“El diablo sobre ruedas”

 

“Era una agitación primitiva que resonaba en su mente, el grito de una bestia ancestral que saltaba sobre el cuerpo de su enemigo derrotado.”

Resulta que anoche leí el relato de Richard Matheson en el que se basó la espléndida El diablo sobre ruedas (Duel, 1971), la gran carta de presentación de ese talento llamado Steven Spielberg. Matheson, uno de los mejores escritores del género fantástico y autor, por ejemplo, de la indispensable Soy leyenda, ejerció como guionista y adaptó su propio relato con una fidelidad absoluta. Con mínimas variaciones, casi todo lo que acontece en la película ya se encuentra plasmado en el relato. Así, mientras se lee la joyita de Matheson, un autor con un estilo directo y muy visual, uno va recordando las imágenes de esa TV-movie repetida hasta la saciedad en televisión y que nos puso los pelos de punta en su momento.

En la película, Spielberg logra trasladar el relato con maestría, de tal forma que incluso consigue aumentar la tensión, la agonía y el desasosiego que uno percibe leyendo. Uno de los grandes aciertos del primer trabajo de relumbrón del Rey Midas fue el tratamiento del camión perseguidor y del conductor sin rostro del mismo. El camión que acosa al protagonista, David Mann (Dennis Weaver), por las inhóspitas y solitarias carreteras del sur de California es aterrador por la manera de representarlo en pantalla (sucio, viejo, oxidado, desvencijado, enorme, arrollador) y el acierto a la hora de administrar sus contundentes apariciones. Y, por si fuera poco, también acierta al dotar al villano de un misterio total ya que no conocemos su identidad ni a qué se debe su psicótico y calculador comportamiento.

La película es intensa a más no poder. Durante casi una hora y media, permanecemos con una soga en el cuello que Spielberg y Matheson se encargan de ajustar con mayor fuerza conforme pasan los minutos. El diablo sobre ruedas es un mecanismo muy bien engrasado que necesita de escasos elementos para atrapar la atención del respetable y producirnos una inquietud creciente. Un vendedor conduciendo su coche y que se convierte en presa, un camión a la caza y una carretera interminable son los protagonistas de este ejercicio de terror psicológico y bajo presupuesto que se desarrolla a un ritmo imparable y maneja sus fichas con ingenio para crear una situación inexplicable, absurda, kafkiana.

Un duelo a vida o muerte; desigual en la carretera. Un cochecito que ni siquiera corre mucho y un camión que posiblemente corre demasiado. Un hombre normal sometido al reto de la supervivencia y que se ha de endurecer para afrontar, cara a cara, a su adversario, un individuo a bordo de un camión como abstracción del Mal. Una road-movie con la mirada puesta en el fantástico y… el western.

Todo un icono que ha resultado muy influyente.

Richard Matheson trabajó mucho en el mundo del cine y la televisión como guionista. El increíble hombre menguante, La caída de la casa Usher, El pozo y el péndulo, El cuervo, El último hombre en la tierra, La comedia de los terrores o The Devil Rides Out son otros títulos ilustres que se beneficiaron de su labor, así como la serie The Twilight Zone, en la que adaptó alguno de sus relatos (como el conocido Pesadilla a 20.000 pies).

Ahora me toca leer una de sus novelas de referencia, El increíble hombre menguante (recientemente publicada por La factoría de ideas), libro en el que, por si a alguien le interesa, está incluido el relato de El diablo sobre ruedas.

Y ojo a la edición en DVD, muy recomendable según ZonaDVD. El análisis lo tenéis AQUÍ.

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14 pensamientos en ““El diablo sobre ruedas”

  1. Menudo peliculón. El vehículo como opresor y espacio opresivo. Es que cuando leí que era un tv-film me pareció anécdotico…. Spielberg es desde siempre un maestro en las situaciones de intriga. Y pocos han venido después de él (Shyamalan y para de contar).

    ¡Un saludo!

  2. Es verdaderamente genial. Curioso que luego su verdadero debut cinematográfico fuera tan…. absolutamentei-nsoportable-por-dios-que-cancer-es-goldie-hawn-pero-que-buena-esta-kate-hudson.
    ¡Y además es una peli de Steven sin final doble! ¡Guau! De mis favoritas, sin duda.

  3. “El diablo sobre ruedas” pertenece a uno de los dos periodos en los que Spielberg todavía molaba. El primer periodo empezó y terminó con esta película, y durante el segundo sólo rodó “Tiburón”.

  4. Pues de la última etapa spielbergiana, “Minority Report” me parece excelente y sigo creyendo que “Munich” es una obra maestra (y la mejor película de su filmografía, para mi gusto).

    Y me gustaría reivindicar la muy poco valorada “El Imperio del Sol”, ya que estamos, que me parece grande.

    Es decir, Marnie, que a ti sólo te gusta “El diablo sobre ruedas” y “Tiburón”. Qué dura eres…

  5. “El diablo sobre ruedas” es mi segunda peli preferida de Spielberg tras la gran obra maestra que es “Tiburón”. El triunvirato de mis preferidas lo cierra la mítica “Encuentros en la tercera fase”. Vaya tres pelis.

    Para mi Spielberg nunca a igualado ese nivel, quizá donde más se acerco fue en “Salvar al soldado Ryan”, en “Minority Report”, pero solo a ratos, y en el inicio de la de Indiana en el templo maldito.
    “Munich” para mi gusto entraría en ese grupo perseguidor (si se me permite el símil).
    Si es que parece que mejora con la edad, y aún nos espera su gran peli… ¿mejor que “Tiburón”? va a estar jodido

  6. Gran película, y bueno, un escritor solvente, el cual me apasiona más como lo cuenta que lo que cuenta. En cuanto a Spielberg, que decir de este maestro: ¿su obra maestra? “Inteligencia Artificial”, hermosa y dolorosa…

    Saludos

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