“Deseos humanos”

Human Desire (1954) / Director: Fritz Lang / Guión: Alfred Hayes, sobre la novela “La Bete Humaine”, de Émile Zola / Intérpretes: Glenn Ford, Gloria Grahame, Broderick Crawford, Edgar Buchanan, Kathleen Case.

En 1938, Jean Renoir adaptó la novela homónima de Émile Zola en su película, La Bestia humana. En 1954, Fritz Lang dirigía este remake del film o readaptación de la novela para contar una sórdida historia en torno a un maquinista, ex combatiente en Corea, que se ve involucrado en un crimen pasional.

Carl (Broderick Crawford) requiere la ayuda de su joven esposa, Vicki (Gloria Grahame), para recuperar su trabajo ferroviario. Vicki conoce desde hace años a Owens, el jefe, e impulsada por su marido pide el favor de que lo readmitan. Lo consigue, pero vuelve a casa y Carl, loco de celos, sospecha que Vicki ha obtenido lo que se proponían a cambio de ciertos favores sexuales. El siguiente paso del agresivo y alcohólico esposo es matar a Owens mientras viaja en tren. Más adelante, ella conoce a un maquinista, Jeff Warren (Glenn Ford), a quien involucrará en el estropicio.

Deseos humanos, desde mi punto de vista y a diferencia de lo que muchos opinan, es superior a La Bestia Humana. Allí donde Renoir imponía un ritmo mortecino, sus personajes resultaban distantes y la realización se antojaba un tanto abrupta, Lang logra dirigir con un pulso narrativo ágil y modélico, dota a sus imágenes de una elegancia inusitada mediante suaves movimientos de cámara, diseña una puesta en escena de precisión matemática, compone personajes cercanos, creíbles y consistentes y plasma una banda sonora muy presente que intensifica la lírica de cada momento. Porque Deseos humanos es una delicia elaborada con economía de medios, que no usa más de lo que necesita y atrapa irremisiblemente al espectador que se acerca a ella, no sólo por la maestría de Lang en los aspectos técnicos sino también por la labor de sus excelentes intérpretes, entre los que destaca una femme fatale de campeonato, muy de film noir, Gloria Grahame.

Dos años antes, Fritz Lang había dirigido uno de los grandes referentes del cine negro de todos los tiempos, Los sobornados (The Big Heat, 1952), una obra maestra protagonizada por Glenn Ford y Gloria Grahame en dos enérgicos papeles caracterizados por la tragedia y la violencia. Después, Ford y Grahame repitieron en Deseos humanos y volvieron a hacer gala de su nivel interpretativo. Fundamentalmente, creo que es en la actriz donde reside el mayor atractivo. Su personaje de mujer consciente de su belleza para manejar a los hombres y la inmoralidad que destila, siendo capaz de mentir y engañar sin escrúpulos, conlleva que uno, claro, caiga rendido a sus pies. Y es que el personaje de Ford puedes ser tú o puedo ser yo; es imposible no caer en las redes y verse tentado a cometer un crimen si al final del túnel aparece la ilusión de estar con ella.

Deseos humanos contiene algunos de los impulsos naturales en la especie humana: sexo, pasión, amor, celos, odio, violencia, muerte, ambición, engaño, manipulación, cinismo… La película está envuelta de un tono entre trágico y amargo sólo roto por la vitalidad de la hija del compañero de máquina de Jeff Warren y sus personajes aparecen empapados de maldad, demostrando que en ellos se encuentra, agazapada o no, la capacidad de cometer actos atroces, es decir, la bestia que todos llevamos dentro.

Obra maestra.

Valoración (0 a 5): 5

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10 pensamientos en ““Deseos humanos”

  1. Qué gran pelicula la de Lang! Obra Maestra. Y es que de Lang asusta la cantidad de Obras Maestras que hizo, es uno de mis directores decabecera, mi gusto iria: M, Perversidad, Metropolis, La mujer del cuadro, Deseos humanos, Solo se vive una vez, Los sobornados, Moonfleet… como 5!!, que ya esta bien.(van 8)
    Como curiosidad Langiana, recomendarte “El desprecio” de Godard, si no la viste, donde Lang se interpreta a si mismo y suelta frases lapidarias, como que su mejor película y la única en la cual le dejaron hacer lo que quiso fue en “M”. Y sale la Bardot jovencita!
    La de Renoir no la vi. Y no es el único caso de paralelismos Lang-Renoir. “Perversidad” se basa en la misma novela que se basa “La golfa” (1931) de Jean Renoir. Curioso ¿no?

  2. ¿Habeis visto “De repente” o “Repentinamente” (Suddenly)?
    El título depende de la distribuidora.
    Es un thriller noir muy entretenido con Sinatra de maloso.
    Siempre le he tenido cariño a esta peliculita de setenta y pocos minutos.
    Mr. Renn, ya me ha bajado Calvaire, ya le contaré!

  3. De Lang he visto Metrópolis, M el vampiro de Dusseldorf, El testamento del Dr. Mabuse, Furia, Sólo se vive una vez, Los sobornados y Deseos humanos. En breve veré Perversidad, Encubridora, La mujer del cuadro y Los contrabandistas de Moonfleet. Os mantendré informados.

    “El desprecio” y “Suddenly” no las he visto.

    Libertino, ya verás cómo sufres con “Calvaire”. 8)

  4. Reconozco que cuando vi esta película no lo hice en las mejores condiciones posibles, y no lo digo porque estuviera haciendo el pino encima de un cactus y con los ojos vendados frente al televisor, pero es que por la tele, con los dichosos anuncios por medio y a no sé qué horas de la madrugada y con bastante sueño encima, pues no es lo mismo. Todo esto para decir que me gustó bastante, pero no me entusiasmó. Está muy bien planificada y ejecutada, y los personajes tienen mucha miga, pero la historia en sí no me atrajo excesivamente. Supongo que eso que tú resumes como “Y es que el personaje de Ford puedes ser tú o puedo ser yo; es imposible no caer en las redes y verse tentado a cometer un crimen si al final del túnel aparece la ilusión de estar con ella.”, pues a mí como que es una situación que me resbala algo más 😄

    Lo que veo que no destacas, y fue precisamente lo que a mí más me llamó la atención al margen de lo comentado, son algunas de las sentencias lapidarias que se van colando en los diálogos, en plan guerra de sexos, tópicos sobre la relación hombres-mujeres y tal. Si no hubiera estado haciendo el pino encima del cactus, a lo mejor hasta me acordaría de alguna para poner un ejemplo.

  5. Efectivamente, Marnie, esas sentencias lapidarias es otro de los elementos que cabría destacar. Las frasecitas de las traen.

    Tirando de la imdb, he encontrado:

    Ellen Simmons: What would you men do if there were no women around to sew your buttons on?
    Alec Simmons: Without women we wouldn’t need any buttons!

    jojojojo… 8)

  6. Sí, sí, eran perlas de este tipo 😄 Creo que tendré que revisar la película sólo para volver a escuchar esas sentencias lapidarias y anotármelas en una libretita 😄

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    Human Desire (1954) / Director: Fritz Lang / Guión: Alfred Hayes, sobre la novela “La Bete Humaine”, de Émile Zola / Intérpretes: Glenn Ford, Gloria Grahame, Broderick Crawford, Edgar Buchanan, Kathleen Case.

    En 1938, Jean Renoir adaptó la novela homónima de Émile Zola en su película, La Bestia humana. En 1954, Fritz Lang dirigía este remake del film o readaptación de la novela para contar una sórdida historia en torno a un maquinista, ex combatiente en Corea, que se ve involucrado en un crimen pasional.

    Carl (Broderick Crawford) requiere la ayuda de su joven esposa, Vicki (Gloria Grahame), para recuperar su trabajo ferroviario. Vicki conoce desde hace años a Owens, el jefe, e impulsada por su marido pide el favor de que lo readmitan. Lo consigue, pero vuelve a casa y Carl, loco de celos, sospecha que Vicki ha obtenido lo que se proponían a cambio de ciertos favores sexuales. El siguiente paso del agresivo y alcohólico esposo es matar a Owens mientras viaja en tren. Más adelante, ella conoce a un maquinista, Jeff Warren (Glenn Ford), a quien involucrará en el estropicio.

    Deseos humanos, desde mi punto de vista y a diferencia de lo que muchos opinan, es superior a La Bestia Humana. Allí donde Renoir imponía un ritmo mortecino, sus personajes resultaban distantes y la realización se antojaba un tanto abrupta, Lang logra dirigir con un pulso narrativo ágil y modélico, dota a sus imágenes de una elegancia inusitada mediante suaves movimientos de cámara, diseña una puesta en escena de precisión matemática, compone personajes cercanos, creíbles y consistentes y plasma una banda sonora muy presente que intensifica la lírica de cada momento. Porque Deseos humanos es una delicia elaborada con economía de medios, que no usa más de lo que necesita y atrapa irremisiblemente al espectador que se acerca a ella, no sólo por la maestría de Lang en los aspectos técnicos sino también por la labor de sus excelentes intérpretes, entre los que destaca una femme fatale de campeonato, muy de film noir, Gloria Grahame.

    Dos años antes, Fritz Lang había dirigido uno de los grandes referentes del cine negro de todos los tiempos, Los sobornados (The Big Heat, 1952), una obra maestra protagonizada por Glenn Ford y Gloria Grahame en dos enérgicos papeles caracterizados por la tragedia y la violencia. Después, Ford y Grahame repitieron en Deseos humanos y volvieron a hacer gala de su nivel interpretativo. Fundamentalmente, creo que es en la actriz donde reside el mayor atractivo. Su personaje de mujer consciente de su belleza para manejar a los hombres y la inmoralidad que destila, siendo capaz de mentir y engañar sin escrúpulos, conlleva que uno, claro, caiga rendido a sus pies. Y es que el personaje de Ford puedes ser tú o puedo ser yo; es imposible no caer en las redes y verse tentado a cometer un crimen si al final del túnel aparece la ilusión de estar con ella.

    Deseos humanos contiene algunos de los impulsos naturales en la especie humana: sexo, pasión, amor, celos, odio, violencia, muerte, ambición, engaño, manipulación, cinismo… La película está envuelta de un tono entre trágico y amargo sólo roto por la vitalidad de la hija del compañero de máquina de Jeff Warren y sus personajes aparecen empapados de maldad, demostrando que en ellos se encuentra, agazapada o no, la capacidad de cometer actos atroces, es decir, la bestia que todos llevamos dentro.

    Obra maestra.

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    En 1938, Jean Renoir adaptó la novela homónima de Émile Zola en su película, La Bestia humana. En 1954, Fritz Lang dirigía este remake del film o readaptación de la novela para contar una sórdida historia en torno a un maquinista, ex combatiente en Corea, que se ve involucrado en un crimen pasional.

    Carl (Broderick Crawford) requiere la ayuda de su joven esposa, Vicki (Gloria Grahame), para recuperar su trabajo ferroviario. Vicki conoce desde hace años a Owens, el jefe, e impulsada por su marido pide el favor de que lo readmitan. Lo consigue, pero vuelve a casa y Carl, loco de celos, sospecha que Vicki ha obtenido lo que se proponían a cambio de ciertos favores sexuales. El siguiente paso del agresivo y alcohólico esposo es matar a Owens mientras viaja en tren. Más adelante, ella conoce a un maquinista, Jeff Warren (Glenn Ford), a quien involucrará en el estropicio.

    Deseos humanos, desde mi punto de vista y a diferencia de lo que muchos opinan, es superior a La Bestia Humana. Allí donde Renoir imponía un ritmo mortecino, sus personajes resultaban distantes y la realización se antojaba un tanto abrupta, Lang logra dirigir con un pulso narrativo ágil y modélico, dota a sus imágenes de una elegancia inusitada mediante suaves movimientos de cámara, diseña una puesta en escena de precisión matemática, compone personajes cercanos, creíbles y consistentes y plasma una banda sonora muy presente que intensifica la lírica de cada momento. Porque Deseos humanos es una delicia elaborada con economía de medios, que no usa más de lo que necesita y atrapa irremisiblemente al espectador que se acerca a ella, no sólo por la maestría de Lang en los aspectos técnicos sino también por la labor de sus excelentes intérpretes, entre los que destaca una femme fatale de campeonato, muy de film noir, Gloria Grahame.

    Dos años antes, Fritz Lang había dirigido uno de los grandes referentes del cine negro de todos los tiempos, Los sobornados (The Big Heat, 1952), una obra maestra protagonizada por Glenn Ford y Gloria Grahame en dos enérgicos papeles caracterizados por la tragedia y la violencia. Después, Ford y Grahame repitieron en Deseos humanos y volvieron a hacer gala de su nivel interpretativo. Fundamentalmente, creo que es en la actriz donde reside el mayor atractivo. Su personaje de mujer consciente de su belleza para manejar a los hombres y la inmoralidad que destila, siendo capaz de mentir y engañar sin escrúpulos, conlleva que uno, claro, caiga rendido a sus pies. Y es que el personaje de Ford puedes ser tú o puedo ser yo; es imposible no caer en las redes y verse tentado a cometer un crimen si al final del túnel aparece la ilusión de estar con ella.

    Deseos humanos contiene algunos de los impulsos naturales en la especie humana: sexo, pasión, amor, celos, odio, violencia, muerte, ambición, engaño, manipulación, cinismo… La película está envuelta de un tono entre trágico y amargo sólo roto por la vitalidad de la hija del compañero de máquina de Jeff Warren y sus personajes aparecen empapados de maldad, demostrando que en ellos se encuentra, agazapada o no, la capacidad de cometer actos atroces, es decir, la bestia que todos llevamos dentro.

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    En 1938, Jean Renoir adaptó la novela homónima de Émile Zola en su película, La Bestia humana. En 1954, Fritz Lang dirigía este remake del film o readaptación de la novela para contar una sórdida historia en torno a un maquinista, ex combatiente en Corea, que se ve involucrado en un crimen pasional.8)

    Carl (Broderick Crawford) requiere la ayuda de su joven esposa, Vicki (Gloria Grahame), para recuperar su trabajo ferroviario. Vicki conoce desde hace años a Owens, el jefe, e impulsada por su marido pide el favor de que lo readmitan. Lo consigue, pero vuelve a casa y Carl, loco de celos, sospecha que Vicki ha obtenido lo que se proponían a cambio de ciertos favores sexuales. El siguiente paso del agresivo y alcohólico esposo es matar a Owens mientras viaja en tren. Más adelante, ella conoce a un maquinista, Jeff Warren (Glenn Ford), a quien involucrará en el estropicio.8)

    Deseos humanos, desde mi punto de vista y a diferencia de lo que muchos opinan, es superior a La Bestia Humana. Allí donde Renoir imponía un ritmo mortecino, sus personajes resultaban distantes y la realización se antojaba un tanto abrupta, Lang logra dirigir con un pulso narrativo ágil y modélico, dota a sus imágenes de una elegancia inusitada mediante suaves movimientos de cámara, diseña una puesta en escena de precisión matemática, compone personajes cercanos, creíbles y consistentes y plasma una banda sonora muy presente que intensifica la lírica de cada momento. Porque Deseos humanos es una delicia elaborada con economía de medios, que no usa más de lo que necesita y atrapa irremisiblemente al espectador que se acerca a ella, no sólo por la maestría de Lang en los aspectos técnicos sino también por la labor de sus excelentes intérpretes, entre los que destaca una femme fatale de campeonato, muy de film noir, Gloria Grahame.8)

    Dos años antes, Fritz Lang había dirigido uno de los grandes referentes del cine negro de todos los tiempos, Los sobornados (The Big Heat, 1952), una obra maestra protagonizada por Glenn Ford y Gloria Grahame en dos enérgicos papeles caracterizados por la tragedia y la violencia. Después, Ford y Grahame repitieron en Deseos humanos y volvieron a hacer gala de su nivel interpretativo. Fundamentalmente, creo que es en la actriz donde reside el mayor atractivo. Su personaje de mujer consciente de su belleza para manejar a los hombres y la inmoralidad que destila, siendo capaz de mentir y engañar sin escrúpulos, conlleva que uno, claro, caiga rendido a sus pies. Y es que el personaje de Ford puedes ser tú o puedo ser yo; es imposible no caer en las redes y verse tentado a cometer un crimen si al final del túnel aparece la ilusión de estar con ella.8)

    Deseos humanos contiene algunos de los impulsos naturales en la especie humana: sexo, pasión, amor, celos, odio, violencia, muerte, ambición, engaño, manipulación, cinismo… La película está envuelta de un tono entre trágico y amargo sólo roto por la vitalidad de la hija del compañero de máquina de Jeff Warren y sus personajes aparecen empapados de maldad, demostrando que en ellos se encuentra, agazapada o no, la capacidad de cometer actos atroces, es decir, la bestia que todos llevamos dentro.8)8)
    8)8)
    Obra maestra.8)8)

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