It’s a Strange World: Una aproximación a “Terciopelo azul”

Hace algún tiempo, cuando colaboraba para la web Pasadizo, escribí este artículo (ahora retocado) sobre una película que por entonces se me había quedado grabada. Es un poco extenso, pero aquí lo tenéis por si queréis echarle una ojeada:

Blue Velvet (1986) / Director: David Lynch / Guión: David Lynch / Intérpretes: Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern, Hope Lange, Dean Stockwell, George Dickerson.

“I can’t figure out if you’re a detective or a pervert”

Empecemos por el poético título de la obra. Éste podría indicar tanto el fetichismo implícito en ella como el elegante y bello material que debe ser desgarrado para sacar a la luz la espeluznante verdad de lo que oculta o contiene. Así pues, no sólo es el título de una película y de una deliciosa canción de Bobby Vinton, sino también el indicativo inicial que desvela las intenciones de su director: ofrecernos una fábula perversa en clave adolescente acerca del “otro lado” de la humanidad, porque esa población llamada Lumberton, al igual que Dorothy Vallens, está vestida, disfrazada, con un envoltorio de gala que, a primera vista, no permite apreciar la truculenta esencia.

Para contarnos este desenmascaramiento, Lynch opta por el género negro y el misterio, sembrándolos de elementos de terror y dando el protagonismo a la adolescencia, la etapa de la curiosidad, el aprendizaje y el (auto)descubrimiento por excelencia. Ubicada en esta clasificación genérica de manera fundamental, también transita por el suspense y la historia de amor como telón de fondo. A partir de ahí, el realizador es libre para desplegar su complejo talento, sus obsesiones, y subvertir todo ese falso entramado de la América idealizada de la doble moral para mostrar lo inconfesable, lo que permanece en lo más recóndito y que preferimos ignorar; algo que, por mucho que nos pese, forma parte consustancial de nuestra naturaleza.

Pero vayamos por partes…

– El SEXO INICIÁTICO –

“Cuando era adolescente, el sexo era como un juego. Era tan misterioso que descubrí toda una vida llena de fantásticas texturas… Me di cuenta de lo vasto que era el reino del sexo, de los muchos niveles que abarcaba -desde la lujuria hasta la violencia- . Es la llave que abre un fantástico misterio de la vida.”

La vertiente sexual enfermiza, descarnada, bizarra y sádica entre Frank Booth y Dorothy Vallens es uno de los posibles niveles que puede alcanzar el sexo en contraposición a la retraída y reprimida relación de pureza entre Jeffrey y Sandy. En un extremo, el sexo más “oscuro”, y en otro, el mojigato e ingenuo inicio amoroso entre los adolescentes. El director muestra la inocencia y la lujuria más desatada en un todo, y la introducción de Jeffrey en el mundo adulto le descubre las múltiples y seductoras variables plausibles de la relación sexual.

– REALIDAD, SUEÑO Y UNIVERSOS PARALELOS – 

“Los sueños que tienes cuando estás despierto son los verdaderamente importantes. Cuando duermes no controlas tus sueños. Me gusta sumergirme en un mundo onírico que yo he construido o descubierto: un mundo que elijo.”

“Empecé a tener ideas en 1973 pero todo era muy vago. Sólo tenía un sentimiento y un título. Luego, cuando acabé El hombre elefante, me encontré con Richard Roth, el productor de Julia. Tomamos un café y me dijo que había leído mi guión para Ronnie Rocket. Le gustó, pero la verdad, me dijo, no era su taza de té. Me preguntó si tenía otros guiones. Le contesté que sólo tenía ideas. Le dije que siempre me habría gustado colarme en la habitación de una chica por la noche y, puede ser, que de una situación a otra vería algo que fuese la pista para un asesinato. A Roth le encantó la idea y me pidió que escribiese un tratamiento. Fui a casa y pensé en la oreja en el suelo.”

“Tenía que ser una oreja porque es una obertura. Una oreja es ancha y te metes. Va hacia algún lugar inmenso. Es un ticket hacia otro mundo.”

La oreja cercenada que Jeffrey encuentra en un descampado es el punto de partida de su odisea. El protagonista comienza una investigación personal que le conducirá a otro nivel de conocimiento, a otra “dimensión” o universo paralelo que para él permanecía inexplorado. La puerta del infierno.

– SU VISIÓN DE AMÉRICA: EL BIEN Y EL MAL –

“Así es como yo veo a América: hay un aspecto muy inocente e ingenuo en la vida americana, y también hay horror y maldad.”

“He oído decir alguna vez que nuestro viaje por la vida es para alcanzar la mente divina a través del conocimiento y la experiencia de los opuestos combinados. Esa es nuestra historia. El mundo en el que vivimos es un mundo de opuestos. Y la cosa es reconciliar estos opuestos.”

Lynch acostumbra a plasmar en su cine las dos caras de América: la inocente y la perversa. En Terciopelo azul nos descubre los trapos sucios de un resplandeciente pueblo maderero, pero es en toda su obra en su conjunto donde mantiene una constante dualidad que divide conceptos aunque en ocasiones se entrecrucen.

– MÚSICAS Y SONIDOS AMBIENTALES – 

“Me fascinan las presencias, lo que se llama sonido de ambiente. Es el sonido que se escucha cuando hay silencio, entre palabras o frases. Es una cosa peligrosa, porque en este aparente silencio se pueden aportar sentimientos y se pueden crear ciertas imágenes de un mundo superior. Todas esas cosas son importantes para construir ese mundo.”

Una de las claves principales del cine de este autor es la utilización de música y sonidos evocadores, hipnóticos, sugerentes, capaces de adentrar al espectador en otros universos y atmósferas por medio del sentido auditivo. Con la inestimable colaboración del gran Angelo Badalamenti y su exquisito gusto por los temas clásicos de los cincuenta, las películas de Lynch se sienten más allá de las imágenes. Calan hasta lo más profundo de la audiencia como experiencia sensorial.

– ENTORNOS SUGERENTES – 

“Me gusta la Bauhaus: ese tipo de pureza y formalismo. Me gustan las habitaciones grises en cuyo interior no hay nada más que un par de muebles, justo lo esencial para que se siente una persona. Entonces, cuando la persona se sienta se ve realmente el contraste, y entonces la habitación tiene un aspecto formidable y la persona parece muy interesante.”

El dominio de la composición de los espacios es seña identificativa de Lynch, un autor total que no deja nada al azar y diseña los entornos con minuciosidad, guiándose por una razón de ser en la que nada es casual. Trata de crear una atmósfera especial que caracterice al personaje de algún modo, como es el paradigmático caso del apartamento de Dorothy Vallens.

– MISTERIOS POR RESOLVER – 

“Que exista un misterio es una emoción inmensa. Es emocionante que exista algo más que lo que ve el ojo. Por eso me parece que los fragmentos de cosas son tan interesantes. Te permiten soñar el resto. Hablar sobre algo grande lo empequeñece.”

El misterio que causa la insinuación o la sugerencia siempre resulta mayor y más apasionante que la explicitud. Proyectar partes de un todo posibilita que el espectador se sienta partícipe a la hora de juntar las piezas del puzzle y que, al mismo tiempo, sufra la incertidumbre de no saber si Lynch se las ofrecerá todas o si, por el contrario, habrá de aportar algunas propias para intentar encajarlas.

– LA OSCURIDAD INSONDABLE – 

“El negro tiene profundidad. Es como una salida; puedes penetrar en él y, como continúa siendo oscuro, la mente se apodera de ti y todas las cosas que hay allí dentro empiezan a manifestarse. Y empiezas a ver lo que te da miedo. Y empiezas a ver lo que amas y se convierte como en un sueño.”

Penetrar en la oscuridad representa la entrada a un lugar que está fuera de nuestro control, a un lugar donde cualquier cosa puede ocurrir y en el que hasta lo más inesperado nos puede ser revelado. Es la puerta de entrada a nuestros temores más profundos.

Conocidos los conceptos fundamentales que maneja su creador y sus propias declaraciones acerca de los mismos, es momento de comentar, desde el punto de vista crítico del que esto escribe, la obra que nos ocupa:

Bajo el idílico aspecto de la sociedad del bienestar yankee, caracterizada por paisajes florecidos, colores vivos y brillantes, deslumbrante luz solar en un clima agradable, adorables viviendas con jardín, niños cruzando la vía, un vehículo de bomberos circulando a cámara lenta y la canción “Blue Velvet”, de Bobby Vinton, sonando plácidamente, se esconde la más repulsiva podredumbre del ser humano. Enseguida, se produce el absurdo accidente de un hombre mayor regando su jardín (escena teñida de un sorprendente humor negro), y es entonces cuando la cámara de Lynch toma vida propia para sobrepasar el verde césped y adentrarse en las entrañas de la tierra donde diversos insectos se amontonan, poniéndonos sobre aviso, a través de la metáfora, de la perturbadora historia que, con ligeros tintes autobiográficos, a continuación se nos va a servir sin concesiones que valgan.

La belleza esconde fealdad y el Bien siempre existe en unión íntima e inexorable con el Mal, pudiendo ser éste último localizado en cualquier parte (la cercanía de la vivienda del protagonista respecto a los focos negativos) a pesar de que el aspecto externo pueda indicar lo contrario, como sucede en la comunidad maderera de Lumberton en la que se desarrollan los escabrosos sucesos que, más adelante y coincidiendo con la llegada de la noche, se revelarán con asombrosa contundencia. Este entorno que oculta más de lo que aparenta sería explotado posteriormente por Lynch con magníficos resultados en la reputada serie de televisión Twin Peaks (Twin Peaks, 1990-1991), en la incomprendida Twin Peaks. Fire Walk with me [tv: Twin Peaks, fuego camina conmigo] (centrada en la muy macabra vida de Laura Palmer, mujer deslumbrante durante el día y viciosa y pervertida al caer la noche en el ámbito de un pueblo de dos caras) y en la reciente Mulholland Drive (Mulholland Drive, 2001), que contiene el contraste entre, por un lado, el Hollywood dorado donde todos los sueños de éxito y fama pueden hacerse realidad y, por otro, las mafias, las coacciones y el desengaño amoroso como detonante de la tragedia y el fracaso: el reverso tenebroso, otra vez, del Sueño Americano.

Esta sociedad de apariencia impoluta donde la inocencia e incluso la candidez imperan en la superficie, contiene también su lado siniestro. La brutalidad, la desquiciada desviación sexual, los abusos y adicciones más enfermizas, la corrupción, los crímenes y mucho más se encuentran soterrados al amparo de un suave y engañoso envoltorio de “terciopelo azul” que será rasgado por la insana curiosidad del morboso antihéroe, Jeffrey Beaumont (fantástico, esquinado, Kyle MacLachlan), deseoso de experimentar nuevas sensaciones que le conducirán a un mundo tan depravado como extraño (“Es un mundo extraño”, expresión manifestada en varias ocasiones a lo largo del metraje).

Esta penetración en una atmósfera de pesadilla supone el despertar de la sexualidad extrema de un adolescente, víctima de una poderosa fascinación por la desconcertante cantante que sufre los abusos, vejaciones y chantajes del demente Frank Booth (sobrecogedora caracterización de un Dennis Hopper prácticamente ido), uno de los villanos más temibles y enloquecidos de la historia del cine. Sus perversiones sexuales son tan ilimitadas y su actitud tan radicalmente violenta que lo convierten en un ser imprevisible, sumamente peligroso; un tipo que, sin ir más lejos, necesita de una mascarilla de oxígeno “para ponerme en forma”.

Ambos personajes, Jeffrey y Frank, representan a entidades completamente opuestas que interactúan de un modo tan intenso que saltan auténticas chispas entre ellos, momentos en los que el espectador se identifica irremediablemente con el primero, sintiendo un desasosiego casi insoportable por lo que le sucede, viendo atacadas sus barreras morales debido a lo que Lynch nos ofrece con toda la crudeza imaginable pero sin caer en el exhibicionismo gratuito o grotesco. Aunque varios fragmentos del film se revelan como desagradables, la elegancia de la puesta en escena por parte del autor es de tal grado que surge la impresión de que todo lo que se muestra y el mecanismo utilizado para ello tienen su fundamento, causando, además, un contraste arrebatador entre momentos emotivos o poéticos con otros instantes donde fealdad y maldad se imponen con total virulencia.

El poder sugestivo de las imágenes y los sonidos consigue filtrarse en el subconsciente del público y provocar su emoción, su excitación y, al fin y al cabo, su participación en un relato que deviene absorbente hasta no dejar a nadie en la indiferencia, que desnuda a la sociedad y al propio ser humano para mostrar sus íntimas vergüenzas y derrumbar sus presuntas virtudes sacando a la luz, por consiguiente, las debilidades que lo atenazan.

Aunque, en principio, tales personajes antagónicos se consideren los símbolos del Bien y del Mal, lo cierto es que el espécimen teóricamente positivo e inocente no es otra cosa que un curioso y entrometido voyeur con inquietudes poco recomendables (“No sé si eres un detective o un pervertido”, le dice Sandy a Jeffrey cuando éste le cuenta su plan). En este sentido, se extrae un mensaje relativo a la ambigüedad moral que nos define y a la fina, casi imperceptible, línea que separa lo bueno de lo malo, la cordura de la locura, el placer del dolor; una frontera fácil de cruzar incluso en el lugar y el instante más insospechado.

La contraposición también cabría realizarla entre la impecable pareja clásica característica de la década de los cincuenta, compuesta por Jeffrey y Sandy (interpretada por la espléndida Laura Dern, con las apropiadas dosis de dulzura), y la moderna combinación formada por los desequilibrados Frank Booth y Dorothy Vallens (Isabella Rossellini, en un arriesgado papel de elevada dificultad dramática, encarna a una femme fatale tan agresiva como vulnerable). Si bien ambos jóvenes parecen no haber crecido lo suficiente ni haber vivido demasiadas experiencias vitales, sus contrarios han exprimido y agotado sus vidas hasta lo indecible, pasando a otra fase en la que el exceso y la aberración dominan su existencia. Por ello, los acontecimientos que vivirán los jóvenes les demostrarán que, tras una engañosa fachada impoluta y autocensurada, existe todo un mundo por descubrir donde tiene cabida la sordidez más exacerbada. Esta evolución hacia la madurez conllevará la pérdida de la citada inocencia y la superación del limpio amor adolescente para subir a un escalafón superior en el que las sensaciones fuertes esperan para destrozar la relación de pareja en su concepción clásica.

Su avidez por aprender, por recorrer lugares desconocidos, es irresistible, algo que se refleja con toda claridad en estas dos intervenciones del personaje de MacLachlan en diálogo con el de Laura Dern: “Hay oportunidades en la vida para aprender y adquirir experiencia. A veces es necesario correr un riesgo. Creo que quien entre en el apartamento de esa mujer, aprenderá mucho”. Y: “Nadie sospechará de nosotros porque nadie pensará que estamos lo suficientemente locos como para hacer una cosa así”.

Con el presente film, donde lo críptico, lo enigmático, que ha definido gran parte de la filmografía del director se encuentra atenuado, el genio de Montana se aproximó a la narrativa más “convencional” de su majestuosa El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) ya que el único elemento surrealista concierne a la oreja encontrada por Jeffrey en un descampado, un apéndice amputado que significará el origen del camino a la dimensión paralela que le llevará al autodescubrimiento y la búsqueda existencial.

Durante su tortuoso trayecto, los clásicos estandartes del American Way of Life y del Sueño Americano son dinamitados ante el nuevo prisma que se abre a raíz de su entrada en el apartamento de Dorothy, una travesura malsana de funestas consecuencias al destapar una caja de los truenos de la que emerge todo aquello que podríamos situar en el rincón más recóndito del alma humana. Y es que este camino emprendido por nuestro protagonista sigue una estructura circular, pues se inicia en el mundo iluminado por la bondad y las buenas costumbres, continúa con un descenso a los infiernos de lo oculto y finaliza nuevamente ante la plena luz del día y el confort, condimentado con un apunte final irónico que resume el sentido ambiguo de esta obra maestra: el precioso jilguero que mantiene a un insecto atrapado en su pico frente a la mirada de los personajes. Belleza y repulsa en un todo.

El suspense, la tensión creciente, los extravagantes y peculiares seres que pueblan el ambiente (en especial, todos y cada uno de los integrantes de la criminal fauna nocturna… como ese estrambótico Dean Stockwell… ), la subyugante banda sonora de un habitual, Angelo Badalamenti, la fotografía de Frederick Elmes (decisiva para lograr el citado contraste entre el universo idílico y el terrorífico), la creación de atmósferas o el misterio son algunos de los resortes que conforman un psycho-thriller turbador, romántico y sexual, próximo al mismísimo cine de Hitchcock y construido con la habilidad de quien maneja los elementos de los diversos géneros a la perfección para amoldarlos a sus propias inquietudes.

A día de hoy, es difícil determinar si Terciopelo azul es o no la mejor película de la trascendental filmografía de David Lynch, uno de los pocos creadores contemporáneos comprometidos con un universo personal e intransferible de atracción y originalidad dignos del máximo reconocimiento. Lo que sí es seguro es que supuso un punto de inflexión inolvidable, un empujón artístico arriesgado que rompió moldes, despertó pasiones, provocó la polémica y llegó a zarandear al público y la crítica.

Una magistral película de culto que aún hoy sigue produciendo un efecto de incalculable valor para cualquier obra artística que se precie: la fascinación del espectador.

“Yo empecé como pintor, en la escuela de Bellas Artes, pero un día estaba delante de un cuadro y me pareció ver que algo se movía en él. Desde entonces intento combinar sonido e imágenes de la mejor manera que puedo.”

· Para saber más: Review de Tim Dirks en  Filmsite (en inglés) [+]

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18 pensamientos en “It’s a Strange World: Una aproximación a “Terciopelo azul”

  1. Es un análisis fantástico en el que cada epígrafe podría ser utilizado para cualquier película de Lynch. La película también es genial, de hecho yo creo que es además la que mejor resume la experiencia de Lynch, eso de que “hay otros mundos en este”

    Realmente está curradísimo y muy,muy bien

  2. Gracias a todos. 😉

    Coincido contigo, pequeñoIban!, en cuanto a que es en “Terciopelo azul” donde, posiblemente, se puede apreciar mejor el gusto de Lynch por las dualidades y la exploración de mundos ocultos a descubrir bajo la superficie. Para mí es una película redonda y una de sus mejores obras. Yo diría que “El hombre elefante”, “Una historia verdadera” y “Terciopelo azul” son mis preferidas de su filmografía porque hay en ellas una contención que no evita que sean, también, personales. Digamos que son menos herméticas (por decirlo de algún modo) que otras y, para mí, más conseguidas.
    Quiero decir que “Carretera perdida”, “Mulholland Drive”, “Cabeza borradora” o “Twin Peaks: Fire Walk With Me” son muy apreciables, sí, pero tal vez alcanzan desvaríos que, dependiendo del día, a uno le pueden resultar más o menos irritantes.

    La película de la que hablamos es una de sus obras mayores sin lugar a dudas y supone un estupendo compendio de los temas que Lynch ha ido tratando.

  3. Alvy, respecto a Hitchcock… ¿Cómo no pensar en “La ventana indiscreta” cuando Jeffrey, escondido en el armario, observa lo que sucede en el apartamento de Dorothy? No sé si habrá sido conscientemente o no, pero yo veo ahí un paralelismo claro. Lo matizo porque en el artículo, que ya tiene unos añitos, no lo digo.

  4. Blue velvet es oniricamente bizarra, con toques de genero ¿¿ehn?? pero a pesar de eso muy comprensible y analizable. Aunque para mi el sumun de Lynch es “Wild at heart”. No he visto un solapamiento gráfico más memorable que el de Laura Dern pisoteando la cama convirtiendola en pista de baile del bar en la siguiente secuencia. Encantado de conocerle Max

  5. Bueno, la verdad es que poco se puede añadir a lo que escribiste, que suscribo sin reservas, y a lo que los compañeros han comentado. Si acaso incidir, ya que habéis mentado a Hitchcock en la carga sexual que hay en las miradas de los dos directores (quizá en Hitchcock, de forma reprimida, pero qué duda cabe de la sexualidad de Vértigo) y cómo Lynch en este film bascula entre diferentes formas de entender la sexualidad; desde lo naïf (Sandy y Jeffrey) a lo masoquista (Dorothy y Frank / Incluso a veces Dorothy y Jeffrey), pasando por lo sádico y lo sadomasoquista (Frank y Dorothy / Frank y Jeffrey, por ejemplo, especialmente la escena de la paliza a Jeffrey).
    De todas formas, también habría que hablar de dos elementos que tienen, a su manera, un peso específico en el film. Uno sería la música, sobre todo la no original, que incorpora a gente como Bobby Vinton o Roy Orbison, y cómo Lynch las emplea casi dietéticamente, integrándolas en la trama (Frank emplea en su discurso estrofas de Love Letters) y la de Orbison describe un poco el estado en el que se muestra la relación a tres bandas Frank – Dorothy – Jeffrey; El otro elemento sería el diseño de sonido, que creo que aquí seguía siendo obra de Alan Splet, y que sirve para crear un microcosmos personal, realzar la anormalidad presente en un contexto cotidiano, sin necesidad de recurrir al empleo material de lo bizarro, sino construyendo ambientes con la ayuda de sonidos incorporados a un contexto normal, apacible (la escena de los insectos bajo la hierba es un ejemplo de ello).
    Por cierto, que me ha hecho gracia el comentario que has hecho Max, al comparar La ventana indiscreta y Blue Velvet, porque en otro foro comenté esa misma relación, basándome en dos planos (Stewart mirando a través del objetivo fotográfico, y MacLachlan mirando a través del armario) que el cartel de una escuela de cine había empleado. Una coincidencia curiosa.
    En fin, perdón por la parrafada y por si he divagado considerablemente. Será la resaca post-reyes.

    Saludos!

  6. Muy interesante tu aportación, Nostalghia. Está claro que la música y los sonidos tienen un peso específico a la hora de generar sensaciones en el espectador que refuercen las imágenes. Es algo que Lynch siempre ha tenido muy en cuenta.

    Respecto a lo de “La ventana indiscreta”, yo veo bastante claro su proximidad con “Terciopelo azul” por lo que se refiere a ese personaje “voyeur” y tremendamente curioso, fascinado con la observación y que, además, se involucra en una investigación con tintes de crimen. Para mí está claro que esos planos que citas son parientes cercanos.

  7. Muy bueno tu artículo, realmente trabajado. No se si será la mejor de David Lynch (para mi al menos si) pero es una de esas películas que poco a poco se han ido haciendo un hueco en la historia del cine.
    Fantástico los comentarios de Lynch para explicar cada uno de los contenidos de la película, realmente ayuda a entender parte de su universo.

  8. Gracias, hombre. Los comentarios de Lynch, que son bastante significativos, los saqué de una revista “Fotogramas” de hace algunos años. Por aquel entonces aún se podía encontrar algo sustancioso en la revista.

  9. Mmmm… Quizás sea uno de los primeros en escribir un comentario negativo de esta película, y es que cuando a alguien se le ha tildado como “maestro”, “de culto”, etc, parece una herejía una crítica como la mía… pero aquí vamos.
    Blue Velvet es una mala película, en varios puntos. Primero, cae en los típicos contrastes ya clichés vistos en otras películas, como el contraste entre la claridad (inocencia, pureza) versus oscuridad (crueldad, maldad), por lo que desde ese punto de vista, no aporta algo demasiado importante.
    Las actuaciones (como en la mayoría de las películas de Lynch, salvo El Hombre Elefante, a mi juicio, su mejor película) son planas, excepto la notable actuación (hay que reconocerlo) de Dennis Hopper.
    Nunca he visto una crítica con este punto, pero si miramos ésta y otras películas, vemos que Lynch basa sus películas en un personaje central, una especie de héroe, atormentado, dubitante, inocente, que se ve envuelto en un mundo bajo, sucio, y es precisamente este héroe quien menos desarrolla el personaje. En Blue Velvet, eso no es la excepción, antecede la regla de sus futuras producciones.
    Otro punto bastante flojo de la película es el clásico “cliché” cinematográfico para captar la atención del público: Una intriga de crimen y sexo. Si tomamos casi toda la cinematografía de Lynch (con la gran excepción de A Straight Story), vemos que gira en torno a estos temas, repitiéndose a él mismo (Comparen la toma del auto en marcha en Carretera Perdida y en esta película).
    Los diálogos necesariamente deben ser rudos y sucios, para dar la idea de mezquindad, bajeza.
    A mí me pareció forzada la película, quizás, demasiado para que sea una historia, al menos, creíble desde el punto de vista del asombro. A mitad de camino de la peli ya imaginaba el final, y sabía que el amor iba a llegar entre los protagonistas ingenuos.

    Lo que es peor de Lynch, que siento que es un director que no busca comunicar su visión a los demás, sino mediante sus películas busca ensalzar su imagen de extraño, de bizarro, tratando de que la gente no lo entienda del todo o tenga que descifrarlo. Una especie de ego sado-masoquista. Y mientras más rara la película, mejor, porque así logra captar la atención de quienes lo idolatran, logrando páginas y páginas de comentarios e interpretaciones.
    Pero como en cosa de gustos no hay nada escrito, si a ustedes les gusta Lynch, bueno, ok. Por mi parte tengo otras preferencias en cuanto a directores.

  10. CORRECCIÓN

    Muy buena la critica a Lynch … pero hasta que punto no todos los directores serían egolatras en esa lógica ehh?
    Es cierto que es un cliché y la repetición de la repetidera pero funciona, es más relevante descubrir ¿por qué funciona que el sujeto repita tanto? ¿por qué es que capta la atención?

    Porque no es tan simple como decir es malo apesar de que todo el mundo le sigue viendo. A lo que me refiero es si fuese solo por el hecho de repetir el mismo cliché de siempre nadie lo vería porque lo mismo de lo mismo aburre a cualquier ,hasta a cualquier observador ingenuo,pues esta aversión es intuitiva instintiva.En cambio yo considero que se apodera del cliché para explorarlo con sus diferentes películas y esto me parece curioso el hecho de tratar una sola obsesión, aunque estoy de acuerdo con Felipe cuando dice que no aporta mucho (en otro sentido), es decir tratar solo una de las obsesiones cierra muchos caminos que me parece podría explorar muy bien como director.

    Por otro lado yo escucho un tono de critica en la misma pulcritud al tratar el tema ,al develar pulcritud en cuanto a temas grotescos se hace una critica a la manera en que apropiamos la critica, en español cuando escuchamos una critica en el momento nos enfurecemos y arremetemos contra todo pero luego simplemente la olvidamos y no dejamos nada de ello en nuestro ser, seguimos igual a como antes.

    Creo también que los personajes ,la mayoría están flojisimos muy estereotipados, muy planos, un antiheroe igual al de siempre ,la chica inocente de al lado y en agregado a esto creo que las actuaciones podrían haber hecho funcionar a los personajes si hubiesen ido mas allá de dialogo es decir a la representación en si misma, por ejemplo Laura Dern me parece muy floja y a la vez muy exagerada en cuanto lleva al personaje a un extremo aborrecible en vez de explorar las dimensiones del personaje.Sin embargo hay actuaciones excelentes como la de Rossellini que no es solo adecuada sino también intrigante, y buenas como la de Hopper por ser exacta.

    En todo caso la película es entretenida .

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