“Gun Crazy”

 

Gun Crazy (aka Deadly is the Female) (1949) / Director: Joseph H. Lewis / Guión: McKinlay Kantor y Dalton Trumbo / Intérpretes: Peggy Cummins, John Dall, Berry Kroeger, Morris Carnovsky, Anabel Shaw, Harry Lewis, Nedrick Young, Russ Tamblyn.

“We go together, Annie. I don’t know why. Maybe like guns and ammunition go together.”

Ver Gun Crazy es una experiencia asombrosa, memorable, puesto que aquí se reúnen algunos de los elementos más estimulantes que pueda uno imaginar. Concebida como un ejercicio de estilo virtuoso y audaz ya desde su impactante comienzo, la película luce una dirección portentosa que deslumbra a través de su ramillete de recursos, utilizados para encumbrar, aún más, el potencial dramático: travellings, picados, cámaras situadas en el asiento trasero de los coches para filmar en fuera de campo las escenas de robos, movimientos suaves de virado del objetivo, encuadres inesperados, primeros planos escrutadores, montaje agilísimo, creación de atmósferas (ese final, en el pantano brumoso, propio del cine de terror)…

No obstante, el aspecto formal, claro, andaría cojo si no fuera de la mano de esta apasionante historia de amor fou que se encuadra en ese subgénero noir que podríamos definir como “pareja de amantes criminales en fuga desesperada y destino trágico”, siendo, desde mi punto de vista, la mejor de ellas. Ilustres clásicos ejercen como competencia (Los amantes de la noche, Bonnie & Clyde, Malas tierras…), pero Gun Crazy jamás ha sido superada. ¿Cómo resistirse a esta aventura romántica, criminal y sobrecogedora? ¿Cómo no dar el brazo a torcer ante una fémina que dispara como los ángeles, como la materialización de una fantasía masculina? ¿Acaso no merece la pena huir junto a ella, renunciando a todo lo demás?

El guión de Kantor y el mismísimo Dalto Trumbo (éste, acreditado con seudónimo) es uno de sus grandes valores. Tan perfecto como un mecanismo de relojería fabricado con mimo, nos ofrece un preciso vistazo a la infancia perversa de Bart, un joven obsesionado con las armas que, desde pequeño, descubre su poder destructivo. Las adora, no puede vivir sin ellas, pero también es consciente de las consecuencias terribles que pueden acarrear. Desarrolla una fuerte filia aderezada con la fobia a usarlas contra seres vivos. Una cadena muy dinámica de flashbacks, ejemplares en su contundencia, nos sitúan sobre aviso. Más adelante, Bart conocerá a la atractiva Annie, que se dedica a protagonizar espectáculos de tiro en una feria. Ya ahí Joseph H. Lewis nos presenta al personaje como una seductora mujer de armas tomar: su exhibición de disparos es como un cortejo. Ella es el sueño absoluto de ese hombre fascinado. No es difícil creer, por lo tanto, que él haya caído en su red, que se sacrifique por hacerla feliz. Enamorados e inmersos en un camino de no retorno, abusan de sus habilidades con las armas para vivir del robo, lo que conlleva la necesidad de huir sin descanso, de convertirse en una pareja de solitarios fugitivos.

Si bien la película, que avanza en un non-stop vertiginoso, posee un buen número de highlights que merecerían ser destacados (la primera parte caracterizada por los mencionados flashbacks, la espectacular entrada en escena de Annie, el atraco al banco visto desde el interior del coche en una toma única, la estremecedora parte final, etc…), me gustaría reseñar especialmente un momento que describe lo inquebrantable de la relación entre los personajes: cuando ambos planean separarse por un tiempo, suben a sus coches y toman direcciones contrarias, pero enseguida miran atrás, dan la vuelta y se funden en un abrazo. Aplausos, por favor.

El estudio psicológico de los personajes tampoco tiene desperdicio. Bart, interpretado por John Dall (La soga), es un hombre definido por una obsesión, un trauma y una atracción poderosísima hacia Annie (Peggy Cummins), que encarna a la dominante femme fatale de la perdición noir. En este caso, se trata de una mujer más frágil de lo que parece y que se mueve por estímulos irracionales, víctima del miedo. Ella lo arrastra en esta escalada de crimen y violencia, coronada por un golpe final trepidante que inicia una huida definitiva y angustiosa con la muerte pisándoles los talones. Los actores, sensacionales, brindan una interpretación física y auténtica. La tensión generada, tremenda, y el desasosiego acompañan a los amantes… y a nosotros. Quítense el sombrero.

Una obra maestra imprescindible. Si el cine ha rozado la perfección, Gun Crazy es un referente; así de grande es.

Valoración (0 a 5): 5

· Para saber más: Filmsite, Images Journal, Girls with guns in cinema and television (galería de fotos) [+]

· Curiosidad: En una entrevista, el director, Joseph H. Lewis, reveló cuáles fueron las indicaciones que hizo a su pareja protagonista: I told John, “Your cock’s never been so hard,” and I told Peggy, “You’re a female dog in heat, and you want him. But don’t let him have it in a hurry. Keep him waiting.” That’s exactly how I talked to them and I turned them loose. I didn’t have to give them more directions.

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12 pensamientos en ““Gun Crazy”

  1. Pon esta película por encima de todas las demás en tu lista. Es colosal, en serio. Y aunque lo parezca, no creo que esté exagerando demasiado…

    Ayer la vi y… me ha dejado maravillado.

    🙂

  2. Solo comentar la notabilísima influencia de esta película en la generación de directores de la Nouvelle Vague, en particular en JL Godard y su “Al final de la escapada”.

    Saludos

  3. Una grandísima película a todos los niveles, desde luego, además de una clara demostración de lo que Joseph H. Lewis era capaz de hacer. Tiene tantos momentos cojonudos que es difícil quedarse con uno, pero ese atraco en plano secuencia… Buffff. Increíble, especialmente en una serie B como ésta.

  4. Joer, pensé que hablabas de otra peli. Aquí fue conocida como ‘El Demonio de las Armas’. La vi hace siglos, cuando la televisión emitía cine de calidad, pero ya me has metido ganas de revisarla.

  5. Red, no te lo pienses dos veces y ponte a revisarla cuanto antes. Verás, verás. Es una de mis películas favoritas desde ya mismo.

    Tienes razón, Roberto, en lo que apuntas.

    Tonio, cuando veía esa secuencia y la forma en que está rodada no me lo podía creer. La cámara se queda en el asiento de atrás y, desde ahí, acompañamos a los personajes en su atraco al banco. Espectacular.

    ¿Y el comienzo, con ese travelling “p’atrás”?

    Pero es que el final, además, parece cine de terror. La bruma del pantano…

  6. Grandiosa! brillante serie B que alcanza cotas magistrales, precursora de tanto, a reivindicar a ella y a Lewis (“Me llamo Julia Ross”, “Agente especial”), pedazo clásico

  7. Excelente película, y como tu dices el germen de todo ese subgénero de parejas fatales en fuga, que por lo visto te fascina, a mi me gusta un montón. Celebro tus post sobre viejas joyas del cine como ésta y “They live by night” del gran Nick Ray.
    Saludos y felicidades!!!

  8. Sin lugar a duda es la mejor pelicula de Joseph H. Lewis una adpatacion mas de Bonnie y Clyde la mejor película que hizo, pero fue hace mucho en 1950, no se pero al parecer Martin Scorsese hizo un guion similar, saludos

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