“Uno Rojo: División de choque”

De momento, parece que mi conexión ha vuelto un poco a la normalidad (no sé por cuánto tiempo), así que aprovecho para postear una reseña que publiqué en mi anterior blog sobre este peliculón: 

The Big Red One (1980) / Director: Samuel Fuller / Guión: Samuel Fuller / Intérpretes: Lee Marvin, Mark Hamill, Robert Carradine, Bobby Di Cicco, Kelly Ward.

Uno Rojo: División de choque, de mi admirado Samuel Fuller, y en su nueva e inédita versión extendida y remontada, es una de las películas que lideran mis preferencias particulares; no en vano, su impacto ha sido tal que, sin miedo alguno, me atrevo a afirmar que no sólo es la mejor película bélica que he visto, sino que además se corona como una de las experiencias cinematográficas más deslumbrantes que he vivido.

Samuel Fuller fue combatiente en la Primera División de Infantería durante la II Guerra Mundial. Sus múltiples y ricas vivencias en el frente, en el meollo del horror bélico, le sirvieron para acometer un ambicioso y personalísimo proyecto donde depositó todo su genio, volcándose en él y plasmando elementos autobiográficos. Fuller vivió la guerra en primera persona, y pocos, por lo tanto, podían estar más legitimados que él para contar lo que se cocía en el corazón de las tinieblas.

Como no podía ser de otra forma, el estudio se encargó de erosionar el film mediante un bajo presupuesto y el derecho a reservarse la potestad sobre el montaje final. El resultado fue insatisfactorio para Fuller, ya que el metraje quedó recortado hasta verse reducido a una duración de tan sólo 113 minutos, lo que adulteró gravemente las intenciones del director. Muchas escenas relevantes habían quedado eliminadas, pero éste es el sambenito, por lo visto, de algunas de las mejores películas de la historia: joyas que, a pesar de las dificultades impuestas por los productores, acaban reponiéndose ante la adversidad y brillando en toda su magnificencia.

Afortunadamente, el inquieto crítico, productor e historiador de cine Richard Schickel se decidió a hacer justicia a la visión original contemplada por Fuller, iniciando un largo proceso de recuperación del material descartado más de 20 años antes. Orientándose por medio del guión original en su versión definitiva, Schickel lideró el trabajo de reconstrucción de una película mutilada que pedía a gritos un lavado de cara. Remontada, restaurada y remasterizada, la nueva versión extendida incorpora más de 40 minutos inéditos que contribuyen a acercarla a lo que pretendió su director.

Lo que encontramos, así, es una maravillosa epopeya épica sin parangón y desarrollada de manera episódica, a modo de vivencias encadenadas. El impresionante, enérgico y descarnado prólogo de aproximadamente cinco minutos, en blanco y negro, está protagonizado por el personaje principal, un sargento (encarnado por un crepuscular Lee Marvin) que lucha en una I Guerra Mundial que, sin él saberlo, ya agoniza hacia su fin. A partir de una nota de color (un pedazo de cinta roja de la gorra de un enemigo, símbolo después de la División “The Big Red One”), una elipsis magistral nos traslada a la II Guerra Mundial, con el mismo personaje, ya curtido y de vuelta de todo, liderando a un escuadrón formado por un grupo de jóvenes y cuya posición es la primera línea de fuego.

De manera casi permanente, la narración acompaña al duro sargento y a sus afortunados y descreídos cuatro Jinetes del Apocalipsis (Mark Hamill –como soldado titubeante, sembrado de dudas-, Robert Carradine –como escritor, trasunto del propio Fuller-, Bobby DiCicco y Kelly Ward) a lo largo de los diversos episodios bélicos (las invasiones del norte de África, de Sicilia, el desembarco de Normandía, en Omaha Beach, etc…) que conforman la trama. Fuller no juzga; simplemente, expone, narra, cuenta, transmite lo que ocurre.

Combinando la acción de combate (filmada con un estilo cercano y crudo) con los instantes reflexivos e introspectivos (tratados con toda humanidad y sensibilidad), la película resulta hiperrealista y atesora la gran virtud de contar con un equilibrio perfecto, justo, sabiendo cuándo ha de acelerar la marcha y mostrar la batalla en todo su violento esplendor y cuándo, por el contrario, ha de pisar el freno y otorgar un espacio íntimo a sus personajes para que los conozcamos y seamos testigos, a través de sus diálogos, semblantes o actitudes, de sus inquietudes, miedos, temores…

El objetivo es sobrevivir a la pesadilla, al caos, a la brutalidad humana. El escuadrón vive variadas experiencias durante su camino teñido por la muerte: desde las más delirantes y extravagantes (lo que acontece en un manicomio) hasta las más estremecedoras (la tremenda escena de la mina castradora o el demoledor desembarco en Normandía). Cualquier cosa tiene cabida en un escenario demencial donde la esperanza se circunscribe a sobrevivir a costa de matar al prójimo, donde es posible perder la razón (atención al personaje de Hamill, disparando sin descanso a un alemán ya muerto), donde pueden tener lugar momentos tan descorazonadores como el referido a la relación entre un demacrado niño, liberado de un espeluznante campo de exterminio nazi, y el sargento, quizás el clímax más dramático, emotivo y doloroso que un servidor haya visto en su vida (lagrimones, oigan).

Y el final, sencillamente impecable, cierra el círculo de la forma más adecuada posible, simbolizando que la muerte ha sobrepasado a la guerra, que ni siquiera el teórico fin de las hostilidades puede acabar con el exterminio mutuo del ser humano.

Una obra maestra sin paliativos, de credibilidad aplastante, objetivamente soberbia (guión, interpretaciones, fotografía, música), adelantada a su tiempo, que profundiza en los personajes y evade el espectáculo propio de las películas sobre la grandeza del tema y que, al fin y a la postre, se antoja muy influyente, en mayor o menor medida, en aproximaciones bélicas tan distintas como Salvar al soldado Ryan o La delgada línea roja. De obligado visionado, no cabe duda.

Valoración (0 a 5): 5

7 pensamientos en ““Uno Rojo: División de choque”

  1. No te creas que soy yo muy del bélico, pero “Doce del Patíbulo” está entres mis pelis favoritas.
    Creo que después está “El sargento de hierro”, pero tengo que pensarlo un poco.

  2. No te creas que soy yo muy del bélico, pero “Doce del Patíbulo” está entres mis pelis favoritas.
    Creo que después está “El sargento de hierro”, pero tengo que pensarlo un poco.
    Esta no la he visto, aunque mi ex-jefe me abrasaba por ello…

  3. Deberías hacerle caso a tu ex-jefe. Está editada en DVD en doble disco, remasterizada y con el metraje adicional. Para mí, indispensable. Posiblemente, mi película bélica favorita, incluso por encima de “Apocalypse Now” y en dura pugna con la colosal “Senderos de gloria”.

    A mí también me gusta “Doce del patíbulo” (hay que ver qué grande era Robert Aldrich).

  4. Obra maestra del cine en estado puro; no se si mejor que “Apocalypse Now” pero sí a la altura. Insuperable, la mires por donde la mires. Yo creo que el plano final de Lee Marvin soltando aquella frase, define todo lo que Fuller nos trata de dar a enteder; inconmensurable.
    Sam Fuller fue uno de los mejores artesanos que ha tenido el cine, aparte de un dios.

  5. tengo 41 años y vi esa peli cuando tenia 20 y aun me hace llorar, soy belicista por el medio q me rodea..esta pelicula demuestra q el peor enemigo del hombre esta dentro de si mismo

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