“Las diabólicas”

 

Les Diaboliques (1955) / Director: Henri-Georges Clouzot / Guión: Henri-Georges Clouzot, Jérome Géronimi, Frédéric Grendel y René Masson, sobre la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejak / Intérpretes: Simone Signoret, Véra Clouzot, Paul Meurisse, Charles Vanel, Jean Brochard.

Ilustre clásico del cine francés que dio lugar a un innecesario y olvidable remake perpetrado por Jeremiah Chechik (Diabolique, 1996, con Sharon Stone e Isabelle Adjani), Las diabólicas es un thriller de horror y suspense que fluye con una naturalidad pasmosa a raíz de su perfecta definición de personajes, la medida cadencia del desarrollo de su oscuro argumento y la carencia de golpes de efecto gratuitos. Clouzot y sus guionistas articulan una macabra historia donde la fría y decidida Nicole (Simone Signoret) y la insegura y sumisa Christina (Véra Clouzot), dos mujeres que ejercen de amante y esposa de Michel (Paul Meurisse) respectivamente, planean el asesinato del mismo, ya hartas de los abusos de las que son objeto por parte de un tipo tan dominante, pendenciero e insufrible.

El pulso de Clouzot a la hora de crear y sostener el suspense y la tensión, como ya demostró en la adrenalínica El salario del miedo (1953), es digno de reseñar, pues a partir de cierto suceso, que actúa como punto de inflexión en la narración, se origina un muy inquietante y enervante intento por zanjar el diabólico plan con éxito por parte de estas dos mujeres que afrontan el crimen de formas diferentes: mientras que Nicole se muestra imperturbable, Christina vive bajo el peso del temor y el remordimiento.

La atmósfera, realmente áspera, y el escenario, opresivo y aislado por consistir en un internado, componen el manto que engloba a este triángulo pasional de personajes en conflicto. Y es que la venganza, el engaño, el juego de la representación y las apariencias, ciertos detalles humorísticos excéntricos (ese inquilino cascarrabias…) y la combinación de luces y sombras dominan la función y uno tiende a pensar que, probablemente, Robert Aldrich se empapó de Las diabólicas al abordar su magnífica y granguiñolesca Canción de cuna para un cadáver (1964).

Y un apunte final todo lo discutible que se quiera y que forma parte de lo puramente subjetivo: un ritmo un tanto más vivo, mayor síntesis en el relato de los hechos y algún minuto menos de metraje hubieran favorecido la intensidad de una película que, como digo, resulta interesante por muchos factores y creó escuela.

Valoración (0 a 5): 4

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4 pensamientos en ““Las diabólicas”

  1. Apunte sobre la peli: me gustó bastante cuando la vi hace años, pero la tengo algo olvidada, la verdad es que la sublime (lástima de comienzo alargado, cachis!) El salario del miedo la supera por bastante.

    Apuntea offtopic: ¿Tienes idea de por qué Kesher ha cerrado su blog? 😕

  2. Joder, pues no tengo ni idea de por qué lo ha cerrado. Vaya sorpresa. A ver si se pasa por aquí y nos comenta algo… Es raro, raro…

    Estoy contigo respecto a que “El salario del miedo” es superior. Una maravilla que te pone los huevos por corbata sólo lastrada por un comienzo, como dices, excesivamente alargado. Arranca algo tarde.

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