Estrenos para hincar el diente

Plissken y Libertino ya nos lo adelantaban en sus respectivos blogs: Infiltrados, lo nuevo de Scorsese, es una película superlativa.

Espero verla esta noche si nada se tuerce, y para reforzar las grandes expectativas, echaré mano de la crítica generalista. Con todos ustedes, la reseña de Mirito Torreiro para El País:

Todos mienten 

Libremente basada en un filme de acción chino, Wu Jiao Dao, de Wai Keung Lau y Sin Fai Mak, que en Occidente se llamó Infernal Affairs, aunque trasladada su acción a Boston entre la actualidad y hace unos pocos años, Infiltrados es una ejemplar prolongación de las obsesiones de Scorsese por el mundo cerrado y agobiante de la mafia, y de uno sus grandes resortes: el engaño. Y cómo éste termina por hacer pagar sus más rigurosos peajes incluso a quienes mienten por una buena causa. Como casi siempre en el cine del ítalo-americano, estamos ante un universo en mutación del cual el cineasta, como muchos de sus personajes, se siente más y más ajeno. “Antes”, recuerda la voz en off al comienzo del filme, “teníamos la Iglesia, que era una forma de tenernos a nosotros”. Y ahora, sólo está la mafia, que es la personificación del mal, encarnado en el magnético, brutal Frank (un Jack Nicholson en su salsa), amo absoluto de gentes y haciendas.

En este mundo con un Dios oscurecido, el único lenguaje posible no es otro que el de la violencia. Y el de la doblez, la infiltración del título: porque la policía tiene a sus “tapados” entre los delincuentes, pero éstos también tienen a los suyos en los más altos cargos… una herencia histórica, porque como bien sabemos, la Ley bien puede ser el otro nombre con que conocemos al delito, y viceversa. Es en este universo en el que Scorsese hace jugar a sus peones, y lo hace con la maestría de quien domina absolutamente todos los resortes de la narración.

Porque si algo caracteriza a este filme ejemplarmente contado y mostrado es el hecho de que, a pesar de tener una trama que constantemente da vueltas sobre sí misma y con constantes cambios en la dirección de avance de la narración, es la facilidad con que el espectador se sitúa siempre ante la materia que se le cuenta. Como si de un prodigio se tratara, jamás se pierde desde la butaca el sentido de lo narrado, la claridad con que se ve y se comprende todo el complejo entuerto.

Y hay un solo responsable de ello: Scorsese. Su manera de acelerar el tiempo (¡ese brillante comienzo, con elipsis constantes, con quiebros perfectamente comprensibles!), pero también la forma de elongarlo, de estancarlo y hacerlo durar, subjetivamente, una eternidad para precipitar un dramatismo incontenible nos sitúan ante lo mejor de un cineasta que, ya ha sido dicho antes muchas veces, pero conviene tenerlo presente, es uno de los mayores y más torrenciales narradores clásicos con que cuenta el cine americano. Es el suyo un talento prodigioso, capaz de meter al espectador en un abrumador tiovivo de sensaciones, pero también de poderosos, impresionantes sentimientos. Y cuando se acaban sus más de dos horas y media de duración, la percepción no es otra que la de haber asistido a un corto, brutal fragmento de vida cogido en su exaltación más palpitante… no se puede hacer un elogio mayor a una película tersa, brutal, inmejorable.

Y si os queda un ratito libre y tenéis la suerte de vivir en un lugar donde estrenen Ellos, esa espléndida película de terror francesa que comenté en este post  hace tiempo, no lo dudéis por un momento. También Torreiro la comenta positivamente:

Terror de verdad 

Basada en una historia real, Ellos, debú en la realización de dos cortometrajistas franceses, cuenta una historia muy simple: el asedio a que es sometida una pareja de intelectuales franceses, que vive en las afueras de Bucarest. Eso es todo… y es mucho, muchísimo. Porque Ellos es una de las más diabólicas, concisas y logradas películas de terror que haya visto este cronista en años.

La clave es también conocida (hacer que no veamos jamás a los asediadores, situarnos siempre del lado de los asediados), pero los logros del filme tienen que ver con otros tres factores: la precisión de cirujanos que muestran los directores a la hora de componer la puesta en escena; la creación de un clima irrespirable y agobiante; y un crescendo de violencia que, sin ser jamás explicitada, deja literalmente sin aliento al respetable. Añádase a ello un epílogo moralmente demoledor y se tendrá la mejor garantía de pasarlo mal en la sala… que es a lo que va cualquier buen aficionado al género.

No está mal, no…

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