“Caché”

Caché (2005) / Director: Michael Haneke / Guión: Michael Haneke / Intérpretes: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Bernard Le Coq, Walid Afkir.

¿Qué ocurriría si fueses grabado por alguien con una cámara de vídeo y luego la cinta llegase a personas importantes en tu vida?

¿Qué ocurriría si esas cintas registrasen una versión poco edificante de ti mismo?

¿Qué ocurriría si desconocieses cuándo vas a ser grabado y quién es el autor de esta práctica?

¿Qué ocurriría si las imágenes te indicasen que el autor conoce detalles de tu vida?

¿Y si mantuvieses algo bajo secreto, oculto, perteneciente a tu pasado que preferirías que no saliera a la luz?

En Caché, el director austríaco Michael Haneke, autor de una de las películas más escalofriantes que servidor haya visto (la gran Funny Games), habla sobre las consecuencias de nuestros actos y cómo el pasado nos persigue y acaba atrapando por mucho que huyamos, causándonos la culpabilidad y, por derivación, la angustia del pecado cometido. El planteamiento de la película genera inquietud porque Haneke lleva a cabo un tratamiento realista de una situación extraña, la de una familia acomodada que recibe cintas de vídeo anónimas en las que aparecen planos únicos y estáticos. En las primeras cintas, sólo un plano de varios minutos de duración que muestra una imagen exterior de su hogar; en las otras, las imágenes cambian y ya aluden a elementos de la vida de Georges (Daniel Auteuil), un presentador de televisión. El personaje interpretado por el actor francés y Ann (Juliette Binoche), su mujer, visionan las cintas y no saben qué hacer o a quién acudir. Más adelante, los envíos se revelarán como un dedo acusador, como un testimonio audiovisual quién sabe si manipulado (y que ostenta un paralelismo con la labor del presentador a la hora de montar y cortar las intervenciones de los invitados de su programa).

Caché no es una película fácil. En ella encontramos largos planos estáticos y varios tiempos muertos que pueden causar impaciencia e incluso exasperación. También, la ausencia de música, la gélida puesta en escena y una cámara que evade todo lucimiento provocan que lo que vemos nos parezca tan cercano como frío y desangelado. Es evidente que Haneke pretende influir en el espectador lo menos posible y por ello minimiza los recursos que el cine ofrece, pero esa renuncia despoja a la película de tantas armas que aparece desnuda, vacía, hermética, y su interés se concentra, casi exclusivamente, en el suspense generado a raíz de su intrigante planteamiento. 

Además, no cabe duda de que la situación de partida, misteriosa e incierta, nos lleva a que sintamos la curiosidad de saber qué demonios está sucediendo aquí y qué pasará, pero conforme avanza la cinta nos topamos con un contenido sociopolítico y de conflicto racial no todo lo atractivo ni interesante que uno desearía, siendo un discurso que a estas alturas suena a cansino. Mucho ruido y pocas nueces; muchos enigmas y pocas respuestas; mucho prestigio crítico y poca “chicha”.

Auteuil y Binoche vuelven a demostrar el probado talento que atesoran con oficio y la historia crea suspense y una inquietud permanente, como decía, pero acaba sabiendo a poco debido a su excesiva austeridad narrativa -que bordea el sopor-, a la vertiente social por la que se inclina -ya manida y decididamente menos interesante de lo que se prometía-, a su decisión de no resolver lo planteado -ni siquiera sugiere un motivo o una posibilidad- y al tratamiento tan inexpresivo del drama, siendo difícil involucrarse en la historia.

No me ha convencido y me ha producido cierta indiferencia, si bien reconozco la capacidad del austríaco para desasosegar con economía de medios y ese acercamiento crudo tan característico de sus personales propuestas.

Valoración (0 a 5): 2,5

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7 pensamientos en ““Caché”

  1. A mí me encanta por la lectura que se puede sacar sobre los mecanismos de la ficción, lo audiovisual y el cine, uno de los temas fundamentales de Haneke, como demuestra en Funny Games y Código desconocido.

    Si se conecta con estas obras anteriores, vemos que Haneke presenta de forma muy particular el elemento demiúrgico (fundamental en toda ficción) de sus películas como forma de evidenciar su carácter ficticio por mucho que formalmente (planos fijos, planos secuencia, panorámicas) se presenten como realistas. Si en Funny Games lo hacía con los guiños a cámara o con el truco del mando a distancia y en Código desconocido se servía del juego realidad-ficción del personaje de Binoche, en Caché lleva al extremo la metanarratividad gracias a las cintas de vídeo. Esa es mi visión y que traté varias veces de explicar en un foro:

    ———————————————————————————–
    Me encanta el uso que hace de la metanarrativa, lanzando la idea del demiurgo a la cara del espectador con la intención de darle en los ojos. Ha llegado hasta el punto de crear un meta-macguffin, las cintas de vídeo y su anónimo remitente. Da igual que sea el propio director quién las envíe, lo que está claro es que son elementos ajenos a la película, extra-diegéticos, pero que son la misma película, sus imágenes, siendo vistas por ella misma y sus protagonistas.

    (…)

    [el macguffin] Obviamente en el caso de Caché se trata de las cintas de vídeo, catalizadoras y propiciadoras de la acción de la película, pero que a su vez muestran imágenes de la propia película, lo que tienen registrado pertenece a la realidad de los protagonistas, que a nosotros los espectadores muchas veces se nos muestra con el mismo estilo de grabación en plano fijo de las cintas, aunque no se explicite (como en el momento del suicidio). Así, esas imágenes resultan el macguffin de las cintas, que son el macguffin de la película, o sea, de esas imágenes.

    (…)

    Para mí las cintas que valen de excusa argumental lo son, en tanto que su naturaleza es así mismo una excusa argumental. Sin imágenes no habría cintas sin las que no habría imágenes.
    ————————————————————————————-

    Perdón por el dolor de cabeza 😀

  2. Sr. Toldo, a mí también me atraen e interesan los temas de los que trata Haneke. La manipulación de lo audiovisual, la metalingüística y tal me seducen a priori y considero estimulante y loable lo que propone Haneke. El problema, ay, es que me resultan bastante exasperantes esos planos tan dilatados y esa narración tan poco dinámica e incluso farragosa. Además, la denuncia social que la película parece llevar a cabo en relación al tratamiento de los inmigrantes y la forma abrupta de zanjar la película no me convencen en absoluto.
    No es una mala película, desde luego, pero me ha dejado excesivamente frío y sin ningún ánimo de volverla a ver en los próximos 30 años. 😛
    Yo de Haneke he visto dos películas: “Funny Games” me pareció una obra maestra brutal, estremecedora; y “Caché” me ha dejado demasiado indiferente. Próximo visionado: “El tiempo del lobo” (me la trae la mula 🙂 ).

  3. Acabo de ver Caché esta tarde, y aún sin digerirla, completamente de acuerdo con el Señor Toldo. Me he pasado todo el visionado muy inquieto, con los nervios a flor de piel, y con una sensación de acojone que aún me dura. Precisamente, el que no se sepa quién ha hecho las cintas, aunque nadie es sospecho, por el tipo de plano y lugares donde esta la cámara, solo hace pensar en un demiurgo externo, el propio Haneke, que destroza la vida de varias personas colocando un elemento extraño (¿fantástico?) en el relato. Impresionante. De Haneke he visto “El Castillo” ( le doy un 2 sobre 5), Funny Games (4), Código Desconocido (5), “La Pianista” (3) y está “Caché” dudo entre un 4+ o un 5. Cuando se me pase el susto ya colgaré una reseña en mi blog. Saludos

  4. Michael Haneke no es un director fácil, pero me gusta.

    Después de conseguir una de las películas más importantes de los noventa, “Funny Games” (imprescindible y en mi TOP3 particular de esa década junto a “Pulp Fiction” y “Ed Wood”) y obras de notable repercusión, como “Código desconocido” o “La pianista” (la más floja a mi parecer) vuelve, tras la apocalíptica “El tiempo del lobo”, a amargar la existencia de sus personajes.

    Esta vez se trata de un matrimonio que empieza a recibir videos con grabaciones de su hogar y amenazadoras cartas, con su ración de paranioia consiguiente.

    Haneke, como siempre, coloca la cámara y “le da al REC”, (literal) rodando el 75% del film con sus habituales planos secuencia extremadamente largos y desesperantes para primerizos.

    Un par de momentos “Made in Haneke” estupendos coronan la función provocando el desasosiego habitual.

  5. Buenas, saludos.

    Yo creo que más que el hecho de cómo el pasado puede salirnos al paso sin previo aviso con toda su carga de culpa por nuestras acciones, Haneke intenta retratar más bien la resistencia a aceptar la propia responsabilidad de nuestros actos, y que lo que quiere es, bueno, en cierta forma, castigar a sus personajes por ello. Lo del contenido sociopolítico y el discurso racial, yo creo que solo es un recurso para establecer una analogía entre el mensaje que quiere articular con la historia de sus protagonistas y esa misma situación, pero a un nivel social; creo que Haneke tiró de ese marco de referencia como podía haber tirado de otro.

    Por cierto, que totalmente de acuerdo con el Señor Toldo ahí arriba, y contigo en que Funny Games es de las películas que te dejan paralizado.

  6. No voy a hacer una crítica con vuestra facilidad de palabra y tecnicismos cinematográficos, pero la verdad es que esta peli es la polla, no entiendo la ‘injusta’ puntuación.

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