Archivos para la Categoría 'Lecturas'

31
Mar
09

Dossier Cine fantástico 2008 en Pasadizo.com

Desde hace ya diez años, Pasadizo.com está presente en la red ofreciendo contenidos para el lector aficionado al género fantástico. En nuestro empeño por seguir mejorando día a día publicamos este Dossier 2008, realizado por más de veinte colaboradores del portal, y en donde encontrarás un amplio repaso a todo lo que nos ha dejado el género a lo largo del año, tanto en películas como en series de televisión.

Un repaso por medio de completas críticas, dividiendo la producción por temáticas y nacionalidades: cine de animación, adaptaciones del cómic y literarias, secuelas y remakes, cine americano, europeo y de otras latitudes, fantaterror español, estrenos directos a dvd, series de televisión, así como tablas de puntuaciones de todas las películas estrenadas en 2008 por nuestro equipo de críticos a los que se este año se suman especialistas en género fantástico de la talla de Ángel Sala, Carlos Losilla, Pedro Calleja, Tonio L. Alarcón, Tomás Fernández Valentí, Antonio José Navarro o Sergi Sánchez, entre otros.

Carlos Díaz Maroto (Ed.)

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Ya está aquí el Dossier de Cine fantástico 2008 de Pasadizo.com: Se trata de un completísimo repaso de más de 300 páginas sobre todo lo que nos ha dado el género fantástico en el 2008 tanto en cine (estrenos en España) como en televisión, incluyendo algunas de las películas estrenadas directamente en DVD. Una enorme cantidad de reseñas (de calidad) por parte del Equipo Pasadizo y un cuadro de puntuaciones elaborado por críticos y colaboradores de la web conforman el espléndido contenido de un trabajo elaborado, de estupendo diseño y maquetación y apto para ser degustado con detenimiento.

He tenido el placer de colaborar en el Dossier mediante algunos textos, escribiendo sobre dos series de TV (True Blood y Fear Itself) y unas cuantas películas (Soy un Cyborg, El territorio de la bestia (Rogue), Saw 5, El patito feo y yo, El valiente Despereaux, Parking 2, Storm Warning, Aparecidos, Bottom Feeder, Boogeyman 2 y Wind Chill) .

Podéis descargar este extenso documento en formato .pdf en el siguiente enlace: CLICK!

Espero que sea de vuestro interés.

16
Dic
08

Artículo: “Daredevil: Born Again” [Colaboración en Pasadizo]

- Artículo que he publicado en Pasadizo.com: CLICK!

BORN AGAIN: LA ÉPICA DEL RENACIMIENTO SEGÚN FRANK MILLER

Por Manel Lledó Bertomeu (Altea, Alicante. España)

Frank Miller, que había despuntado relanzando la colección de Daredevil, retomó el personaje para crear, junto al dibujante David Mazzucchelli, una de sus obras más logradas y capitales: Daredevil: Born Again, un arco narrativo rompedor e inolvidable que, publicado en 1986, abarcaría un total de siete números (del 227 al 233 USA) que figuran con letras de oro en la historia del cómic norteamericano.

1 – Sentando las bases de su visión del superhéroe

Pero antes de escribir la odisea definitiva del superhéroe, en 1979 Miller ya había comenzado a revolucionar la colección de Marvel tras debutar en el número 158 USA. Primero como dibujante y luego haciéndose cargo tanto del guión como del apartado gráfico (con la colaboración inestimable de Klaus Janson), el autor desplegó unos niveles de calidad que hoy por hoy se antojan indiscutibles y cuya influencia ha sido fundamental en el devenir de esta suerte de justiciero urbano ciego. Daredevil, entonces, fue relanzado gracias a un joven e impetuoso artista decidido a hacer algo grande, a llevar al superhéroe a la mayoría de edad mediante guiones inteligentes y adultos que le otorgaban matices psicológicos que progresivamente fueron desarrollados y exprimidos hasta las últimas consecuencias. Miller, así, escarbó con fruición en la psique del protagonista y le dotó de un peso realista enfrentándolo a dilemas morales, hablando de su pasado, haciéndole experimentar tragedias y tormentos sin desperdicio, llevándole a sufrir con sangre, sudor y lágrimas…

Se trataba, en definitiva, de caracterizarlo con profundidad, de perfilar una personalidad definida e, incluso, de situarlo a ras de tierra para que el lector se identificase, se involucrase. Aquel que se aproximase al cómic tenía que vibrar con los avatares de un tipo con mallas y bastón. Daredevil, por lo tanto, no había de ser un superhombre intocable por encima del bien y del mal y cuyas acciones no tuvieran consecuencias. No, no era una deidad intocable, sino un hombre con un don poderoso que, en cualquier caso, no le eximía de frecuentar las luces y las sombras. El componente dramático y emocional que se generaba a raíz de la humanización del protagonista tenía que existir y ser convenientemente potenciado.

Naturalmente, tal introspección se combinaba con altas dosis de épica como consecuencia del contundente estilo de Frank Miller basado en una apasionada fuerza narrativa gracias al recurso del poderoso monólogo interior, un ritmo que jamás desfallecía y unas viñetas tendentes a sublimar la acción por medio de violentas coreografías muy físicas, además de elaborar una composición de página siempre dinámica. Lo plano, lo banal y las medias tintas no tenían cabida, pues se buscaba la intensidad y la grandeza en todos los órdenes del cómic.

Muy probablemente, la aportación más valorada del autor durante esta etapa fue la creación del personaje de Elektra Natchios, una fascinante antiheroína ninja azotada por la tragedia familiar y abocada a ganarse la vida como asesina a sueldo gracias a su rabia interna y a un dominio sobrenatural de las artes marciales. Su affaire amoroso con Matt Murdock y su salvaje enfrentamiento con el temible y psicótico Bullseye, un villano remozado por Miller, fueron, sin duda, algunos de los clímax que alcanzó la colección a nivel dramático y épico, que son, precisamente, los dos pilares sobre los que se asentaba el estilo milleriano.

La concepción de la urbe como escenario inmenso y rugoso fue, asimismo, otra de las constantes esenciales, pues ejercía como peligroso telón de fondo en el que acontecía la acción. La Cocina del Infierno (Hell’s Kitchen), ese barrio de Manhattan tradicionalmente considerado como el underworld de Nueva York, se erigía en un campo abonado para la delincuencia y el crimen organizado. La presencia de la ciudad, de esta manera, era muy palpable y requería, por supuesto, de alguien que pusiese orden en ella: un héroe comprometido e identificado con el lugar en el que creció.

Ya en 1982, como decía al inicio de este artículo, el autor cerró su primera etapa con el personaje, y para ello se empleó a fondo con una excelente historia titulada Ruleta, donde exploraba con madurez y prisma reflexivo el papel influyente del superhéroe y la violencia en el mundo (caótico) de hoy.

2 – Born Again: La épica del renacimiento

Afortunadamente, y tras el discreto paso del guionista Denny O’Neil por la serie en lo que se antoja una fase de transición, Frank Miller regresó a sus orígenes para obviar lo que habían hecho otros y finiquitar su labor con el personaje que había desarrollado con tanto mimo. La guinda final consistiría en contar una última y explosiva historia en la que mataría al superhéroe (Daredevil) para que sólo sobreviviese el hombre (Matt Murdock).

Tal era su ambicioso objetivo.

2.1 – Simbología e iconografía católica

Born Again. Nacer otra vez. Muerte y resurrección. El fallecimiento del pecador y el resurgimiento de un ser redimido y purificado tras la agonía de su paso por el infierno.

Sirviéndose de la simbología católica como perfecta metáfora, Miller derrumba al protagonista, lo despoja de asideros, lo somete a un purgatorio donde expía su culpa, lo desciende al infierno, lo destroza física y moralmente en un calvario sin fin… Unas etapas necesarias, en fin, para que después sea posible provocar su renacimiento como un hombre nuevo mediante la ayuda ¿simbólica? de la maternal monja Maggie, quien acoge en su seno al caído y reza por él implorando piedad y salvación. Resultan emblemáticas, en este sentido, dos geniales viñetas: en una, vemos a Murdock demacrado junto a Maggie, estando ambos en una postura que remite directamente a La Piedad de Miguel Ángel; en otra, Murdock/Jesucristo se encuentra en paz, en postura de ya crucificado y bajado de la cruz. La redención se ha completado.

“Su alma está aturdida.
Pero es un hombre bueno, Señor.
Sólo necesita que le enseñes tu camino. Entonces se levantará y
será en esta ciudad una espada de luz en tus manos, Señor.
Si he de ser castigada, sea.
Si he de ir al infierno, sea.
Pero perdónalo.
Tanta gente le necesita.
Escucha mi plegaria.”

(Maggie)

Daredevil es un personaje complejo y ambiguo. Abogado defensor de día y justiciero urbano de noche. Un hombre que defiende la ley bajo la identidad de Murdock y que, sin embargo, se toma la justicia por su mano cuando anochece y se enfunda su traje: ¿Cabe mayor contradicción? ¿Qué vertiente es más efectiva para combatir el crimen? ¿Quizás una combinación de ambas? ¿Puede alguien mantenerse en su sano juicio ante tal dicotomía?… El Hombre sin Miedo no es un superhéroe al uso. No cabe el maniqueísmo. Tampoco los blancos y negros. Porque, sin ir más lejos, estamos ante la tesitura de un tipo católico que se disfraza de diablo.

2.2 – Archienemigos “bigger than life”

En Born Again, Wilson Fisk (alias Kingpin), presentado como el archienemigo que actúa en la sombra en el papel de un gran jefe de la mafia, el crimen y la corrupción de Nueva York, averigua la identidad de Daredevil a raíz de la traición que comete Karen Page/Judas, antigua novia de Murdock, que, desesperada y desamparada, vende su mejor secreto a cambio de una dosis de droga. Este hecho provoca el comienzo de un infierno vital que casi reduce a cenizas a un tipo ya en declive y a quien ni siquiera es capaz de salvar su amigo Foggy Nelson. Y a la decadencia del mismo contribuye un Kingpin tratado como un ser casi omnipotente, inabarcable, y no sólo de presencia física en forma de mole, sino también como un estratega calculador. Su plan no es otro que el de ir haciendo pedazos, con lentitud y sadismo, la vida de un hombre que sólo se siente cómodo y liberado cuando asume el rol de Daredevil, lo que le permite desahogar la furia y la frustración de su anodina existencia como abogado en paro. Es fruta madura. Tan sólo es necesario mover algunos hilos para sacudir el frutal…

2.3 – Auge, caída y levantamiento

Lo que acontece después, relativo al desmoronamiento, apocalipsis, purificación, redención y renacimiento, ya ha sido apuntado previamente y supone un esquema seguido por Miller a lo largo de su trayectoria. Hacer morder el polvo al héroe e impulsar una nueva puesta en pie del mismo para que luche frente a un enemigo poderosísimo en un entorno hostil que no le ofrece comprensión (ni compasión) es recurrente, de hecho. Así, la victoria, si es que se produce, se entiende como el producto del sacrificio y de la superación personal de alguien que jamás se rinde. Y el autor de Batman: Año Uno lo hace mejor que nadie sirviéndose no sólo del factor visual sino también de la densidad de unos personajes que se confiesan al lector mediante feroces monólogos internos (Murdock, Karen, el periodista Ben Urich y Kingpin) que aportan sus diferentes puntos de vista.

2.4 – Vitriólica sátira sociopolítica

Resulta imposible obviar, por si no fuera suficiente, la sátira sociopolítica de ramificaciones militares que tanto gusta al autor. Ahí tenemos, de hecho, al supersoldado Nuke, que se antoja un trasunto perturbado y oscuro del Capitán América, siendo utilizado, tras una breve referencia a Vietnam, como letal arma en una incursión intervencionista del ejército norteamericano en Nicaragua y que, después, es reclutado y manipulado ideológicamente por Kingpin para que siembre el caos y el terrorismo. O al mismísimo Capitán América en una aparición estelar como idealista extremo (“No soy leal a nada… excepto al Sueño”) de valores patrióticos indoblegables.

O, también, la alusión a lo corrompible que puede resultar el ejército y al poder de destrucción masiva y de devastación de las armas. Unas buenas cargas de profundidad nada anecdóticas.

2.5 – Un equipo creativo bien avenido

Todo lo expuesto fue servido en bandeja de oro por Frank Miller y David Mazzucchelli (espléndido de veras sacando partido de ese estilo de dibujo clásico, claro, sin aspavientos) con crudeza, visceralidad, realismo y un toque de extravagancia un tanto desconcertante (esa enfermera forzuda…). Sin ir más lejos, esta dupla creativa logró con creces algo que está al alcance de muy pocos: contar esa crónica de caída y ascenso sólo haciendo uso de lo estrictamente necesario, sin aditivos superfluos, es decir, desde una envidiable capacidad de síntesis habida cuenta de un conjunto (guión y dibujo) de precisión casi matemática. Los dibujos, que tan pronto nos acercaban a los personajes hasta tocarlos como nos impactaban con secuencias de acción o imágenes reveladoras (ese Daredevil rodeado por las llamas de un infierno figurado, por ejemplo), ejercía como perfecta plasmación.

La pasión y el dolor, presentes en todo momento, imprimían su marca a fuego para no abandonarnos hasta una última viñeta a toda página de efecto liberador.

3 – La etapa cumbre de Frank Miller

Fue a mediados de la década de los años 80 cuando el hoy polifacético Frank Miller (Olney, Maryland, 1957) deslumbró encadenando una serie de magníficos cómics, lo que supuso, muy posiblemente, el punto creativo más alto de su carrera. Aparte de las excepcionales cotas alcanzadas en Daredevil: Born Again, en 1986 sacudió a la crítica y al público mediante una obra maestra, Batman: El Regreso del Señor de la Noche (Batman: The Dark Knight Returns), que mostraba a un Batman envejecido y de vuelta de todo enmarcado en un mundo decadente, ultraviolento, enloquecido y cercano a lo posapocalíptico. Este personaje icónico de DC fue concebido como un hombre belicoso, brutal, solitario, de tendencias suicidas y ajeno al sistema. Incluso compartía algo con Born Again: la aproximación al crepúsculo de un super(anti)héroe herido pero no muerto, la mirada despiadada hacia sus miserias en forma de inmersión psicológica y moral, las referencias a una política del terror y la inclinación a desarrollar una de sus historias definitivas.

También en 1986 apabullaría con otro espectacular e inquietante título, Elektra: Asesina (Electra: Assassin), una miniserie donde edificaba un abrumador tour de force narrativo convenientemente enriquecido con múltiples aspectos pasados por su particular túrmix (ninjas, cyborgs, implicaciones políticas extremadamente ácidas que remiten a la era Reagan, destrucción por doquier, armamento pesado, etc…) y llevado a las máximas alturas con la contribución de un gran Bill Sienkiewicz, cuyo estilo gráfico de tintes experimentales resultaba impagable. Esta propuesta del todo magistral amplificó el universo de Elektra hasta lo imposible al concebir una historia que soporta infinitas relecturas.

Este Frank Miller en estado de gracia, en permanente derroche de ideas y más afianzado que nunca en virtud de su vigorosísimo pulso como storyteller superdotado, afrontaría, a continuación, otro de sus cómics más inspirados. De nuevo junto a David Mazzucchelli, en Batman: Año Uno (Batman: Year One) reformuló los orígenes del personaje sobre una clara base de género negro y policial y siempre pendiente de un enfoque realista. Otorgando un importante protagonismo al comisario Gordon como observador privilegiado, nos cuenta los primeros pasos de un hombre marcado por una tragedia de su infancia y su posterior conversión en un Caballero Oscuro en lucha obsesiva contra la delincuencia de la ciudad de Gotham. Otro ejemplo de concisión y dominio total de la narrativa.

El arco narrativo Born Again comprende los siguientes números (con sus títulos en castellano):

Nº 227 – APOCALIPSIS

Nº 228 – PURGATORIO

Nº 229 – ¡PARIA!

Nº 230 – NACER OTRA VEZ

Nº 231 – SALVADO

Nº 232 – DIOS Y PATRIA

Nº 233 – ARMAGEDDON

29
Oct
08

Tres de Batman [Cómic]

 

Puesto que Batman es uno de mis personajes favoritos, recientemente me agencié tres cómics sobre el enmascarado que, además, vienen avalados por nombres de peso: Paul Pope, Sam Kieth y Ed Brubaker. Y todos ellos, digámoslo ya, cumplen con creces los mínimos exigibles de calidad.

- Batman: Año 100 (Planeta, 240 páginas) se ambienta en un futuro extraño por decadente, por caótico, por hacer convivir la suciedad de los escenarios y algunos cachivaches funcionales y poco sofisticados de Batman (incluyendo su propia indumentaria, dotada de costuras y tal) con aparatejos y naves ultramodernas.

Paul Pope, que se hace cargo del dibujo y el guión, es un autor que maneja con soltura la ciencia-ficción y los universos desquiciantes (como demostró en Heavy Liquid). Aquí logra completar un trabajo gráfico imaginativo y tan peculiar como febril, lo que, al fin y al cabo, es el mejor valor de un cómic que desarrolla una historia distópica privativa de libertades y privacidades que, si bien está narrada con tesón, no presenta demasiadas novedades en su intriga. Por lo tanto, es el diseño realista (entiéndase) del personaje, reformulado a partir de estándares clásicos, y la creación de un mundo futurista de pesadilla los mayores atractivos.

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- Leyendas de Batman Nº11: Secretos (Planeta, 128 páginas) también destaca fundamentalmente por su singular y retorcido apartado gráfico. Sam Kieth dibuja y escribe un cómic que se basa en el enfrentamiento entre un Joker histriónico, caricaturesco y del todo enloquecido con un Batman corpulento, grandote y serio. El villano trata de tumbar a su enemigo valiéndose de sus tendencias psicóticas y del sensacionalismo de los medios de comunicación.

El autor se inspira en el magistral dibujo de Dave McKean en Arkham Asylum y en el duelo directo entre los antagonistas (atención a los brillantes interludios verbales) que nos mostró Alan Moore en La broma asesina. Estos referentes inexcusables funcionan bien en manos de un Kieth que, además, incluye recuerdos infantiles que marcaron a Bruce Wayne. El resultado es un cómic vistoso, entretenido, delirante, extravagante y absolutamente coherente en la trayectoria del autor de otras obras recomendables como Ojo o la divertida Lobezno: Hulk – Historia de Po.

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- The Man who Laughs (que se incluye en el tomo Batman Arkham Nº 01: Joker, Planeta, 208 páginas) es una historia que sintetiza a la perfección la personalidad del Joker, un terrorista escalofriante al que sólo le importa sembrar el pánico y la muerte. Por ello resulta tan peligroso e incontrolable. No tiene límites. Y en este cómic, Ed Brubaker, muy habilidoso en el uso del monólogo interno por parte de Gordon y Batman, un tanto al estilo de Batman: Año Uno, y mirando de reojo, claro, a La broma asesina, nos cuenta el ataque brutal que planea e intenta ejecutar el Joker sobre la ciudad de Gotham. El guionista, que sin duda tiene muy en cuenta la labor que hizo Frank Miller en su visceral tratamiento de estos personajes, entiende a las mil maravillas no sólo el perfil extremo del villano sino también la responsabilidad y firmeza moral de ese comisario Gordon atormentado por la ola de crímenes y rodeado de incompetentes.

Un relato sólido, unos diálogos cuidados y unos caracteres perfilados como debe ser son los pilares sobre los que se apoya un tebeo de los buenos.

03
Oct
08

“Isaac, el pirata” [Cómic]

Sumergirte de lleno en un cómic que logra absorberte, sentir cercanos a los personajes, vibrar con sus aventuras y desventuras, creerte lo que sucede, comprender sus motivaciones, sentimientos y comportamientos… ¿Acaso no son sensaciones maravillosas? Pues Isaac, el pirata, serie de la que acabo de leer los tres primeros álbumes (Las Américas, Los hielos y Olga), triunfa, y de qué manera, deslumbrando a un servidor. Porque uno no puede hacer otra cosa que rendirse ante un cómic magnífico que logra algo tan difícil como la identificación con los personajes y el entendimiento de los mismos. Son vidas palpables sometidas a evolución y cambio.

Christophe Blain, talentoso dibujante y estupendo guionista, narra los avatares de Isaac, un pintor que acaba embarcándose en una aventura de consecuencias tremendas en alta mar, y, paralelamente, de su amada Alice, que se queda en tierra esperando. Ambos personajes, tratados de forma exquisita, vivirán cambios en sus vidas: Isaac se las verá con la tripulación y con las ambiciones del capitán del barco, un tipo con delirios de suicida descubridor, y Alice conocerá a un hombre apuesto que la cortejará. El punto de partida es el Paris del siglo XVIII.

La acción fluye con dinamismo y suavidad. La narración, controlada hasta el extremo, resulta tan cuidada y medida que la lectura avanza sin bruscos tirones ni molestos parones. El ritmo, por lo tanto, es un prodigio. Nada parece puesto al azar o fruto del capricho. Blain acelera, desacelera o frena y a uno le da la impresión de que el autor siempre lo hace en el momento justo y conforme a las necesidades de la historia, ya sea en los momentos íntimos o en los instantes de mayor acción.

Cabe destacar, además, la caracterización de los personajes, plenos de vida y autenticidad, de virtudes y defectos, de luces y sombras. Por ello es posible disfrutar y sufrir con ellos; porque lo que ocurre no queda en saco roto sino que importa. Y el dibujo del autor francés, minimalista y caricaturesco, se ajusta como un guante con una eficacia absoluta dado que, partiendo de una aparente sencillez, alcanza insospechados grados de complejidad ya sea en sus pasajes dramáticos, cómicos o de pura aventura. Trayectorias vitales sujetas al devenir del destino y a experiencias varias: desde el romanticismo y el sentido de la maravilla a las miserias humanas, los abismos morales y las hostilidades. Y sin necesidad, atención, de apoyarse en abundantes diálogos o textos explicativos, sino en el poder del dibujo, en las acciones de los personajes.

Otro aspecto a remarcar poderosamente es el uso del color. Es en verdad asombroso, magistral. Y es que el color es un elemento fundamental para completar lo narrado y añadir matices potenciadores. Los efectos de luz diurnos, la ambientación en interiores o exteriores, las envolventes noches, el clima cambiante de los lugares por los que navegan Isaac y compañía… Absolutamente todo es plasmado con una credibilidad fuera de lo común. Y prueba de lo expuesto se encuentra de manera muy notoria en el segundo álbum, Los hielos, donde Blain conduce a los piratas a un entorno helado y genera, por ejemplo, uno de esos mágicos instantes de fascinación: cuando los piratas asisten a una aurora boreal y el verde domina las viñetas.

Y ahora, claro, no me queda otra que ir a por los dos siguientes álbumes editados por Norma: La Capital y Jacques.

Para saber más (y mucho mejor), no dudéis en pinchar en estos indispensables enlaces procedentes de La Cárcel de Papel y Con c de arte, dos blogs fundamentales y necesarios cuyos autores, Álvaro Pons y Pepo Pérez (respectivamente), realizan una labor que me parece impagable: La Cárcel de Papel: Una de piratas, Con c de arte: Entrevista a Christophe Blain, Con c de arte: Olga, Con c de arte: Jacques [+]

03
Ene
08

La nueva gamberrada de Palahniuk

 

Chuck Palahniuk regresa con Rant: La vida de un asesino (Mondadori, 2007, 316 páginas), una novela que espero agenciarme próximamente para no faltar a mi obligada cita con este divertido y corrosivo autor.

Hoy, leyendo el suplemento EL CULTURAL de El Mundo, he encontrado una crítica acerca del libro y he recordado que ya va siendo hora de recibir una buena dosis de Palahniuk en vena. El argumento hace referencia al recuerdo que en sus amigos dejó Buster Casey, un joven que, según la sinopsis, “fue un asesino. Vivió al límite. Mató a tanta gente como pudo. Buster Casey Fue el líder de una banda que se dedicaba a estrellar coches y a acumular cadáveres y chatarra. Toda una fiesta. Buster Casey murió joven, y dejó huella. (…)”.

Tras la muy inquietante (aunque desigual) Fantasmas, veremos qué nos depara su última y nueva gamberrada. Yo, que soy palahniukiano, no necesito demasiado para disfrutarla siempre y cuando su estilo afilado y su sentido vitriólico y cínico, tan cachondo (y romántico) en el fondo, sigan presentes con el furor habitual.

29
Dic
07

Seguimos en la carretera

Más sobre La carretera:

 

El experto Javier Aguirresarobe (El sol del membrillo, La madre muerta, Días contados, Tierra, El milagro de P. Tinto, Los Otros, Hable con ella, Mar adentro, etc… ) se hará cargo de la fotografía en la adaptación de la novela al cine. Su incorporación al proyecto, junto al australiano John Hillcoat (director de ese atípico y excelente western atmosférico titulado The Proposition) y Viggo Mortensen como protagonista, es algo que promete. Todo un desafío, en definitiva, el que va a afrontar este director de fotografía vasco a la hora de reflejar el desolador mundo de Cormac McCarthy.

En EL PAÍS (28/12/07):

JUAN CRUZ 

Javier Aguirresarobe, uno de los directores de fotografía más importantes del mundo, hablaba en México hace un mes con la novelista Ángeles Mastretta y alguien terció en la conversación para decirle: “¿Y no harías la fotografía de La carretera, de Cormac McCarthy, si se hace la película?”. “¡Se va a hacer!”, dijo con alborozo el fotógrafo. Y luego juntó las manos, como en una plegaria: “Y ojalá haga yo la fotografía. Sería para mí cumplir un sueño”.

Aguirresarobe acaba de recibir la confirmación: entre todos los que, como él, soñaron con ponerle luz a La carretera él ha sido el escogido; el 2 de enero estará en Los Ángeles y al mes siguiente se pondrá a ver cómo convierte en imágenes ese escenario de devastación que proporciona al cine la última novela de Cormac McCarthy, un escritor poderoso y extraño, de la estirpe de Juan Rulfo o de Juan Carlos Onetti, un hombre que no ha querido saber, por otra parte, de la luminaria de la literatura, como sus compatriotas Salinger y Pynchon.

La película la va a hacer John Hillcoat, un australiano que hasta ahora ha dirigido un único largometraje, The proposition (según un guión de su paisano el cantante Nick Cave); Hillcoat había visto Los otros, de Alejandro Amenábar, en la que la también australiana Nicole Kidman hacía el papel protagonista, y Mar adentro, del propio Amenábar, y algunas de las películas que Aguirresarobe ha hecho con Pedro Almodóvar.

“Se ve que le gustó la luz de Los otros; y luego hemos hablado mucho, de cómo veía él la luz de La carretera, de cómo la veo yo”. Y entre Roger Dickins (un director de fotografía que ahora competirá para los Oscar con su trabajo en la última película de los hermanos Coen, No es país para viejos, sobre un texto de Cormac McCarthy, precisamente) y Aguirresarobe, el fotógrafo de Eibar se llevó el encargo.

A ese escenario de devastación somete Aguirresarobe ahora su larga experiencia. Primero recibió el guión, en aquella reunión de México supo que la novela se había publicado en español, “y me puse a leerla frenéticamente”. Cuando la leyó en imágenes y cuando la leyó en palabras, “me pareció siempre un reto singular, acaso el más duro que puede recibir un director de fotografía”, porque el paisaje que propone la novela es el de la devastación absoluta, “y la devastación absoluta requiere el color del desastre”.

La carretera tiene dos protagonistas, un padre -que encarnará Viggo Mortensen- y un hijo, que cruzan un territorio que ha sufrido un gran desastre; aparentemente están en Estados Unidos y se dirigen hacia la costa, pero el novelista da tan pocas claves como las que existen sobre su propia vida. La rodarán, primero, en el norte de Estados Unidos, en Oregón y Pensilvania, “para acercarnos a los paisajes que propone el novelista”.

Había dos maneras de abordar “el color del desastre”, utilizando la línea digital, que lleva a falsear los fondos, “o creando los escenarios oscuros, dramáticos, en los que se desarrolla la novela, y con toda crudeza optaremos por esta segunda opción”. “Yo soy de la vieja escuela”, dice Aguirresarobe, “aunque haya un sol de muerte buscaré un mundo de grises, de ceniza, quemaremos gasolina, construiremos una nueva realidad hasta que el espectador pueda ver el color del desastre”.

Es lo que quiere Hillcoat, y es lo que él hará; “sobre todo, el director quiere continuidad, coherencia, que del primer al último plano seamos fieles al espíritu de La carretera”. Será una película pequeña, independiente, “íntima”, en la que el espectador “vea que lo que siempre creyó que era de una manera el desastre lo convierte en otra cosa; que el mar que siempre fue azul sea gris, que el desastre se presente como una ficción próxima, la que acaso se dé al fin de este proceso de cambio climático que estamos viviendo”.

Del amor al desastre. En México, Aguirresarobe trabajaba con el director Roberto Sneider en la película Arráncame la vida, basada en la novela de Ángeles Mastretta. Allí le llegó el guión que ahora le meterá en la luz de los desastres.

Y según el suplemento Babelia de EL PAÍS, La carretera es uno de los libros del año:

JAVIER APARICIO MATE 

Pynchon, DeLillo, Roth y Cormac McCarthy: cuatro grandes narradores de la literatura norteamericana contemporánea con universo propio y gigantesco, cuatro jinetes del Apocalipsis, y McCarthy en sentido literal porque sus ficciones, desde Hijo de Dios (1974), afrontan los límites de la condición humana, dibujan infiernos de la vida real y proyectan una sombra trágica de lucha a muerte contra el destino y el mal que en Meridiano de sangre (1985), su obra maestra, alcanza dimensiones insospechadas. Su obra es en verdad apocalíptica, sobrecogedora, épica como la de sus maestros Melville y Faulkner, y la prosa que la sustenta, siempre tensa y afilada como un cuchillo, de frases con ecos bíblicos y gélidos diálogos breves y elípticos como los que concibió Hemingway, avanza como un cielo borrascoso. Está muy lejos el tiempo en que demasiados críticos desidiosos no vieron en su obra sino literatura de género, o bien westerns de segunda generación o bien contribuciones a la mítica narrativa sureña de Flannery O’Connor y otros prosistas góticos. Meridiano de sangre fue la prueba definitiva de que el talento de McCarthy está por encima de consideraciones genéricas, y Todos los hermosos caballos (1992) le entregó en bandeja de plata la fama, la popularidad y el dinero ganado a pulso frase a frase. Ahora, con La carretera (Premio Pulitzer 2007 y nuevo espaldarazo a su candidatura al Nobel), nos entrega otra obra espléndida, de estirpe faulkneriana -vienen a la memoria algunos pasajes del viaje ahogado en emociones, miedos y soledad emocional que emprenden los Bundren en Mientras agonizo- y una reiterada obsesión por los límites emocionales y las condiciones infernales, aquí impuestas por una suerte de holocausto que ha convertido las tierras americanas en un páramo baldío e inhóspito. El viaje de un padre y un hijo supervivientes a un Sur que es símbolo de la infancia y de un paraíso que no fue soñado, entre bandas de malignos y desolación, preguntándose por nuestra animalidad y por el futuro de nuestro mundo, atenazan al lector como pocos textos son capaces de hacerlo. McCarthy plantea una vez más la lucha del hombre solo ante el peligro en un medio hostil que nos recuerda que el hombre no es sino un lobo para el hombre.

27
Dic
07

“La carretera”, de Cormac McCarthy

 

La carretera (The Road) – Cormac McCarthy 

“Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior.”  

Un mundo postapocalíptico que se pudre y se cae a pedazos, víctima de algún desastre indeterminado. Frío, gris, demacrado, destruido, tenebroso, vacío… Poco queda de lo que antes se conocía, y los supervivientes, parece que muy escasos, siguen existiendo a duras penas, teniendo que afrontar una lucha sin cuartel para seguir adelante día tras día. Los recursos naturales ya son historia, y lo único que existe para subsistir son los víveres y los alimentos que, con cuentagotas, perduran.

Un padre y su chico caminan por una carretera arrastrando un carrito de la compra que contiene todas sus pertenencias. Sin tener certeza de casi nada y casi con la soga de la muerte inminente al cuello, avanzan sin descanso.

La humanidad, atenazada por la extrema situación, ha descendido a sus instintos más bajos. Se comen, literalmente, los unos a los otros. Todo sentido ético y moral ha desaparecido y una nueva especie (es un decir) de monstruos desarrapados y nauseabundos campa a sus anchas como en una versión grotesca, salvando todas las distancias, de los salvajes de la trilogía Mad Max

En estas condiciones, nuestros dos protagonistas absolutos, el padre y el hijo, cuyos nombres no sabemos, tendrán que cruzar un auténtico infierno terrenal preñado de miserias de todo tipo. La tenacidad de ambos es admirable al no desistir de su empeño: tienen que vivir, vivir y vivir. Jamás se ha de perder la esperanza aunque uno se encuentre exhausto y a punto de abandonarse a su desdichada suerte.

El autor refleja, de forma muy ilustrativa a base de precisas descripciones, un escenario aterrador en donde el mal habita cualquier rincón con impunidad. El mundo es un cadáver en estado de putrefacción y el ser humano se transforma en un buitre escuálido a la espera de carroña.

Padre e hijo dialogan. Están en primera línea y en soledad. McCarthy consigue caracterizarlos como personajes creíbles y que nos identifiquemos y suframos por ellos; que los acompañemos en su particular vía crucis; que nos emocionen y conmuevan.

La narración no escatima en crueldad ni en crudeza. No valen los paños calientes. Nos acercamos al ocaso de la vida y todo está prácticamente aniquilado. Lo que queda es un desfile de los horrores presentado sin necesidad de regodearse en él, pues la sugerencia o la insinuación es, en cualquier caso, más perturbador que lo explícito.

El autor de Meridiano de sangre, ese titán, recurre a un estilo menos barroco y se dirige más al grano para dar lugar a una obra maestra que, seguro, perdurará en la memoria del lector. Aparte de su uso del lenguaje y la capacidad para transmitir la horrible imagen de las consecuencias del apocalipsis, consigue crear dos seres de carne y hueso que mantienen una relación paterno-filial de sensibilidad fuera de lo común. Ese padre, cuya misión es proteger y tratar de preservar la inocencia de un hijo que ya ha visto demasiada barbarie, eriza la piel.

Duele y sobrecoge su lectura, pero, creedme, resulta… imprescindible.  

PD: No quiero abandonarlos.

· Para saber más: Reseña en EL CULTURAL.

24
Dic
07

No quiero abandonarlos

 

Inquietante y lúcida, la última novela del gran Cormac McCarthy tiene como escenario un terreno baldío, un páramo carbonizado que es lo único que queda de lo que alguna vez fue Norteamérica. Ya no existe más vida sobre la tierra que la humana y los hombres se comen los unos a los otros. Un padre y su hijo recorren este mundo apocalíptico sin saber cuál es su destino. El protagonista recuerda los viejos tiempos, pero no sabe con certeza si esa memoria no es más que un mito, una necesidad de crear una historia fundacional que dé sentido a la desolación que le rodea.

Una demoledora fábula sobre el futuro del ser humano, destinada a convertirse en la obra maestra del autor.

No quiero llegar al final. No quiero que se acabe.

La carretera (The Road), de Cormac McCarthy, es una novela formidable que me resisto a terminar. Esta extraordinaria historia postapocalíptica, protagonizada por dos supervivientes a duras penas (un padre y su hijo), dibuja un mundo absolutamente devastado y desolador que se consume, sin marcha atrás, entre sus propias cenizas. En ese escenario infernal, siempre en la antesala de la muerte, somos testigos de una fascinante relación paterno-filial puesta en perpetuo estado de peligro por la inclemencia extrema del clima, por la escasez de alimentos, por la amenaza de una especie humana que se devora a sí misma…

El niño es una pequeña gota de esperanza, una luz entre la oscuridad. ¿Vale la pena seguir viviendo cuando el camino hacia ninguna parte está sembrado de miserias, atrocidades y brutalidad? ¿Merece la pena existir cuando la humanidad ha descendido a lo más bajo?

No, no quiero terminarla. No quiero dejar de acompañar al padre y al hijo en su devenir cada vez más desesperado. No puedo abandonarlos. Me resisto.

McCarthy plasma con incuestionable maestría el desastre humano y natural. Y erige a sus personajes en seres auténticos y cercanos hasta lo conmovedor en función de sus acciones y reacciones, de sus diálogos, de lo que sienten, de su lucha denodada. Y el desasosiego está servido desde el primer párrafo. Y cada elemento puede ser interpretado como una metáfora.

La carretera. Sacaré fuerzas de flaqueza para llegar al final junto a los supervivientes. Por mucho que duela; por mucho que no quiera.

Un niño que sólo ha conocido las tinieblas.

Un padre protector que se debate en la duda.

Y sólo una bala en el cargador.

Ellos “son Leyenda”, dijo Libertino en su blog.

06
Dic
07

“No es país para viejos”, de Cormac McCarthy

 

SINOPSIS

En las tórridas arenas de la frontera tejano-mexicana, el veterano de Vietnam Llewelyn Moss se topa con una escena macabra: cadáveres acribillados, paquetes de heroína esparcidos y dos millones de dólares. Acosado por un implacable asesino a sueldo, su pesadilla transcurrirá en un territorio opresivo y turbador, poblado por excelentes secundarios que arrastran sus remordimientos y sus secretos bajo el implacable sol fronterizo.
 

Como os comentaba en un post anterior, No es país para viejos, de Cormac McCarthy, es una novela electrizante y descarnada que se desarrolla en territorio fronterizo y se compone de personajes de diversa calaña dentro de su entorno crepuscular: el oportunista que se topa de bruces con algo que no podrá rechazar y que abre el fuego de la persecución, su sufrida y joven mujer, el (super)villano imparable, el antídoto con galones que trata de acabar con el devenir del monstruo, el sheriff nostálgico…

Hay en este libro una sensación de violencia primitiva, desesperanza y fatalidad total: Anton Chigurh, la máquina de matar, es un asesino a sueldo al que es imposible driblar y que parece la mismísima encarnación del Diablo. Nada es más trágico que no poder huir de un destino marcado que te pisa los talones.

Más allá de sus puntos en común con 1280 almas, de Jim Thompson, y Un plan sencillo, de Scott B. Smith, y del pulso y precisión de su autor, tanto en la narrativa directa como en el diálogo corto, para mí lo más destacado de esta vigorosa novela consiste en:

1) Las reflexiones del sheriff y 2) El encuentro y diálogo entre Chigurh y Carla Jean.

Es en tales fragmentos donde uno percibe lo conmovedor, lo emotivo, lo amargo. Por un lado, el sheriff no comprende el presente y reivindica un pasado donde todo parecía mejor; por otro, se expone la tensión trágica, dramática, de una situación extrema que se dirige a lo inevitable.

Y la adaptación al cine llevada a cabo por los Coen, ya estrenada en USA con críticas tremendamente positivas, promete lo indecible. ¿Habrán vuelto los hermanísimos por la puerta grande?

· Para saber más: En el territorio de 1280 almas y Un plan sencillo [+]

06
Nov
07

En el territorio de “1280 almas” y “Un plan sencillo”

 

Impulsado por la grata experiencia de leer algo tan visceral como Meridiano de sangre, recientemente he abordado No es país para viejos, una novela que ha sido emparentada con, ni más ni menos, 1280 almas. Ya leído aproximadamente un tercio del libro de Cormac McCarthy, está claro que la referencia a la obra maestra de Jim Thompson, capitaneada por un estilo directo y cortante y un entorno sórdido y preñado de almas corruptas, es acertada.

Además, mientras leo los avatares de Moss, ese hombre que escapa tras apoderarse de un botín millonario manchado por el crimen, perseguido por polis y asesinos (incluyendo a un tipo aterrador, Chigurgh), no puedo evitar que me venga a la cabeza otra magnífica obra, Un plan sencillo, de Scott B. Smith, que narra las consecuencias trágicas de la avaricia humana cuando el dinero dirige los designios de los personajes. 

Directa al grano y electrizante, la narración describe la acción con detalle y absorbe el diálogo en un todo que, lejos de confundir, constituye una interesante manera de presentar la historia como una trama que fluye sin cesar.

Que los hermanos Coen la hayan adaptado al cine con una positiva acogida en el festival de Cannes es otro motivo más para acercarse a una lectura que, de momento, es de impresión. 

¡Menudo es McCarthy!

29
Oct
07

“Meridiano de sangre”, de Cormac McCarthy

 

Escribir sobre una obra de la entidad de Meridiano de sangre no es precisamente fácil. La abrumadora narración de McCarthy, prolija en densas descripciones de la perturbadora atmósfera que envuelve este descenso a los infiernos fronterizos, hace surgir emociones difíciles de reproducir. La novela pertenece al privilegiado grupo de obras mayúsculas que, más que hablar sobre ellas, se distinguen por ser experimentadas por cada lector de una manera muy particular. Hay que leerla, sí, para hacerse una idea de lo que puede uno encontrarse en sus páginas.

El asfixiante recorrido que propone el escritor por un mundo desolador hasta lo imposible y habitado por personajes reducidos a los instintos primarios (animales y, en definitiva, humanos) no es un ejercicio efectista, vacuo ni gratuito. Mediante un estilo recargado y rico que podría indigestarse, preñado de largas frases significadas por el preciosismo y una grandilocuencia épica y barroca, nos transporta a un infierno metafórico que encierra almas pecadoras en permanente enfrentamiento. La violencia y la podredumbre física y moral, siempre presentes en la narración, definen el contenido salvaje de este retrato apocalíptico de las miserias humanas y de la hostilidad de la naturaleza, aquí presentada como un paisaje enfermizo.

El Grupo Salvaje de cadáveres ultraviolentos y descarnados, vestidos con extravagantes harapos y armados, dirigidos a la caza de los indios, se advierte como un pseudo-ejército de renegados. Como una plaga bíblica que aniquila todo a su paso, Glanton y los suyos son los hijos de un tiempo y un lugar aterradores.    

Es de valorar el hecho de que McCarthy sea capaz de sumergir al lector en un universo nauseabundo, y que extraiga del durísimo dibujo que propone un efecto fascinante. Hay algo conmovedor en el viaje del chaval que, atrapado en una rueda de tragedias sin fin (desde el mismo comienzo -brutal- de la novela), sobrevive a duras penas, en el mismo ojo del huracán y bajo la mirada del juez Holden, ese personaje enigmático que parece controlarlo todo desde una posición sobrenatural e inmisericorde. Ese gurú enorme, albino, sin pelo, ilustrado, omnipotente, bailarín, despiadado y bélico encarna a una presencia que domina el relato desde las alturas como un demiurgo que maneja los hilos y conoce e impulsa el inevitable destino autodestructivo de los hombres.

Los personajes, en los que no se profundiza, aparecen como meros títeres que jamás podrán escapar de la fatalidad. Lo que más importa es el escenario, el campo de acción, como pozo de perdición. No hay salida posible. 

Bailemos.

02
Oct
07

De viaje por el infierno

 

Regreso a mi desatendidísimo blog (¡disculpas, disculpas!) para hacer una referencia necesaria a una novela de excepción, de esas que sacuden a base de bien y perduran en la memoria. 

A punto de llegar al ecuador de Meridiano de sangre, la prestigiosa novela de Cormac McCarthy (al que no había leído antes -¡pecado mortal!- ), puedo decir sin temor a equivocarme que se trata de una de las lecturas más fascinantes, opresivas e impactantes que he tenido la oportunidad de catar.

McCarthy nos introduce en un hipnótico viaje que recorre unas tierras tan sórdidas que bien podrían equipararse al propio infierno. Tanto la perturbadora descripción de la atmósfera, del entorno, como la despiadada narración de las acciones de unos personajes extremos, casi deshumanizados (¿o no?), se ubican en el lado más oscuro de la existencia humana. Es allí donde la muerte domina, allí donde el mal prevalece, allí donde los instintos más primarios han tomado el protagonismo, allí donde el exterminio nos conduce a un apocalipsis, allí donde la podredumbre y el caos se han desarrollado hasta el último confín, hundiéndolo todo en un abismo sin fondo en el que la supervivencia es una quimera…

El autor asfixia al lector no sólo mediante la sordidez del contenido, sino también a través de un estilo denso a la par que épico e incluso lírico. Muchos párrafos se leen conteniendo la respiración y la misma construcción de las frases conducen a que uno acabe exhausto tratando de asimilar tanto la energía de la narración como la impresionante riqueza literaria. 

Hay, además, un toque sobrenatural (y terrorífico) generalizado que destaca, sobre todo, en la figura del Juez Holden, un misterioso personaje que lidera el avance de un salvaje grupo paramilitar en el objetivo de aniquilar a los indios. La misma definición de este gurú y el tratamiento tan negro de este universo retorcido conllevan que, durante la lectura, nos sintamos rodeados por algo tan desquiciado y desquiciante que, vaya que sí, asusta de veras.

Sigo leyendo…  

PD: Y próximamente caerán No es país para viejos y la alabadísima La carretera. Creo, amigos, que la fiebre McCarthyana se me ha contagiado por fin.

28
Ene
07

Leyendo… “El Ansia” – Whitley Strieber

 

¿Recordáis la muy esteticista y vaporosa  El Ansia (The Hunger, 1983), dirigida por un Tony Scott en pleno éxtasis ochentero e interpretada por Catherine Deneuve, Susan Sarandon [célebre la escenita lésbica entre ambas] y David Bowie?

Pues la película de marras, encuadrada en el género vampírico y distinguida por su visión erótica, decadente y enferma del mito, adaptaba una novela, de Whitley Strieber, que había recibido una positiva acogida. Y no me digáis que la angustia existencial, la soledad y la búsqueda de la eterna juventud que se plasmaban en la cinta no os parecieron temas atractivos como para seguir indagando en el original literario…

¿Cómo podía, entonces, resistirme a leer el libro?

Ya os comentaré qué tal ha ido cuando acabe. Por el momento, aquí tenéis un fragmento:

Intentando calmarse cerró los ojos y se obligó a sí mismo a pensar de forma racional. Al fin y al cabo, era un cambio mínimo. Sí… pero no podía Dormir. ¡No podía Dormir! Miriam siempre le había dicho que todo dependía de aquel Sueño absolutamente profundo y absolutamente perfecto. No importaba si soñabas o no. No era como el sueño de las personas normales, que solo limpia los cimientos de la mente, sino que era un sueño renovador y milagroso que aportaba juventud. Cuando despertabas, tu vida empezaba de nuevo. Te sentías absoluta y completamente perfecto… ¡Y lo eras!

¿Qué le estaba pasando? Miriam le había asegurado que esto duraría eternamente. Por siempre jamás.

Observó a su compañera, que yacía completamente inmóvil, con el rostro enmarcado por la esponjosa almohada. Lo único que indicaba que estaba viva era el ligero movimiento de la respiración. Nada podía despertarla. La belleza y la paz de aquella imagen le fascinaba. El Sueño era tan dulce… Sin embargo, también era un estado de absoluta vulnerabilidad. John era incapaz de recordar ningún momento en que Miriam hubiera permanecido así mientras él estaba despierto.

Editada por La Factoría de Ideas.

25
Ene
07

“El Prestigio” [Novela]

Fragmento de la novela: 

El prestidigitador y el público han entrado en lo que yo llamo el “Pacto de hechicería consentida”. No está explícito como tal, y de hecho el público es apenas consciente de que pueda existir tal pacto, pero es lo que sucede.
La persona que realiza el truco no es por supuesto un hechicero, sino un actor que interpreta a un hechicero y que desea que la audiencia crea, aunque sólo temporalmente, que él está en contacto con poderes siniestros. El público sabe que lo que está viendo no es realmente hechicería, pero reprime el conocimiento y accede al deseo del hechicero. Cuanto mayor es la habilidad de éste de mantener la ilusión, mejor le juzga el público.

¿Puede una novela resultar interesante aunque previamente se haya visto la película que la adapta? En el caso de El Prestigio, del británico Christopher Priest, la respuesta es sí. Y es que, una vez leída, uno se da cuenta de la labor de los hermanos Nolan, que toman lo que les conviene de la misma para realizar la necesaria síntesis requerida por el cine. Eliminan personajes y subtramas secundarias, incluyen variaciones y añaden elementos propios para centrarse en lo fundamental: la historia de la enfermiza obsesión de los magos Alfred Borden y Rupert Angier, enemigos acérrimos que se reflejan mutuamente en un juego de espejos, y los mecanismos del engaño y el artificio a través de la figura del ilusionista, que bien podría ser el director o el escritor.

Priest hace uso de los diarios de ambos magos para contraponer sus puntos de vista y contar el relato (ambientado a finales del siglo XIX y principios del XX) según los intereses de los autores, desde dos ópticas que se complementan y enriquecen la percepción del lector. También, nos ofrece la perspectiva actual de sus descendientes, que tratan de resolver un misterio de siniestras resonancias y que, de algún modo, han heredado. Así, nos sitúa en diferentes prismas para que poco a poco vayamos descubriendo los motivos de tal rivalidad, los ataques y sabotajes que se brindan entre ellos, las víctimas que dejan a su paso, el ansia por descubrir los secretos ajenos y los paranoicos extremos que alcanzan en su escalada hacia la fatalidad. Como en un truco de magia, el autor se las ingenia para mostrarnos las claves del asunto y, al mismo tiempo, ocultarlas, de forma que, reveladas las incógnitas, nos cercioremos de su habilidad para sorprendernos y hacernos emprender un nuevo camino hacia lo incomprensible.

Si se ha visto antes la película, es indudable que algunos secretos ya nos serán conocidos y, por ello, a lo largo de la lectura el factor sorpresa disminuirá, pero que no cunda el pánico: aún quedan intactos otros aspectos muy interesantes que los Nolan, en función de su criterio, han decidido obviar en su traslación cinematográfica. En ese sentido, la magnífica parte final, tensa y desasosegante, nos guarda algunas emociones fuertes y un par de giros que suponen un admirable encaje de bolillos. Porque, además, a ese clímax se llega pisando el acelerador a fondo y sin frenos, puesto que Priest, a partir de cierto suceso trágico, nos introduce en una pesadilla donde la ciencia y la fantasía aterradora se funden en un todo, aprovechando la inquietante investigación del inventor Nikola Tesla y remitiendo, en muchas vertientes, a H.G. Wells y Mary Shelley.

Muy recomendable. 

· Entradas relacionadas: Y ahora… a por la novela, maldita sea  y The Prestige (El Truco Final) [+]

16
Ene
07

Y ahora… a por la novela, maldita sea

¡Tengo que saber más!

Dado que la historia de nuestros amigos los magos me ha encandilado en la pantalla grande, hoy mismo me he comprado (en reedición -de bolsillo- de Minotauro y por 8.95 €  en  el Carrefour) El Prestigio, la novela de Christopher Priest [imagen de arriba] en la que se han basado los hermanos Nolan  para su magnífica película.

Texto de la contraportada:

En el Londres de principios del siglo XX, dos magos rivales compiten sin escrúpulos por intentar ser el mejor de su época. Movidos por su afán de liderazgo, se verán envueltos en una lucha que llevará su magia mucho más allá del escenario y convertirá sus trucos y su genialidad en un arma verdaderamente letal…

“Lo que hace que El Prestigio sea un relato conmovedor y apasionante son los remordimientos que ambos magos experimentan a medida que su contienda alcanza un ímpetu imparable. Una novela muy inquietante.” – The Sunday Times

¡Ya os contaré!  

· Para saber más: Reseñas en El rincón de NachoBibliópolis, Literatura en los talones, C, el hijo de Cyberdark y entrevista al escritor británico en Cyberdark.




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El título del presente weblog, "Videodrome", está extraído de la película del mismo nombre, dirigida por David Cronenberg en 1983. Haber usado este título es una muestra de admiración y homenaje hacia una obra capital y trascendente en su género. Y de igual modo, el nick del autor de este weblog, Max Renn, supone un tributo al personaje protagonista.

¿Qué es Videodrome?

"The battle for the mind of North America will be fought in the video arena: the Videodrome. The television screen is the retina of the mind's eye. Therefore, the television screen is part of the physical structure of the brain. Therefore, whatever appears on the television screen emerges as raw experience for those who watch it. Therefore, television is reality, and reality is less than television" (Videodrome, 1983)