“Hijos de los hombres”

 

Children of Men (2006) / Director: Alfonso Cuarón / Guión: Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, David Arata, Mark Fergus y Hank Ostby, sobre la novela de P.D. James / Intérpretes: Clive Owen, Michael Caine, Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor, Charlie Hunnam, Claire-Hope Ashitey, Pam Ferris, Danny Huston, Peter Mullan.

En una larga, virtuosa y poderosa secuencia, una inquieta cámara en mano cuya lente se encuentra salpicada de sangre sigue a Theo, el personaje de Clive Owen, que trata de sobrevivir a un batalla campal en un mundo devastado y, por ende, de cumplir una misión tan trascendental que, de ella, podría depender el destino de sus congéneres. Se trata de uno de los pasajes más significativos de una fascinante película que genera múltiples sensaciones. El hiperrealismo deprimente, desolador, que luce Hijos de los hombres es su principal aval porque Alfonso Cuarón crea un futuro negrísimo y terroríficamente creíble que conecta de manera directa con los tiempos que corren. Estamos en Inglaterra, en el año 2027, y la ambientación en un mundo devastado, nauseabundo, que se acerca al apocalipsis, es efectiva al máximo gracias a un diseño de producción impagable. Puesto que la impresión es de espeluznante proximidad, nos sentimos como si estuviéramos allí, en el meollo de la fatalidad.

Todo se ha convertido en un caos creciente e implacable. En este futuro distópico, la infertilidad se ha apoderado de la humanidad para impulsarla hacia su fin. Sin la esperanza de poder engendrar nuevas vidas por alguna causa no explicada, el ser humano sabe que la especie está condenada a la extinción. Lo único que queda es destruir el mundo. Los activistas convertidos en terroristas y agrupados en guerrillas, los inmigrantes convertidos en apestados, las fuerzas de seguridad convertidas en fuerzas represoras que han revivido los campos de concentración, un gobierno en la sombra con formas totalitarias… Se ha perdido el control: sálvese quien pueda.

Mucho se ha hablado sobre que Hijos de los hombres sublima el continente en detrimento del contenido. En efecto, la película brilla especialmente en su magistral puesta en escena, en sus ejemplares planos-secuencia, en su manejo de la cámara al hombro, en su tenebrosa fotografía (obra de Emmanuel Lubezki, también en El nuevo mundo), en su increíble diseño de un escenario aterrador… El envoltorio, pues, es de auténtico lujo y consigue con creces lo que se propone: situarnos en unas circunstancias de extrema gravedad con verismo. Varias secuencias son tan memorables como crudas: el brutal atentado en la carretera, la surrealista escapada en ese coche que no arranca, el mortal periplo de Theo en el corazón de las tinieblas, las armas momentáneamente enmudecidas ante la nueva vida o el lírico final. Destellos dignos de cualquier elogio.

No obstante, tampoco es desdeñable, aunque a un nivel menor, su fondo. La idea de la infertilidad sirve a la perfección para hacernos entender que la desesperación y el pánico han cundido hasta el punto de darlo todo por perdido. Encaminados a dejar de existir, ¿qué más da lo que hagamos? ¿Acaso alguien heredará nuestro legado? No necesitamos que nos expliquen los motivos del desastre ni cómo se llegó a tal límite. Sencillamente, podemos deducirlo o imaginarlo por el contexto, que nos hace ubicarnos con facilidad en esa época que se parece demasiado a la nuestra. La problemática social es una versión amplificada de lo experimentado en la actualidad. La historia propone una trama sencilla, sin complicaciones, que desde mi punto de vista ejerce como detonante (como macguffin, decía el crítico Javier Ocaña) para que, a través de las ruinas y del deambular de los personajes, veamos lo que sucede mientras nos vamos al carajo.

El director mexicano evidencia un buen pulso narrativo y desarrolla su película mediante un cautivador crescendo que aporta picos de sobrecogedora intensidad. Elegantísimo en lo visual, capaz de aprovechar la profundidad de campo, evitando los excesivos cortes en el montaje e incluso dando en el mismo centro de la diana con la planificación (sirva como ejemplo ese doloroso plano largo que muestra, con una distancia que hiela la sangre, la muerte de cierto personaje), Cuarón, del que ya se conocía su cuidado estético, ha realizado un gran salto cualitativo en su carrera. Porque, además, inteligentemente cruza la ciencia-ficción pesimista con el terror, el drama, la acción y el suspense, configurando un completo conjunto que sólo el tiempo nos dirá si crece hasta la condición de clásico.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos de un magnífico Clive Owen, quien da vida a Theo, ese funcionario harto y cansado, resignado y angustiado, que podría estar, como se ha dicho en algún sitio, no muy lejos del Deckard de Blade Runner. Algo inesperado ocurre y Theo adopta el emotivo papel de (anti)heroico protector. Aún queda esperanza (¿o no?).

Valoración (0 a 5): 4,5

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12 pensamientos en ““Hijos de los hombres”

  1. Una de las mejores películas de ciencia ficción, y quizás la mejor en la rama apocalíptica o distópica.

    Te copio lo que puse en Film Affinity:

    “Mi comentario será corto. Cuarón consigue presentarnos la que quizás sea la película apocalíptica definitiva desde un punto de vista tan realista que pone los pelos de punta. Sin perder de vista a sus personajes y sus actores, desarrolla unas escenas de acción y violencia como pocas veces se han visto en un cine. Uno puede sentir la sangre salpicándole a la cara. Y luego aparece la última esperanza de la humanidad, esa suerte de Mesías negro que quizás salve el mundo o quizás sólo lo empeore aún más.

    Si queréis vivir una guerra y el fin de la humanidad como nunca antes, ésta es vuestra película. Qué técnica, dios mío. ¿Cuarón, eres la gran revelación del cine de acción? Ya lo creo.

    Los pelos de punta.”

  2. Es que me parece casi imposible no rendirse ante el despliegue de talento de Cuarón, que logra meternos en un infierno muy reconocible. Viendo algunas imágenes, me venía a la cabeza Irak.

    Y qué bien está Clive Owen, por dios…

  3. Increible esa búsqueda de la innovación en la consabida persecución en coche. Hace que la más lenta de la historia del cine sea endiabladamente emocionante.

    SPOILERAZO INCONMENSURABLE
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    Y qué grande ese mazazo hacia el principio que la emparenta a Psicosis por el shock que provoca en la audiencia. Qué cojones más bien puestos los de Cuarón.

  4. Qué decir que no se haya dicho ya… lo peor es que la gente le niegue la genialidad a Cuarón por llamarse Cuarón. Si se llamara Lynch, Polanski, Spielberg o Scorsese (y sin acritud hacia ellos) esta película sería candidata a 700 oscars y “clásico instantáneo”.

    ¡Maravillosa película!

  5. Coincido en todo. Una de las películas del año.
    Respecto a la alta calida formal, recomeindo los extras del DVD, donde se explica pormenorizadamente cómo se rodaron algunas escenas, especialmente la persecución en el coche: un prodigioso plano-secuencia grabado con una cámara construida “ad hoc” e instalada dentro del coche… Flipante.

  6. Pingback: “First Snow” « « Videodrome · BLOG de cine & tv »

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