PLANTEA EL DILEMA MORAL DE ELIMINAR SERES VIVOS QUE, AUN TENIENDO UN ORIGEN ARTIFICIAL, LOS PROPIOS HUMANOS NO SON CAPACES DE DISTINGUIRLOS MAS QUE CON METODOS PSICOLÓGICOS ( EL FAMOSO TEST DE NOMBRE EXÓTICO).

  2. he visto blade runner cerca de 25 veces y cada vez que la veo mas me gusta, mas me entusiasma, inocente de mi, pense durante muchos años que yo era el unico fan de verdad de esta joya del cine pero cual ha sido mi sorpresa al poner internet en casa que los seguidores incondicionales de esta pelicula unica son muchisimos, cosa que me alegra, me encantaria que si se confirma el reestreno de blade runner en los cines proximamente hubiera alguna ciudad o algun cine en particular que reuniera mediante algun anuncio o publicidad a todos los verdaderos amantes y seguidores de esta pelicula entre los que me encuentro para asi disfrutarla mas sabiendo que el que tienes sentado a tu lado esta degustando la pelicula igual que yo. espero con verdadera ansia el dia del reestreno y que salga ya de una vez al mercado todo el material sobre la pelicula del que tanto se habla ultimamente, me despido con un saludo para todos los amantes de verdad de esta pelicula maravillosa y unica.

  3. Es curioso que se hable del libro y de la película como si fueran una misma cosa, cuando no tienen nada que ver mas que la idea de los replicantes.
    En mi opinión, y soy fan de K.Dick la película es muy superior, hasta el punto que aconsejo no leer el libro DESPUES de ver la pelicula.
    Hay cosas que salen en la pelicula y no en el libro y viceversa (delirios religiosos aparte).
    Como aportacion, el libro no refleja un futuro decadente, sino que la tierra es la decadente, dado que en ella solo quedan los que no han tenido valor o condiciones fisicas para ir a las colonias del espacio, por eso hay tantos edificios abandonados y la gente tiene uno para el solo.

  4. Tener sentimientos es algo inhumano, por eso sólo son capaces de ello quien no es humano.
    Libro y película se diferencian, pero a la vez se complementan: donde K. Dick se extendía (el contexto religioso), Scott se distanciaba (fijándose más en las relaciones máquina-hombre, que más tarde explotaría Spielberg con su incomprendida A.I.)
    Es una de mis películas preferidas, basada en una novela de uno de mis escritores favoritos: un profeta drogadicto e imcomprendido que sólo ahora parece estar siendo reconocido, más que nada por las incontables adaptaciones que están sufriendo sus obras (y digo sufriendo porque, la mayoría, acaban convertidos en bodrios insalvables, como el caso de Paycheck)
    Espero a ver la nueva Next, con Nicolas Cage y Julian Moore.
    Saludos desde LAS Colonias del Mundo Exterior.

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