“Twentynine Palms”

 

Twentynine Palms (2003) / Director: Bruno Dumont / Guión: Bruno Dumont / Intérpretes: Yekaterina Golubeva, David Wissak. 

Twentynine Palms forma parte de ese peculiar cine atmosférico del que hablábamos al comentar L’intrus (2004) o Gerry (2002) (con la que comparte no pocas similitudes). Son películas donde la ambientación, la atmósfera, supone un elemento esencial que se enfoca como algo muy físico, que prácticamente se puede respirar y sentir. Los personajes, como el espectador, parecen vivir esa escenificación en primera persona, envueltos por ese lugar que sirve para transmitir sensaciones y ubicarlos en un contexto naturalista y ajeno a los artificios. En este caso, el director francés Bruno Dumont sitúa a su pareja protagonista, formada por David (David Wissak) y Katia (Yekaterina Golubeva), atravesando el desierto de California a bordo de un vehículo Hummer (¿casualidad?) con el teórico fin, que se tornará más que difuso, de encontrar localizaciones para tomar unas fotos (se supone… ). A lo largo de su viaje, se aprecia una difícil y rarísima relación entre ambos, pues los acercamientos y distanciamientos son constantes, practican un sexo salvaje y mantienen conversaciones sin demasiado sentido. Se aman y se pelean. Surcan, con su 4×4, un terreno árido y desolador donde la presencia humana es escasa.

A lo largo de esta atípica road-movie no sucede demasiado en términos aparentes. Dumont no nos cuenta una historia propiamente dicha, sino que nos hace acompañar a estos dos personajes en su extraño viaje hacia ninguna parte. Se observa que disfrutan del contacto directo con la naturaleza, que casi se funden en ella en su sentimiento de total libertad. No tienen ningún problema es desnudarse y mantener relaciones sexuales viscerales, dolorosas, en la piscina del motel donde se alojan o en el espacio abierto: el realizador nos hace partícipes de un acto donde aflora un instinto primario, filmando de manera que su visión resulte incómoda, no tanto por su explicitud como por la brutalidad que desprenden. David y Katia se expresan mediante un contacto sexual descarnado, mientras que las palabras son un mero adorno que sólo conducen a la imposibilidad de comunicación.

En la parte final, algo impactante ocurre y la película incrementa en muchos enteros su crudeza. Desasosegante en virtud del comportamiento de los personajes y de la inmensidad de un escenario inhóspito, la citada incomodidad aumenta a raíz de un suceso violento y desquiciante que actúa como detonador. Dumont nos enfrenta de cara y sin escapatoria a lo peor de nosotros mismos, al horror, exhibiendo una versión pesimista y oscura del ser humano que coquetea con la línea del efectismo. De hecho, ofrece dos secuencias, agónicas, perturbadoras e impredecibles, que golpean muy fuerte y dejan huella en todo espectador con sangre en las venas.

A priori, lo comentado podría motivarte, amigo lector, a ver la película, pero permíteme una advertencia: Twentynine Palms es una experiencia muy difícil y controvertida. El director estira la duración del plano más allá de lo que uno estimaría como necesario y se explaya hasta el límite del aguante en el retrato contemplativo de un mundo desesperanzador y unos personajes que bordean el absurdo y actúan a razón de instintos básicos. Las alegorías relativas al vacío existencial y a las miserias humanas podrán ser muchas, pero a uno le da la impresión de que los excesos no son pocos, pues las casi dos horas de metraje, que acaban pesando como el plomo, se centran en un deambular sin fin que se muestra reiterativo y exento de sentido dinámico en su narrativa, de forma que transcurre con los graves lastres de un carácter farragoso y una saturación de tiempos muertos algo exasperantes. Y tal vez el resultado no compense hacer el esfuerzo… ni tantas maletas hubiesen sido necesarias para un viaje interesante pero, en el fondo, de no muy largo ni profundo alcance.

Valoración (0 a 5): 2

· Para saber más: Miradas de Cine (Festival de Gijón) [+]

12 pensamientos en ““Twentynine Palms”

  1. Supongo que el Sr. Toldo la habrá visto. A ver qué nos comenta.

    Yo creo que las intenciones de Dumont son interesantes. Otra cosa es la manera de llevarlas a cabo. Las dos horas se me hicieron larguísimas e incluso se me pasó por la cabeza la tentación de abandonar, pero la vi hasta el final y algunas imágenes de la película (no sólo las más impactantes) se me han quedado grabadas…

    El problema principal es que, para mí, Dumont se pasa no únicamente en la parte final, sino también en llevar la película a un terreno demasiado abstracto y abusar de tiempos muertos y carácter contemplativo. Es que son casi DOS horas…

  2. A mí Bruno Dumont me resulta un director, como poco, interesante. Y la verdad es que de las tres películas suyas que he visto Twentynine Palms es la que más me gusta, si bien es cierto que todas ellas se me hicieron bastante pesadas (cosa que no me ocurre con otras propuestas temático-formales similares, como bien saben ustedes) por lo que tampoco las tengo muy presentes —Max, si te parecen excesivas las 2 horas de esta, L’humanité, que es la anterior y tampoco está mal llega a los 140 minutos… imagina…

    Lo mejor que se puede decir de 29 Palms es que no da ninguna respuesta a los acontecimientos que se empeña en mostrar quirúrgicamente. Yo me decanto por una especie de reducción del hombre a sus instintos animales apoyándome en esas escenas de sexo desgarrador y el par de sucesos violentos a los que se ha referido Max. Supongo que esa pareja de pijos demuestra su deshumanización en su insustancial y frío tratamiento —la verdad es que me pareció que la película conectaba muy bien con la trilogía de Antonioni sobre el fin de la pareja—, algo que ha partir del acontecimiento catárquico no hará más que acrecentarse y protagonizar secuencias verdaderamente angustiosas. Ciertamente es la que más me apetece volver a ver de las suyas.

  3. Si tuviera que reducir la película a tres sensaciones que me ha producido, serían las siguientes: cansancio, extrañeza y angustia. Cansancio porque llega un momento en que la película me pesa como si llevara a rastras una tonelada de piedras; extrañeza por lo que plantea, desarrolla y concluye, y la forma en que lo hace; y angustia por ese par de momentos desgarradores.

    Aunque reconozco que tiene aspectos de interés, la verdad es que no me apetece volver a verla en el próximo lustro.😛😀

    Respecto a otras propuestas temático-formales, como tú dices, Sr. Toldo, tengo que decir que Claire Denis decididamente me interesa mucho más (en forma y fondo) que Van Sant o Dumont.

  4. Bueno, ya que sale otra vez el tema del cine de narrativas “relajadas”. ¿Qué os parece Tsai Ming-Liang? Por ahí empezé yo, pues sus salidas cómicas y musicales hacen que una película de este tipo sea mas digerible para el novato. Si no fuera por él, a lo mejor ahora estaría poniendo a parir a Denis y Van Sant.

  5. Estimado Max, no te pierdas El sabor de la sandía de Ming-Liang. A mí también se me hizo insufrible The hole, pero con la de la sandía me reconcilié con el director. Sigue fiel a su estilo pero me pareció mucho más llevadera, con momentos cómicos y un final absolutamente brutal.

  6. Sí, precisamente una persona que se aburrió con “The Hole” también me ha dicho que le dé una oportunidad a la de la sandía…

    Pues seré valiente y trataré de verla, ok.😉

  7. hola, soy de argentina y solo de dumont se editó la humanidad. quisiera saber si alguien sabe donde me puedo bajar los subtitulos en español de sus otras peliculas, ya que me las beje pero no los puedo conseguir.

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