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“La duda (Doubt)” [Colaboración en Pasadizo]

En Pasadizo.com, mi reseña de La duda: CLICK! 

Estamos en 1964 y el lugar es el colegio católico de St. Nicholas, en el Bronx. Allí se produce un escándalo en ciernes, puesto que la hermana Aloysius inicia una firme cruzada al sospechar que el padre Flynn ha podido llevar a cabo actos intolerables con un alumno. No existen pruebas, sólo algún vago indicio. Sobre la mesa se plantean diversos y numerosos temas: el rumor, la sospecha, la verdad, la comprensión, la integración, la familia disfuncional, el abuso, la duda, el pecado, la fe…

Ficha Técnica

Dirección: John Patrick Shanley / Productores: Mark Roybal, Scott Rudin / Guión: John Patrick Shanley, adaptando su propia obra teatral / Fotografía: Roger Deakins / Música: Howard Shore / Montaje: Dane Collier, Ricardo González, Dylan Tichenor / Dirección artística: Peter Rogness / Intérpretes: Meryl Streep (hermana Aloysius Beauvier), Philip Seymour Hoffman (padre Brendan Flynn), Amy Adams (hermana James), Viola Davis (señora Miller), Alice Drummond (hermana Verónica), Mike Roukis (William London), Joseph Foster (Donald Miller)… / Nacionalidad y año: Estados Unidos 2008 / Duración y datos técnicos: 104 min. color. 1.78:1.

Comentario

Adaptando al cine su propia y exitosa obra teatral, John Patrick Shanley, cuya única experiencia cinematográfica anterior como realizador se circunscribe a la cómica y aventurera Joe contra el volcán (Joe Versus the Volcano, 1990), ofrece una valiosísima rara avis en la cartelera actual y reciente al recurrir, de manera modélica, a la sutileza, la sugerencia y la ambigüedad como pilares básicos de un relato de múltiples lecturas y reflexiones y dotado de una fuerza irresistible. Nada es explícito, todo está en el aire, como corresponde al origen de la sospecha y la duda sobre hechos no probados, es decir, cuando no existe una certeza absoluta. Obtener la verdad, si es que ello es posible, dependerá de los personajes y, por ende, de nosotros, si bien la complejidad del particular desafía cualquier intento de veredicto.

Uno de los más grandes méritos de la propuesta consiste en haber concebido todos sus elementos en consonancia con lo que se pretende transmitir. Así, se despliega un riquísimo abanico de pequeños detalles, gestos, silencios, miradas, luces o sombras con el objetivo de sugerir, aunque sea subliminalmente, simbolizar y promover la interpretación del espectador, quien es puesto a prueba ante lo que sucede en la pantalla. Shanley nos hace partícipes, nos involucra en este retazo de la conducta humana ilustrado desde una aparente sencillez. Y nos sitúa, no en vano, en la posición no de un observador pasivo y acomodado, sino en el dilema de tomar partido frente a la escandalosa problemática, de decantarnos de un modo u otro, de cuestionarnos la información recibida. Somos testigos, entonces, de las pesquisas detectivescas de la muy estricta hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep), en cuyo interior se instala la indoblegable convicción de que el padre Brendan Flynn (Philip Seymour Hoffman) ha cometido un acto intolerable y pecaminoso. Su cruzada es imparable.

Decíamos, por lo tanto, que cada aspecto de la película, y nada es gratuito, está medido al milímetro y puesto al servicio de la causa en virtud de un guión de oro. Desde los discursos, plenos de significado, del padre Flynn ante sus feligreses hasta los nada casuales fenómenos atmosféricos, enlazados con una posible reacción/señal divina, o la decisión de ambientar la historia en un colegio católico en el año 1964, tras los sentimientos de incertidumbre y desprotección que causó el asesinato del presidente Kennedy, es imposible encontrar algo que resulte baladí. Todo contribuye a potenciar el fondo de la cuestión: la sospecha o rumor que se convierte en “verdad” sin suficiente base para ello y las consiguientes dudas que desmoronan lo que creemos cierto y nos corroen, incluso en términos de fe católica. Y en este punto, resulta interesante citar al director y guionista, John Patrick Shanley, que resume muy bien sus intenciones cuando él mismo afirma lo siguiente: “Me resultaba, dramáticamente (puede que incluso metafísicamente), interesante contraponer los dogmas de fe con la poderosa sombra de la duda. Vivimos en una sociedad en la que se dan por cierto casi todo tipo de rumores, y esas cosas que decimos, esas acusaciones, pueden acabar siendo verdades. En el film, como en la pieza teatral, esa sombra, esa duda, se desliza sigilosamente, terriblemente. Duda para bien o para mal. Una duda que crea el conflicto íntimo de los personajes.”

La presente es una película tan poderosa que ni siquiera su carácter teatral, que la ciñe a escenarios limitados y a una realización elegantísima pero sobria y contenida, sin aspavientos ni alharacas, atenúa su energía interna. Más allá de la riqueza que antes hemos expuesto acerca del conjunto, es de justicia remarcar especialmente el engranaje de los aspectos técnicos (fotografía, diseño de producción, dirección artística, vestuario…) y, sobre todo, la intensidad de un duelo enorme, de rompe y rasga, que contrapone el gesto serio y el compromiso con una reglas clásicas de Aloysius con la modernidad y la mentalidad abierta de Flynn. Lo viejo y lo nuevo. Un choque cuyo antecedente se encuentra ya en el contraste, sensacional, entre la escena que plasma la silenciosa y muy formal cena de las hermanas y la que retrata, por otro lado, el alborotado y lujurioso banquete de los sacerdotes.

Los extraordinarios enfrentamientos verbales entre ambos resultan vibrantes, afilados, hasta coléricos. Y si exquisitos se consideran los diálogos, no lo son menos los intérpretes, en absoluto estado de gracia y brillando en cada instante. Porque lo cierto es que se aventura muy difícil destacar a unos por encima de otros: en realidad, Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman encabezan el cartel y ofrecen un delicioso recital aprovechando sus maravillosos y tan bien definidos personajes, pero no hemos de olvidar el pletórico nivel que también alcanzan Amy Adams, en el papel de la novicia que enciende la mecha, y Viola Davis, asumiendo el rol de la madre del niño y protagonizando una escena memorable en la que expone sus argumentos desarmantes ante el estupor de la hermana Aloysius.

En la producción cinematográfica reciente pocas veces hemos visto un mecanismo de relojería tal en el que cada pieza encaje y funcione a la perfección. Y menos veces aún hemos tenido la ocasión de enfrentarnos con una película que nos cuestione y/o desafíe intelectual, moral y emocionalmente.

Anécdotas

* En la obra de teatro de John Patrick Shanley exhibida en Broadway, el reparto estaba compuesto, en sus papeles principales, por Cherry Jones (hermana Aloysius), Brian F. O’Byrne (padre Flynn), Heather Goldenhersh (hermana James) y Adriane Lenox (señora Miller). *La obra ha sido galardonada con los premios Tony y Pulitzer.

Por Manel Lledó Bertomeu (Altea, Alicante. España)


2 Respuestas a ““La duda (Doubt)” [Colaboración en Pasadizo]”


  1. 1 Mike
    Marzo 3, 2009 a las 7:41 pm

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  2. 2 Ana
    Octubre 25, 2009 a las 3:54 am

    Seguramente tengas razón, pero a mi me resultó, obvia, aburrida y una pérdida de tiempo. Eso sí, no tengo los conocimientos necesarios para criticar una producción cinematográfica. ;)


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El título del presente weblog, "Videodrome", está extraído de la película del mismo nombre, dirigida por David Cronenberg en 1983. Haber usado este título es una muestra de admiración y homenaje hacia una obra capital y trascendente en su género. Y de igual modo, el nick del autor de este weblog, Max Renn, supone un tributo al personaje protagonista.

¿Qué es Videodrome?

"The battle for the mind of North America will be fought in the video arena: the Videodrome. The television screen is the retina of the mind's eye. Therefore, the television screen is part of the physical structure of the brain. Therefore, whatever appears on the television screen emerges as raw experience for those who watch it. Therefore, television is reality, and reality is less than television" (Videodrome, 1983)